Gobernanza: el mecanismo que convierte el SEW en valor económico
Por: Carlos Aguirre. Profesor de Finanzas de ESAN Graduate School of Business.
Una de las grandes paradojas de la empresa familiar es que su principal fortaleza emocional puede convertirse en su mayor debilidad económica si no se gestiona con equilibrio. El Socioemotional Wealth (SEW), por sí solo, no crea valor. Necesita un mecanismo de traducción y control. Ese mecanismo es la gobernanza.
La gobernanza cumple una función clave: canaliza las emociones familiares hacia decisiones económicamente racionales. Sin gobernanza, el SEW se expresa de manera directa e informal: intervención constante, decisiones personalistas, resistencia al cambio, dificultad para delegar y conflictos familiares trasladados a la operación diaria. Con gobernanza, el SEW se institucionaliza: reglas claras, órganos que funcionan, procesos de decisión predecibles y límites entre los distintos roles que conviven dentro de la empresa familiar.
Cuando la gobernanza es débil, el SEW opera sin filtros. Los socios deciden desde la emoción del momento. Se protege el control inmediato, aunque eso reduzca valor futuro. La empresa empieza a girar alrededor de las sensibilidades familiares y no alrededor de criterios estratégicos y racionales. Cuando la gobernanza es sólida, el SEW no desaparece, pero deja de gobernar directamente. Se convierte en un marco rector, no en un criterio operativo.
Las empresas familiares que logran esta conversión suelen compartir ciertas características. Primero, distinguen claramente entre propiedad, gobierno y gestión. Segundo, utilizan el directorio como espacio real de gobierno, no como extensión del comedor familiar. Tercero, ejercen control a través de información, métricas y rendición de cuentas, no mediante intervención directa. Y cuarto, aceptan que gobernar implica tomar decisiones incómodas, incluso frente a miembros de la propia familia. Aquí aparecen dos instituciones fundamentales: el directorio y el consejo de familia. Ambos cumplen funciones distintas, pero complementarias. Juntos permiten que el SEW deje de operar de manera informal y emocional para convertirse en una ventaja competitiva sostenible.
El directorio tiene como función proteger la sostenibilidad de la empresa. Su lógica es empresarial: estrategia, asignación de capital, gestión de riesgos, creación de valor social y medioambiental de manera racional (“sostenibilidad racional”), evaluación del CEO, sucesión, desempeño financiero y creación de valor. El directorio existe para pensar en la continuidad de la empresa más allá de las personas y más allá de la generación actual.
Por eso, las empresas familiares más sofisticadas entienden que el directorio no puede convertirse en una reunión emocional de accionistas. Debe operar con información, análisis, indicadores y criterios objetivos. Cuando el directorio funciona correctamente, introduce racionalidad económica en decisiones que podrían terminar capturadas por vínculos afectivos o presiones familiares.
El rol de los directores independientes adquiere entonces enorme relevancia. No porque “reemplacen” a la familia, sino porque ayudan a profesionalizar la discusión. Un director independiente puede hacer preguntas que la familia evita, exigir información que nadie se atrevía a pedir o cuestionar decisiones que históricamente se tomaban por costumbre y no por lógica económica. Asimismo, aporta mejores prácticas y experiencias de otras empresas y sectores. En muchas empresas familiares, la presencia de un directorio sólido es precisamente lo que permite que la familia conserve el control sin destruir valor en el camino.
El consejo de familia cumple una función distinta. Su objetivo no es gobernar la empresa, sino gobernar la relación de la familia con la empresa. Es el espacio donde se procesan expectativas, conflictos, visión compartida, sucesión generacional, incorporación de familiares, educación de futuros accionistas y preservación del legado. Asimismo, promueve la socialización, aplicación y actualización del protocolo familiar.
En términos prácticos, el consejo de familia funciona como un “contenedor institucional” del SEW. Permite que las emociones familiares tengan un espacio legítimo de expresión sin invadir permanentemente el directorio ni la gestión operativa. Cuando este órgano no existe, los conflictos familiares suelen trasladarse directamente a la empresa; sin este mecanismo o institución, la relación y comunicación de cada uno de los accionistas familiares con el directorio o los gerentes se vuelve directa, desordenada, informal y muchas veces caótica. Entonces, el directorio deja de discutir estrategia para discutir relaciones personales. La gerencia deja de ejecutar para empezar a arbitrar tensiones familiares.
La diferencia entre ambos órganos es fundamental. El directorio debe preguntarse: “¿qué decisión genera más valor sostenible para la empresa?”. El consejo de familia debe preguntarse: “¿cómo preservamos la cohesión familiar y el propósito compartido alrededor del negocio?”. Confundir ambos espacios es uno de los errores más frecuentes en las empresas familiares latinoamericanas.
Paradójicamente, cuanto mejor funciona el consejo de familia, menos presión emocional recibe el directorio. Y cuanto más profesional es el directorio, mayor tranquilidad tiene la familia para preservar su legado sin necesidad de intervenir directamente en la operación diaria. Desde el punto de vista económico, el impacto de esta institucionalización es enorme. La percepción de riesgo disminuye, los conflictos familiares se gestionan mejor, el costo de capital se reduce, el talento externo se compromete con mayor facilidad y la empresa se vuelve más escalable. El mercado, aunque no siempre lo diga explícitamente, valora aquellas empresas donde el SEW está contenido por instituciones y no desbordado por personas.
Esto resulta especialmente importante en momentos de crecimiento, crisis o sucesión. Muchas empresas familiares funcionan razonablemente bien mientras el fundador mantiene control absoluto. El problema aparece cuando la empresa crece, las generaciones se multiplican y la complejidad aumenta. Ahí, el modelo informal deja de ser suficiente. Lo que antes se resolvía con autoridad personal empieza a requerir reglas, procesos y órganos de gobierno. En ese contexto, la gobernanza no elimina el alma familiar del negocio. La protege. Pero lo hace de una manera moderna: construyendo instituciones capaces de sostener la continuidad incluso cuando las personas cambian.
Las empresas familiares más maduras entienden que proteger el legado no significa controlar cada decisión. Significa construir mecanismos para que las buenas decisiones sigan ocurriendo aun cuando la generación actual ya no esté presente. En el fondo, las empresas familiares que sobreviven generaciones no son aquellas donde la familia controla más, sino aquellas donde la familia aprende a gobernar mejor. El directorio protege la racionalidad económica. El consejo de familia protege la racionalidad emocional. Y la verdadera gobernanza aparece cuando ambas dimensiones logran convivir sin destruirse mutuamente.
Porque el problema nunca fue el SEW. El problema aparece cuando el SEW se gestiona sin el debido equilibrio con respecto a los objetivos económicos y reemplaza a las instituciones, en lugar de expresarse a través de ellas.

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