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Y el gato... ¿qué culpa tiene?

Una superstición es una creencia que no tiene sustento objetivo ni científico, pero que, sin embargo, condiciona la conducta de la persona que cree en ella.

Hace unos días escuché en un programa de radio una conversación que giraba en torno a las supersticiones. Particularmente, en relación a aquella que afirma que uno debe evitar que se le cruce un gato negro en la calle. Siendo el centro de la conversación la conducta de las personas al evitar o esquivar al gato, surgió una pregunta que, de manera hasta ingenua, sirvió para matizar, desde un punto de vista jocoso, la materia en debate. El entrevistador preguntó ¿y qué culpa tiene el gato de las manías de la gente?

En una conferencia internacional llevada a cabo recientemente en la Cámara de Comercio de Lima se tocó como tema central la necesidad de generar en el Perú un modelo de zonas económicas especiales (zonas francas), que recoja la experiencia internacional pero acondicionada a nuestra realidad y necesidades. Dicha experiencia internacional hizo reflexionar al auditorio sobre la razón por la cual en otros países las zonas francas constituyen sinónimo de éxito mientras que en el Perú, históricamente, ello no había ocurrido.

La razón principal, según se pudo entrever, es que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) nunca ha mirado con simpatía la creación de zonas francas o el reforzamiento de las existentes, al considerarlas como un “forado fiscal” que no hace más que beneficiar a unos pocos en desmedro de las arcas fiscales, siendo que, además, el controlar dichas áreas resultaría muy engorroso y costoso, no justificándose el desarrollo de este modelo.

Así, pareciera ser que el hecho que en el Perú contemos con una legislación de zonas francas (pero sin ningún tipo de impulso e interés por el Estado), partiría de la idea que es mejor tenerlas (aunque no funcionen) a no tenerlas. Ello, pensando en que no se querría aparecer en la foto como uno de los pocos países que no “apuestan por este sistema”, cuando la realidad internacional señala que cada vez son más los países que lo acogen.

La exposición sobre las experiencias exitosas en países como Costa Rica, Colombia y Uruguay (sin mencionar a países desarrollados, y además principales socios comerciales del Perú como Estados Unidos, China y Japón), generó el máximo interés del auditorio cuando se presentaron los resultados de estudios económicos que acreditan que por cada dólar que el Estado deja de ganar por concepto de tributos, se inyectan a la economía entre 3 a 6 dólares vía inversiones. Esto mismo también fue destacado por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR), como una oportunidad que debe ser aprovechada.

En una parte de esta conferencia se desarrolló una alegoría consistente en imaginar al MEF y al MINCETUR caminando ambos por una calle, cuando de pronto se les cruza un gato negro llamado “zona franca”, momento en el cual el MEF, sin un sustento objetivo ni científico, cruza aceleradamente a la otra acera para evitar al gato.

Ante esta situación podríamos afirmar que las zonas francas (el “gato negro” en la alegoría) no tienen la culpa de los temores del MEF. Por el contrario, más que temor deberían despertar vivo interés pues las zonas francas constituyen a nivel mundial un modelo exitoso que ha originado muy buenos resultados para los países que lo han implementado de una manera proactiva y con decisión política.

Creemos que llegó el momento de crear un nuevo modelo de zonas francas en el Perú, en el que se de cabida a la iniciativa privada como eje de impulso y promoción. Por supuesto, con el acompañamiento y supervisión del Estado.

En estos momentos se viene preparando un proyecto de ley sobre el particular. El Congreso está interesado en el tema. Los gremios empresariales también apoyan la iniciativa al igual que MINCETUR. Al parecer, hay decisión política del Presidente de la República.

Esperemos que el MEF no le siga corriendo más al gato sino que, por el contrario, y al mejor estilo de una entrañable serie animada de los ochenta, termine diciendo “me parece que vi un lindo gatito”.

 

 

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