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El que quiere celeste...

Admiro a los visionarios, a los que se adelantan a su tiempo, aquellos capaces de transformar espacios en sueños y  capaces de mantener  además ese sueño latente en millones de personas.

Uno de los lugares en que disfruto de la experiencia de visionarios es Orlando; parques extensos montados sobre terrenos en su momento muy alejados de todo, que fueron transformados en grandes atracciones, no solo en su país sino a nivel mundial.  Atracciones hechas para toda la familia que superaron incluso a espacios históricos.

Hace algunos años un especialista en centros comerciales  decía en su presentación que los parques temáticos son también grandes centros comerciales, la diferencia versus el Centro Comercial convencional es que en los Parques las personas deben pagar para ingresar y también deben pagar para estacionarse. Quiere estacionamiento preferencial? Claro, pague más.

Ambos, centros comerciales y parques temáticos, ofrecen servicios muy similares, entre ellos, entretenimiento, restaurantes, patios de comida, tiendas de ropa, tiendas de souvenirs y  gratas experiencias.

Los parques de Orlando son tan atractivos y exitosos que para acceder a las áreas de entretenimiento los visitantes deben hacer largas colas, y aunque los tiempos están siempre anunciados para que el visitante sepa el tiempo aproximado de la espera, esto se puede evitar pagando por un pase rápido. Nuevamente, más comodidad, más precio.

La relación entre una empresa y un usuario. Cliente o consumidor, es una relación comercial, una relación donde una parte otorga algo, dinero, y en contraprestación la otra entrega un producto o servicio.

Tenemos derecho a exigir por un buen servicio, pero asimismo, a pagar  lo justo para obtenerlo. Algo que muchas veces el usuario, consumidor o cliente no ve, es que alguien ha invertido para que el reciba eso, producto o servicio, alguien ha arriesgado y por ello exige y con razón un pago determinado a cambio.

En los últimos meses he leído varias noticias acerca de la insatisfacción de  usuarios por pagar determinados servicios y reclamaban por la gratuidad o por precios más bajos. El mercado da la libertad de elegir, si no estoy de acuerdo con el precio de algo, tengo la libertad de buscar opciones. Sugerir controles por no estar de acuerdo con el precio de un producto o servicio no parece ser la ruta. Claro, es sencillo pedirlo cuando no es uno el afectado, pero si mañana le sucediera eso a su empresa, en la que usted ha invertido o trabaja, probablemente pensaría diferente.

Como reza un viejo adagio popular  “El que quiere celeste, que le cueste”. Esta frase, refleja la relación entre lo que  quiero recibir como servicio y lo que debo dar para conseguirlo, funciona en todo, productos y servicios.

Ya lo sabe, ¿Quiere celeste?

 

 

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