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The Economist: Cómo los países en desarrollo tejen redes de seguridad social para combatir la pobreza

Más personas sumidas en la pobreza son rescatadas antes de que lleguen al nivel extremo. Vea el papel de los diversos programas de asistencia social en el mundo.

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Según el BM, los países en desarrollo gastan un promedio del 1.5% de su PBI en redes de seguridad social. (Foto: Reuters)

Los comedores comunitarios sirven a los necesitados de forma gratuita; los restaurantes sirven a los hambrientos por dinero. En algunas zonas del sur de Asia, los restaurantes cerca de las mezquitas a veces entran en una tercera categoría.

Estos alimentan a los pobres que se sientan pacientemente afuera de sus locales, siempre y cuando un transeúnte piadoso o caritativo les pague para hacerlo. Este tipo de limosna proporciona una tradicional protección social para indigentes en países en desarrollo. Pero, afortunadamente, no es la única.

Según un nuevo informe del Banco Mundial, los países en desarrollo gastan un promedio del 1.5% de su PBI en redes de seguridad social diseñadas para evitar que la gente baje al mínimo de pobreza (los países ricos en la OCDE gastan en promedio 2.7%).

Entre estas redes se encuentran los planes de empleo, pensiones, comidas escolares gratuitas y dádivas en efectivo, a veces condicionadas a que los beneficiarios envíen a sus hijos a la escuela, los vacunen y cosas por el estilo.

Este gasto ha reducido el número de personas que viven en la pobreza extrema (percibir menos de US$ 1.90 por día) en un 36% en promedio en los países examinados por el Banco Mundial.

Los restaurantes cerca de las mezquitas en el sur de Asia servirán a cualquiera que esté dispuesto a esperar a un benefactor. Otros programas hacen un mayor esfuerzo por filtrar casos no merecedores de tal ayuda. Los programas de obras públicas, por ejemplo, proporcionan dinero solo a aquellos dispuestos a realizar trabajos forzados, como cavar zanjas o plantar árboles.

En principio, estos proyectos solo deberían atraer a los más necesitados. En la práctica, no siempre funcionan de esa manera. En todos los países estudiados por el Banco Mundial, a los programas de obras públicas no le va mejor excluyendo al 40% de la población más acomodada que otras formas de protección social, como las donaciones en efectivo condicionadas.

Las redes de seguridad social juegan un papel más importante en algunos lugares que en otros. En Sudán del Sur, dos esquemas financiados por donantes y administrados por el Programa Mundial de Alimentos cuestan el equivalente al 10% del mísero PBI del nuevo país.

Las pensiones de Timor Oriental, pagadas a los veteranos de la resistencia a la ocupación de Indonesia, ascienden al 6.5% del PBI. Entre las economías emergentes más grandes, los países de América Latina son notablemente más generosos que los asiáticos. México, por ejemplo, gasta el 1.7% del PBI en redes de seguridad. La cuota en China, que se encuentra en una etapa similar de desarrollo, llega solo a la mitad.

Las regiones también difieren en su estilo preferido de red de seguridad. Las transferencias monetarias condicionadas son populares en América Latina; mientras que en el sur de Asia lo usual son los programas de obras públicas. Asia oriental tiende a favorecer las pensiones no contributivas.

Una razón de la relativa tacañería de Asia puede ser la persistente creencia de que las redes de seguridad erosionan la ética laboral de las personas y fomentan la dependencia. Un ex funcionario singapurense alguna vez habló con desdén de una "economía de muletas", en la que a los ricos se les aplicaba grandes impuestos para ayudar a los pobres.

Pero incluso en Asia, las redes de seguridad se están extendiendo. Con la ayuda de donantes (incluido el Banco Mundial), Indonesia amplió su plan de transferencia de efectivo de "esperanzas familiares" del 2% de la población en el 2012 al 9% en el 2016. Filipinas (también con ayuda externa) amplió su esquema de 4% de la población en el 2009 al 20% en el 2015.

¿Esta nueva generosidad creará "economías de muletas"? Todo lo contrario. El Banco Mundial cita un ensayo aleatorizado de esquemas de transferencia de efectivo en seis países, incluidos México, Indonesia y Filipinas, que no encontraron evidencia de que los beneficiarios trabajaran menos.

Las redes de seguridad también pueden salvar a los hogares de medidas desesperadas, como vender activos a precios desorbitados o sacar a los niños de la escuela para que puedan trabajar.

Tales respuestas a las necesidades inmediatas pueden dañar los prospectos a largo plazo de un hogar. Las redes de seguridad que Asia está tejiendo podrían incluso evitar que algunas personas esperen por lánguidos y largos periodos frente a una mezquita, esperando alimentarse de la piedad de extraños.

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