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Smart money Luis Ramírez Luis Ramírez

La razón más tonta para comprar una acción es porque está subiendo (W. Buffet)

En la Bolsa de Valores el famoso Teorema de Tinkerton que dice "me TINKA que esta acción va a subir" no funciona. Si vamos a invertir en Bolsa debemos hacerlo de manera profesional. Una rigurosa y adecuada administración de riesgos es importante. También se requiere tiempo y dedicación para investigar, y sobre todo, un adecuado nivel de conocimiento de teoría económica y finanzas, pues esto es necesario para entender y analizar el flujo de información que servirá de base para la toma de decisiones.

En la Bolsa de Valores el famoso Teorema de Tinkerton que dice “me TINKA que esta acción va a subir” no funciona. Si vamos a invertir en Bolsa debemos hacerlo de manera profesional. Una rigurosa y adecuada administración de riesgos es importante. También se requiere tiempo y dedicación para investigar, y sobre todo, un adecuado nivel de conocimiento de teoría económica y finanzas, pues esto es necesario para entender y analizar el flujo de información que servirá de base para la toma de decisiones.

Si no se cuenta con este conjunto de requisitos, podría ser más
beneficioso para su patrimonio personal contratar un asesor o delegar
la administración de las inversiones en un especialista. Esto le
evitará incurrir en errores muy comunes en inversionistas novatos, y
también le ahorrará muchos dolores de cabeza.

Por ejemplo, muchos conocidos y amigos que se deciden a invertir en
Bolsa me preguntan casi de manera “natural e instintiva” acerca de la
rentabilidad que pueden obtener en sus inversiones. Es más, me
atrevería a decir que muchos de ellos se decidieron a invertir porque
algún amigo le contó que había invertido en tal o cual acción, y que
esa inversión le había rentado 30%, tal vez 50%, incluso 100% ó más en
muy poco tiempo. La preocupación natural parece ser el “rendimiento”
que puede ganar.

Generalizando mi experiencia me gustaría reflexionar sobre el
comportamiento de los nuevos inversionistas en general. Por ejemplo, me
pregunto cuántos de estos nuevos inversionistas compran acciones solo
porque “alguien” les dijo que dicha acción subirá. También me pregunto
cuántos de ellos tienen claro la pérdida probable en que podrían
incurrir, al iniciar una inversión con un rendimiento esperado
relativamente alto en caso las expectativas no se cumplan. En otras
palabras, me pregunto cuántos de estos inversionistas tienen claro el
concepto de riesgo. Finalmente me pregunto cuántos al conocer la
pérdida que podrían enfrentar, estarían dispuestos a seguir con la
inversión.

Con mucha frecuencia el aparente éxito alcanzado por nuestros conocidos
en sus inversiones nos hace caer rápidamente en la tentación, por lo
que sin pensarlo dos veces levantamos el teléfono, y mandamos
rápidamente nuestra orden de compra. Dos semanas después (en realidad
esto es un plazo referencial, puede ser mayor o menor) lamentamos
nuestra decisión. ¿En que nos equivocamos?

Primero permítanme contarles algo sobre el comportamiento humano.
Nuestro cerebro no está preparado para aceptar experiencias
desagradables. Por esta razón, siempre nos referimos y alardeamos de lo
bien que hicimos las cosas, y de lo mucho que ganamos en Bolsa. Pero
nunca, o muy rara vez, contamos a nuestros amigos acerca de las veces
que nuestras inversiones fracasaron. Esto podría transmitir al
potencial nuevo inversionista un mensaje equivocado sobre la Bolsa.

Segundo, todos sabemos que la Bolsa es un negocio de información. Pero
para que la información genere valor, debe cumplir dos requisitos: debe
ser confiable y debe ser oportuna. Sobre el primer requisito no me
explayaré mucho, sobra decir lo importante que es conocer la fuente de
la información. Pero sí quiero detenerme en el segundo punto, es decir,
en la oportunidad de la información. Lo hago porque con frecuencia veo
inversionistas que fácilmente se entusiasman, y disparan órdenes de
compra cuando algún “buen amigo” le ha comunicado “ese dato” que
supuestamente lo hará millonario. Entonces es bueno tener en cuenta lo
siguiente: (1) los precios no suben indefinidamente, en algún momento
corrigen, (2) se ha preguntado si ese “gran amigo” que le facilitó el
dato, tiene posición en la acción que “generosamente” le ha
recomendando, y (3) dado que el precio debe reflejar toda la
información, se ha puesto a pensar cuantos antes que usted ya conocían
“ese dato”, y por lo tanto cuánto de la subida del precio de esa acción
ya incorpora la información que le ha sido revelada, haciendo poco
probable que siga subiendo. Si cuando usted compró, el precio ya
reflejaba totalmente la información, entonces ésta no fue oportuna,
compró en el pico del mercado, y muy probablemente se enfrente a la
desagradable sensación de ver como el precio de sus acciones baja.

Tercero, al momento de enviar su orden de compra probablemente se había
fijado una expectativa de ganancia. Pero estaba consciente de cuánto
podría perder, y si estaba consciente de ello, estaría dispuesto a
aceptar esa potencial pérdida. Dicho de otra forma, conoce usted su
tolerancia a enfrentar pérdidas, es decir, conoce su perfil de riesgo.

Estos son algunos errores comunes que se comenten cuando uno es “nuevo”
en el mundo de la Bolsa, aunque conozco algunos inversionistas con
varios años en el mercado que todavía los comenten. La ambición natural
de todo ser humano a veces nos hace actuar de manera emocional e
impulsiva, bloqueando nuestra capacidad de ser analíticos y racionales.
Esta dos formas antagónicas de reaccionar y tomar decisiones es la
diferencia entre lo que llamaremos “los ingenuos y los astutos”, o lo
que también se conoce como “Dumb Money & Smart Money” (traducción
literal “dinero tonto y dinero inteligente”).

En este blog espero transmitir mi modesta experiencia en Mercados de
Capitales. Buscaremos ser los “astutos” en esta historia. Analizaremos
el contexto global y local, vamos a sugerir estrategias y tácticas de
inversión en base a ello. Y aunque no conozco inversionistas que hayan
ganado en absolutamente todas sus inversiones, por lo menos buscaremos
que el promedio de nuestros aciertos supere el promedio de nuestros
desaciertos.

 

 

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