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Smart money Luis Ramírez Luis Ramírez

Si no lo tenemos claro, no podemos avanzar…

Cuando se habla de inversiones, si no se dicen las cosas claras se puede caer en malos entendidos, errores de interpretación o incluso parecer abstracto o impreciso. Algunas aclaraciones a veces se hacen necesarias para precisar los puntos importantes en torno a este tema, y con el permiso de todos, deseo aprovechar el post de esta semana para hacerlo.

Cuando se habla de inversiones, si no se dicen las cosas claras se puede caer en malos entendidos, errores de interpretación o incluso parecer abstracto o impreciso. Algunas aclaraciones a veces se hacen necesarias para precisar los puntos importantes en torno a este tema, y con el permiso de todos, deseo aprovechar el post de esta semana para hacerlo.

Primero les explico mi enfoque, que es el mismo que manejamos en Kevala Advisors, empresa de la que soy socio y Gerente General. Nosotros somos asesores de patrimonios, y en esa línea entendemos las inversiones y la gestión de activos como parte de un proceso más complejo conocido como Planeamiento Financiero. No se trata simplemente de comprar y vender activos en busca de una “ganancia de capital”. Limitar el proceso de inversiones a esto es una visión muy simplista de lo que es invertir.

A lo largo de los mas de dos años que llevo escribiendo este blog, algunas veces me he referido a los objetivos de inversión (para muestra un botón, ver el post “Sin objetivos no hay paraíso” del 06.10.2014). Tal vez cuando he escrito sobre este punto no he sido lo suficientemente claro, así que solo por si acaso quiero dejar sentado lo siguiente: la rentabilidad no es un objetivo per se, es un medio para alcanzar los objetivos que realmente importan dentro del planeamiento financiero.

Dentro del plan financiero, los objetivos son el motor que guían nuestros esfuerzos. Debido a ello es importante que estén plenamente definidos, cuantificados, y sobre todo enmarcados dentro de un plazo u horizonte de tiempo. Por ejemplo, un objetivo puede ser mantener nuestro nivel de vida actual, y lo definimos como el grado de bienestar a que estamos acostumbrados. Este objetivo debe venir acompañado de un número, o sea, cuánto dinero necesitamos para mantener nuestro nivel de vida, S/. 5,000 al mes, o tal vez S/. 10,000 al mes. Esta cantidad es relativa y particular a cada individuo. Por último, temporalmente hablando este es un objetivo inmediato (corto plazo).

Otro objetivo se pudo plantear como sigue, “dentro de 15 años, cuando tenga 50 años, me gustaría alcanzar “determinado” nivel de vida”. Noten la diferencia entre los dos objetivos que he propuesto como ejemplo. Mientras en el primer caso debemos dar por sentado que el individuo ya cuenta con un patrimonio acumulado que le permita generar los ingresos periódicos (rentas) que soporten su nivel de vida, en el segundo caso estamos frente a un individuo que está en proceso de construir ese patrimonio, el mismo que mas adelante le permitirá generar las rentas necesarias para sostener el nivel de vida deseado. Por ende el portafolio de inversiones del primer ejemplo deberá ser un portafolio básicamente rentista, con un porcentaje importante de renta fija dentro de su estructura, que tanga una adecuada distribución de la frecuencia de pago de cupones, y de riesgo moderado bajo. El portafolio de inversiones del segundo ejemplo deberá ser un portafolio de acumulación que busque apreciación del capital, lo que se logra con un mayor porcentaje de activos riesgosos (acciones o renta variable por ejemplo). Se dan cuenta cómo encaja el proceso de inversiones dentro de la vida de cada uno de nosotros, y porque desde nuestro enfoque, invertir no es simplemente comprar y vender activos. Las inversiones deben estar alineadas con lo que esperamos conseguir, nuestros objetivos.

Ahora bien, otro punto que deseo tocar es la forma o las herramientas de análisis para hacer la selección estratégica de las inversiones (largo plazo), y la asignación táctica (corto plazo). En anteriores oportunidades lo he mencionado y lo sostengo ahora, lo que guía las decisiones de inversión siempre son los fundamentos, ellos son la base para elaborar la estrategia. Pero también me han leído explicando o aplicando Análisis Técnico para analizar índices o precios de acciones, etc.

Aclaremos algo, el Análisis Técnico como el Análisis Fundamental son herramientas que nos ayudan a tomar decisiones, mejoran la probabilidad de éxito en nuestras inversiones, y de hecho deberíamos estar mejor usándolas que no usándolas, pero en ningún caso garantizan efectividad al 100%. Por esta razón frente a la clásica pregunta de “qué rentabilidad me puedes garantizar”, yo siempre respondo, “lo único que te puedo garantizar, es mi mejor esfuerzo”. Con ambas herramientas solamente lograremos una aproximación al “PROBABLE” comportamiento de los precios, pero nadie les puede garantizar que el valor fundamental calculado para una acción se cumpla. Esto porque dicho valor depende de los supuestos que se usaron en el modelo de valorización, en la medida que dichos supuestos sean razonables, no tengan sesgos demasiado optimistas, y se verifiquen en la realidad, seguramente la aproximación será bastante buena. Por ello los modelos se revisan periódicamente, para ajustar dichos supuestos e ir afinando el cálculo del valor fundamental, y aún así, dicho valor no es un número escrito en piedra, principalmente por dos razones. Primero, los supuestos pueden no cumplirse, segundo, este enfoque no considera los aspectos emocionales presentes en determinados escenarios y coyunturas.

Lo importante acá no es si un enfoque es mejor que otro, o si uno es válido y el otro no. Lo importante es que conozcamos las fortalezas y las limitaciones de cada enfoque para aplicarlos de manera adecuada. El Análisis Técnico puede tener muchos detractores, tal vez por considerarlo poco científico, sin sustento estadístico, o lo que fuere. Para mí es una mas de las herramientas de análisis disponibles, que tiene la virtud de incorporar los aspectos psicológicos y emocionales presentes en la toma de decisiones de inversión, y que lamentablemente no se pueden predecir con modelos econométricos, si fuese el caso, todos seríamos millonarios.

En gestión de riesgos hay un concepto que se conoce como “riesgo del modelo”. Se presenta cuando aplicamos un modelo o enfoque sin tener presente sus limitaciones. Lo más probable es que cuando los resultados no sean los esperados, equivocadamente responsabilicemos al modelo, cuando en realidad el problema fue una mala aplicación del mismo por parte nuestra. En el caso del enfoque de la Escuela Técnica, debemos tener claro que éste solo nos provee un conjunto de guías, NO SON REGLAS que se deban cumplir si o si. Y en mi caso personal, yo no descarto ninguna herramienta que me permita acotar el riesgo al momento de tomar decisiones.

 

 

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