¿Es realmente necesario registrar mi marca?
Por Mariana D. Loyola Duarte, estudiante de Derecho de la Universidad del Pacífico
Durante los últimos años, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) ha buscado fomentar entre los emprendedores peruanos la importancia de registrar sus marcas. El objetivo es proteger uno de los activos intangibles más valiosos que puede llegar a tener un negocio: aquello que permite identificarlo y diferenciarlo frente a los demás.
Pensemos en algo cotidiano. Cuando una persona compra una casa, no basta únicamente con haber pagado por ella: también resulta importante inscribirla para proteger ese derecho frente a terceros. Algo similar sucede con una marca. Registrar el signo que identifica a un negocio permite obtener un derecho exclusivo sobre él y proteger el valor que puede adquirir con el tiempo.
¿Por qué esto es importante? Imaginemos una economía en la que no existiera la posibilidad de diferenciar los productos mediante marcas. Entramos a una tienda y todos tienen la misma presentación, sin elementos que permitan saber quién los produce. Como consumidores, sería difícil reconocer si aquello que compramos es del mismo productor que elegimos anteriormente o si se trata de otro producto que intenta parecerse a él.
Para las empresas ocurriría algo similar. Si un negocio invierte tiempo y recursos en diferenciar sus productos, mejorar su calidad y construir una reputación, necesita que los consumidores puedan asociar ese esfuerzo con algo que lo identifique. Allí aparece la importancia de la marca.
La diferenciación permite que una empresa sea reconocida como productora o proveedora de bienes y servicios con determinadas características. Conforme un consumidor identifica una marca y la relaciona con una experiencia determinada, esta puede ir adquiriendo valor para el negocio. Por ello, protegerla permite también proteger parte de la reputación que una empresa ha construido.
Entonces, ¿realmente es necesario registrar una marca? Considero que sí. No porque el registro garantice por sí solo el éxito de una empresa, sino porque permite proteger aquello que la distingue de sus competidores.
Existen marcas peruanas como Bembos, Chocolates Helena, La Ibérica o Kola Real que hoy son fácilmente reconocibles por los consumidores. Detrás de ese reconocimiento existen años de trayectoria, productos, experiencias y reputación asociados a un nombre. Ese es precisamente uno de los valores que una marca puede llegar a representar.
Sin embargo, registrar una marca también supone un costo, y este puede ser relevante para un pequeño empresario. Existen los llamados “trámites a medio camino”: procedimientos de registro que son abandonados por distintos factores, entre ellos el económico. Actualmente, la tasa indicada para el procedimiento es de S/ 534.90, mientras que las micro y pequeñas empresas con RUC activo e inscritas en el Registro Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Remype) pueden acceder a un descuento del 25 %.
Para un emprendimiento que recién empieza, ese monto puede no ser menor. Pero justamente allí surge una pregunta importante: ¿conviene esperar a que el negocio crezca para recién proteger aquello que lo identifica?
Registrar una marca no debería verse únicamente como un trámite adicional ni como un gasto desconectado del desarrollo del negocio. Puede entenderse como una forma de proteger desde temprano un activo que, si el emprendimiento crece, también puede aumentar su valor.
Porque una marca no es solo un logo o un nombre. Detrás de ella pueden acumularse años de trabajo, reputación y confianza de los consumidores. Y si ese esfuerzo tiene valor, también merece ser protegido.

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