
Cuando alguien nos pregunta “¿Cómo estás?” o “¿Cómo va el trabajo?”, muchas personas sienten que deben responder y devolver exactamente la misma pregunta. Esta costumbre parece una señal de educación y reciprocidad, pero una experta de Harvard sugiere que repetir automáticamente la pregunta puede no ser la mejor estrategia para generar una buena conexión.
Alison Wood Brooks, profesora asociada de Administración de Empresas de Harvard y autora del libro Talk: The Science of Conversation and the Art of Being Ourselves, estudió junto con su equipo diferentes formas de hacer preguntas durante una conversación. Su análisis de 398 conversaciones identificó cuatro tipos principales: preguntas introductorias, preguntas espejo, preguntas para cambiar de tema y preguntas de seguimiento.
Las preguntas espejo son aquellas que simplemente devuelven lo que acabamos de escuchar. Por ejemplo, si alguien pregunta “¿Cómo está tu trabajo?”, responder y preguntar inmediatamente “¿Y cómo está el tuyo?” puede parecer una respuesta correcta, pero también puede transmitir que estamos siguiendo una fórmula de cortesía en lugar de mostrar verdadera curiosidad.
¿Por qué las preguntas espejo pueden no ayudar?
Brooks explica que este tipo de preguntas puede sonar rutinario porque muchas veces surge de las normas sociales de una conversación. “Al igual que las preguntas introductorias, tienden a estar dictadas por las normas de la conversación. Tú me preguntaste algo, así que siento que debería preguntártelo a cambio”, escribió la especialista.
La investigadora añade que estas preguntas no necesariamente reflejan interés o preocupación auténticos. Por eso, recomienda no extender demasiado la respuesta cuando se utiliza este recurso y buscar una manera diferente de continuar el diálogo en lugar de repetir exactamente lo que la otra persona acaba de preguntar.
Una alternativa consiste en responder primero y después introducir un tema relacionado, pero diferente. Por ejemplo, si alguien pregunta “¿Cómo va el trabajo?”, puedes contestar brevemente y luego llevar la conversación hacia otro asunto: “Ha sido un poco estresante últimamente, gracias por preguntar. ¿Escuchaste lo que pasó anoche en Main Street?”.
De esta manera, el diálogo puede avanzar sin convertirse en una cadena de preguntas repetidas.

Las preguntas de seguimiento son la clave
El consejo más importante de la investigación aparece cuando la otra persona comienza a contar algo. En ese momento, hacer preguntas de seguimiento puede ayudar a generar una mayor conexión. Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology encontró una relación consistente entre hacer preguntas y caer mejor a los demás, especialmente cuando se trata de preguntas que profundizan en lo que la otra persona acaba de decir.
La conversación podría continuar así: si alguien cuenta que su suegro, un expolicía, conoció detalles sobre un robo, en lugar de cambiar de tema puedes preguntar: “¿Qué descubrió?”.
Si después responde que los ladrones fueron detenidos mientras conducían por una ciudad cercana, una segunda pregunta podría ser: “Es increíble. ¿Cuándo se retiró tu suegro de las fuerzas del orden?”. El objetivo es demostrar que realmente estás escuchando.
Brooks y su equipo concluyeron que, después de iniciar una conversación, las personas no necesariamente buscan que su interlocutor sea simplemente educado. Lo que puede generar una mejor impresión es percibir que existe un interés auténtico por lo que están diciendo.

En ese sentido, “identificamos una relación sólida y consistente entre hacer preguntas y agradar; las personas que hacen más preguntas, especialmente preguntas de seguimiento, son mejor valoradas por sus interlocutores”, señalan los autores del estudio.
La idea cambia una creencia bastante común sobre cómo caer bien durante una charla. Muchas personas creen que para resultar agradables deben contar historias interesantes, hablar mucho o demostrar cuánto saben.
Sin embargo, estas investigaciones apuntan en otra dirección: una de las formas más efectivas de conectar con alguien es mostrar interés por esa persona y profundizar en aquello que acaba de compartir.






