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Smart money Luis Ramírez Luis Ramírez

No todo lo que se puede hacer, se debe hacer…

En el marco del planeamiento financiero personal, la gestión de nuestras inversiones debe seguir un orden o secuencia a medida que el patrimonio se va construyendo. Como siempre, y debo insistir en esto, el punto central a lo largo de todo el proceso consiste en entender y aceptar nuestra posición frente al riesgo.

En el marco del planeamiento financiero personal, la gestión de nuestras inversiones debe seguir un orden o secuencia a medida que el patrimonio se va construyendo. Como siempre, y debo insistir en esto, el punto central a lo largo de todo el proceso consiste en entender y aceptar nuestra posición frente al riesgo.

Les expongo el punto. La acumulación de riqueza se logra siguiendo tres pasos básicos y generales: presupuestar, ahorrar e invertir. De ellos tal vez la parte mas compleja consiste en la forma de realizar nuestras inversiones para que el dinero ahorrado se acumule y crezca de tal forma que nos permita en el tiempo alcanzar nuestros objetivos personales y/o familiares.

Como comprenderán el crecimiento patrimonial que sirva de respaldo a nuestros objetivos solo es posible mediante la inversión de los ahorros. Pero dicho crecimiento debe ser ordenado, y debe estar enmarcado en un plan de inversiones. En este proceso no hay atajos.

Siempre he insistido acerca de cuán importante es que cada uno de nosotros sea plenamente consciente de su perfil de riesgo. Pero esta vez deseo ir un poco más allá. Antes cuando he aludido a este concepto, solamente he hecho referencia a la tolerancia a enfrentar volatilidad, es decir, ese sube y baja en el valor de nuestras inversiones. Es claro que algunos tienen una mayor tolerancia a enfrentar este tipo de cambios en el valor de sus inversiones, siempre que venga acompañado de un mayor retorno esperado. Ello es precisamente lo que determina los distintos perfiles de riesgo.

Pero asociado al riesgo hay otro aspecto que ahora abordo, y que también es importante considerar al momento de elaborar nuestro plan de inversiones. Me refiero a la CAPACIDAD FRENTE AL RIESGO. Acá ya no se trata de si podemos tolerar fuertes cambios en el valor de nuestras inversiones, acá el punto clave es si podemos “afrontar” esos cambios. La idea central en este punto es que tanto respaldo tenemos para poder hacer frente cambios adversos en el valor de las inversiones, y en caso de producirse qué tanto van a afectar nuestro patrimonio total.

A partir de estas ideas entenderán que una persona que recién inicia, que está empezando a construir su patrimonio, aún si se considera Cool Mc Cool y ama el peligro (suele suceder cuando uno es joven), “no debe” asumir riesgos altos pues tiene una baja capacidad frente al riesgo. Un evento adverso puede literalmente licuar su todavía pequeño patrimonio.

En la medida que el patrimonio va creciendo, también se incrementa la capacidad para afrontar mayores riesgos, y entonces cobra mayor relevancia la tolerancia al riesgo. El plan de inversiones debe considerar ese atributo del inversionista asignando el capital a los activos según dicho criterio, y ser consistente con ello a lo largo de todo el proceso.

A veces podemos sentirnos tentados a incursionar en inversiones riesgosas ante la promesa de retornos espectacularmente altos, como los que encuentran en mercados que permiten alto apalancamiento (Futuros, Divisas, etc) pensando que con dichas inversiones daremos el gran salto en nuestro patrimonio, no se los recomiendo. Algunas veces podemos sentirnos algo desanimados cuando vemos acciones (mineras juniors por ejemplo) disparándose, y oh sorpresa, esas acciones no están en el portafolio.

No se sientan mal, lo más probable es que esas acciones no estén en su portafolio porque el riesgo que dichas acciones representan, no está alineado con su perfil de riesgo, y por lo tanto no están consideradas dentro de su plan de inversiones. Es verdad que las PUDIERON comprar si “alguien” les pasó el dato. Pero si son responsables, no DEBIERON comprarlas, e hicieron bien en no tenerlas. No se lamenten por “haberse perdido el rally”, alégrense por no haber asumido un riesgo que no es para ustedes. Piensen lo que hubiera pasado si el precio no hacía lo que “se suponía tenía que hacer”. Invertir no es simplemente comprar y vender activos.

Para resumir, no se dejen impresionar por la expectativa de un retorno alto. Siempre recuerden que en este negocio, no hay almuerzo gratis. Pregúntense qué riesgo hay detrás de ese alto retorno, si están dispuestos a tolerarlo y si tienen la capacidad para afrontarlo. Solo después tomen la decisión.

 

 

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