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Smart money Luis Ramírez Luis Ramírez

Más allá de los Bonos y las Acciones

Estoy seguro que todos han escuchado alguna vez aquella conocida frase que dice “no pongas todos los huevos en la misma canasta”. En nuestro mundo, el concepto detrás de esta expresión popular es el de la diversificación, y la idea central es que un portafolio diversificado puede y de hecho reduce el riesgo. Sin embargo, las últimas crisis nos han enseñado que las estrategias de diversificación con activos tradicionales como acciones y bonos han perdido algo de efectividad si de lo que se trata es de reducir el riesgo de mercado.

Estoy seguro que todos han escuchado alguna vez aquella conocida frase que dice “no pongas todos los huevos en la misma canasta”. En nuestro mundo, el concepto detrás de esta expresión popular es el de la diversificación, y la idea central es que un portafolio diversificado puede y de hecho reduce el riesgo. Sin embargo, las últimas crisis nos han enseñado que las estrategias de diversificación con activos tradicionales como acciones y bonos han perdido algo de efectividad si de lo que se trata es de reducir el riesgo de mercado.

Antes de caer en el error de pensar que la teoría falló, tengamos presente que la diversificación efectivamente reducirá el riesgo del portafolio si los activos que lo componen muestran una baja correlación entre sí, es decir, deben ser activos cuyos rendimientos no se muevan todos en la misma dirección y magnitud al mismo tiempo. De esta forma, se logrará también que el portafolio tenga una baja correlación con el mercado, y por ende esté menos expuesto a la volatilidad de los mercados globales. Pero al a luz de lo vivido en los últimos años, este parece no haber sido el caso con los portafolios compuestos solo por activos tradicionales, incluso la globalización y el desarrollo de las comunicaciones ha significado que la diversificación por bloques regionales no haya sido tan efectiva.

Surgen entonces los “activos alternativos” como una manera de mejorar el perfil de riesgo-rendimiento de los portafolios. Esto nos lleva a proponer que un portafolio realmente bien diversificado debería contener en alguna proporción, la cual dependerá de los objetivos y la estrategia de inversión, las cuatro clases de activos: el efectivo o sustitutos (money market), bonos o renta fija, acciones o renta variable, y activos alternativos.

De manera general se dice que los activos alternativos son aquellos que no son ni acciones ni bonos. Tal vez esta definición no explica mucho el concepto, pero si presento una relación de los activos que califican en esta categoría pienso que la idea nos quedará un poco más clara. Entre los activos considerados en esta clasificación tenemos los Fondos de Cobertura (Hedge Funds), los Fondos de Capital de Riesgo (Private Equity), proyectos de inversión, real estate, materias primas (commodities), productos estructurados, incluso podríamos incluir antigüedades, colecciones, arte, etc.

En este punto parece importante aclarar lo siguiente, para efectos del riesgo total del portafolio, lo importante no es el riesgo particular (alto o bajo) de cada uno de los activos visto de manera individual, lo que importa es cómo se relacionan los rendimientos de dichos activos, es decir cómo “covarían”. Visto desde otro ángulo, lo que importa es la contribución de cada activo a la volatilidad del portafolio total. Los activos alternativos, al tener un comportamiento distinto en diferentes escenarios económicos, mostrarán una baja correlación con los activos tradicionales. Esta es su contribución en la administración de portafolios, y en ello radica la importancia de considerarlos dentro de las carteras.

El siguiente mito que debemos romper es la creencia que solamente los grandes inversionistas o los inversionistas institucionales tienen acceso a esta clase de activos. Los inversionistas retail también pueden acceder a estas inversiones. Por ejemplo, pueden comprar commodities como oro, cobre, incluso los llamados soft commodities (café, azúcar, cocoa, algodón, etc) a través de Fondos Cotizados (ETF’s). Se puede acceder al capital de riesgo a través de Fondos de Inversión, o a través de Fondos de Fondos. Se puede acceder a productos estructurados desde montos bastante accesibles a inversionistas de menor escala. En suma, no hay pretextos ni argumentos para no considerarlos dentro de un portafolio. Eso sí, requieren un mayor grado de análisis y un conocimiento más profundo de los sectores en que se desarrollan y en que se invertirán. Como ya lo he dicho antes cuando me he referido a inversiones en acciones o bonos, invertir no es un juego, y en el caso de los activos alternativos, lo es menos.

 

 

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