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Los “Bloombergs” peruanos

Es importante contar con un ecosistema filantrópico que permita garantizar que no se use la filantropía para pretender manipular la ciencia, al sector público o a la población.

En el mundo hay grandes cambios en temas de salud pública, acceso a la educación, el cuidado de los océanos, la investigación para la seguridad alimentaria, la inclusión financiera, identidad digital o la promoción de ciudades sostenibles que han sido impulsados gracias a la labor filantrópica de fundaciones y organizaciones sin fines de lucro.

Esto significa que el dinero de unos pocos ha ayudado a transformar la vida de muchos. Las becas de estudios otorgadas por fundaciones, asociaciones sin fines de lucro y empresas han generado oportunidades para mejorar la vida de niños y niñas talentosos que nunca hubieran podido lograrlo sin ese apoyo, los capitales que se invierten en pequeños emprendimientos han ayudado a crear valor para emprendedores y sus trabajadores y las inversiones en los centros de investigación han contribuido a combatir el hambre mundial, entre otros.

Detrás de la decisión de aportar dinero a este tipo de causas hay una visión de cada una de estas organizaciones para generar cambios significativos en áreas que no están siendo suficientemente atendidas o ejes que han determinado previamente y que tienen en común que ayudan a generar prosperidad.

La Gates Foundation ha aportado a la prevención del sida en India, la lucha contra la tuberculosis, la malaria o tecnologías para mejorar las letrinas de hoyo.  Bloomberg Philanthropies, hace lo propio en cinco ejes: ambiente, salud pública, innovación, artes y educación. Omidyar Network invierte todo el tiempo en emprendimientos que comparten su compromiso social en áreas de gobernanza y compromiso ciudadano, tecnologías emergentes, derechos de propiedad, entre otros.

La buena noticia es que esto no es privilegio de los gigantes de la caridad, sino que en el Perú también tenemos nuestros “Bloombergs”. Precisamente, una reciente investigación titulada Hacia una nueva Filantropía en el Perú, realiza un mapeo del sector filantrópico peruano cuyo propósito es reflexionar sobre las motivaciones que tienen quienes deciden dar dinero en nuestro país.

El esfuerzo es interesante sobre todo porque resulta importante contar con un ecosistema filantrópico que permita garantizar que no se use la filantropía para pretender manipular la ciencia, al sector público o a la población.

  • Recientemente se ha sabido que la Coca Cola había entregado ocho millones de euros a decenas de organizaciones científicas y médicas en España entre 2010 y 2017, bajo el concepto actividades de colaboración y ayudas a la investigación. Pero, se ha denunciado que habría habido un propósito comercial detrás de esas ayudas para relacionar sus bebidas con efectos positivos y negar otros impactos negativos de las mismas.
  • Algo similar ha ocurrido con un famoso médico español, llamado José Baselga, director médico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, quien habría recibido pagos de farmacéuticas que no visibilizó, cuando escribía artículos de investigación en publicaciones de prestigio sobre los efectos de alguna de sus nuevas drogas.
  • Y los ejemplos podrían seguir con otras industrias y actividades extractivas que han encontrado en las donaciones o aportes en diferentes áreas, la mejor manera de hacerse marketing o asegurarse favores.

Sin embargo, estos desafortunados ejemplos no deben deslegitimar luchas importantes emprendidas contra la industria del tabaco, la obesidad, entre otros. Menos aún los esfuerzos genuinos que empresarios peruanos realizan en el ámbito de la educación.

En el caso de los filántropos peruanos, el documento del Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico, aporta algunos datos importantes:

  • El sector filantrópico peruano invierte USD 103 millones al año, aproximadamente.
  • Una de cada dos organizaciones que realizan donaciones invierten en bienestar,  desarrollo social, y educación. Le siguen el arte y cultura, el desarrollo productivo y la salud con 39%, 36% y 30%, respectivamente.
  • El 50% de las organizaciones tienen entre sus beneficiarios a niños entre 8 y 12 años, seguido de un 45% que atiende a la población en situación de pobreza. Los menos atendidos son la comunidad LGBT, desempleados y ex-convictos.
  • El 95% de las organizaciones implementa actividades y programas, seguidas de donaciones y becas.
  • El 44% de las organizaciones que donan publican una memoria institucional, pero la mayoría de evaluaciones de resultados las hacen internamente.
  • Muy pocas colaboran con el gobierno o con otras organizaciones con las cuales podrían sumar recursos alrededor de una causa justa.

Además, se anuncia que está en marcha el desarrollo de un Índice de Institucionalidad Filantrópica a nivel de varios países, basado en transparencia, gobernabilidad y operatividad.

La lectura de la investigación de los profesores Vicente León y Matthew Bird, y la revisión de cómo donan los gigantes de la filantropía, permite advertir la importancia que tiene que exista una agenda clara de los cambios con los que se quiere contribuir y que las decisiones de inversión sigan procesos que cautelen que se tomen esas decisiones de la forma más transparente y a la vez eficiente para conseguir resultados.

Pero, también hay desafíos en una sociedad donde muchos creen que “nadie da puntada sin hilo”. El Estado debe motivar mayores donaciones filantrópicas y asegurar que los incentivos que se otorguen garanticen que estas ayudas sean transparentes.

 

 

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