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El derecho de los consumidores a elegir: haga su pedido

Leyendo estadísticas acerca del crecimiento del formato tradicional en el Perú, tanto de bodegas como puestos de mercado, pude comprobar con sorpresa y alegría, la capacidad de convivencia de los formatos modernos (supermercados) que llega día a día a más lugares en el país y los tradicionales (bodegas y puestos de mercado), cuyos estándares - aprovecho en mencionarlo - han mejorado mucho desde la llegada al país e incursión agresiva de los formatos modernos.

Leyendo estadísticas acerca del crecimiento del formato tradicional en el Perú, tanto de bodegas como puestos de mercado, pude comprobar con sorpresa y alegría, la capacidad de convivencia de los formatos modernos (supermercados) que llega día a día a más lugares en el país y los tradicionales (bodegas y puestos de mercado), cuyos estándares – aprovecho en mencionarlo – han mejorado mucho desde la llegada al país e incursión agresiva de los formatos modernos.

Esto es notorio en Lima pero sobretodo en el mercado de provincias, con
un claro mensaje que ha sido interpretado así, “o me vuelvo competitivo y
continúo en el ruedo, o me quedo sin clientes, y se termina el
negocio”, esta misma lógica se aplicaría para las diversas galerías y
tiendas comerciales, frente a los centros comerciales modernos.

Hago este comentario porque muchas veces he leído críticas duras a la
llegada del formato moderno a algunos lugares del país, siempre con un
enfoque que nos recuerda la historia de David versus Goliat,  tratado de
mostrar que en este negocio siempre hay un ganador, muy grande y con
recursos, y un perdedor, pequeño y golpeado. La realidad nos demuestra
dos cosas: Primero que efectivamente con la llegada del formato moderno
desaparecen algunos negocios, porque probablemente no han reaccionado
ante las expectativas de un consumidor cada vez más exigente. Segundo,
aparecen nuevos competidores con una visión de negocio más enfocada en
el cliente y en la satisfacción de sus necesidades. En el balance de los
que salen y de los que ingresan, tenemos un resultado positivo. Primera
conclusión, la convivencia entre el formato moderno y el tradicional
puede darse, dependerá de la capacidad de cada uno de los competidores
de mantenerse en el ruedo
.

Analicemos entonces el papel que juegan los inversionistas que deciden
invertir en un negocio de comercio moderno, cuánto cuesta esa gran
infraestructura, cuánto personal está trabajando formalmente en el
negocio, con sueldo asegurado y derecho a vacaciones, cuánto está
aportando esa modernidad en tributos al municipio correspondiente,
cuánto esfuerzo hay de parte de la empresa y su equipo de colaboradores
en atender casi los 365 días del año, en estar disponibles desde las
primeras horas de la mañana con toda una infraestructura operativa para
ir recibiendo clientes de uno en uno. Todos estos aspectos son muchas
poco apreciados y valga este post para comenzar a verlo desde este otro
punto de vista. No olvidemos que detrás de esa infraestructura, hay
inversión, por tanto hay riesgo. Segunda conclusión, con la llegada de
la modernidad, viene la formalidad
.

Aún cuando hay inversión y riesgo, los procesos en trámites, permisos,
licencias y demás no fluyen como quisiéramos, estos procesos toman
también tiempo, el mismo que dependerá mucho del distrito o ciudad,
generando muchas veces la sensación de que el tiempo pasa, el dinero no
puede invertirse a la velocidad que se desea, y que nadie está apoyando
en convertir este proceso en algo fluido. Tercera conclusión, a pesar
del riesgo y la buena voluntad, las barreras siempre existen (ojo, aún
no han comenzado a competir).


Y hay casos, que sorprenden y no dejan de hacernos pensar en que rol le
corresponde a cada uno de los actores dentro de este proceso de
modernización en el comercio. No he visto en alguna evaluación de un
distrito o ciudad que los consumidores se nieguen a recibir oferta
moderna en su ciudad, por el contrario, muestran real interés y
preguntan, cuándo se va a convertir en una realidad.

Hace algunas semanas vi una publicación periodística en unos medios de
provincia, dónde se anunciaba una protesta de comerciantes, porque una
cadena de supermercados estaba pensando ingresar, es decir, llevar su
oferta y riesgo a esa ciudad. Lo curioso, es que no era una protesta de
consumidores, yo me preguntaba qué opinarían los consumidores enterados
de esta iniciativa de evitar que la modernidad llegue?, O es que habían
cedido su derecho a elegir a una asociación de comerciantes. No es la
primera vez que me toca recibir una noticia de este tipo, hace varios
años vi protestas similares por la llegada de un centro comercial a una
ciudad que hoy cuenta con varias propuestas. Siempre termina
imponiéndose la razón, pero a veces los procesos son complejos. Que
quede claro, al final el gran beneficiado siempre será el consumidor.
Cuarta conclusión: El derecho a elegir es de los consumidores, nadie
puede decidir por ellos, el consumidor tiene la palabra
.

Hay ciudades donde la oferta moderna aún no ha llegado, por razones
diversas, creo que con tanta tecnología a disposición hoy, es posible
hacer sentir la voz del interés de los consumidores, esa que diga,
“vengan a mi ciudad”, “aquí lo esperamos, y los vamos a acoger”, es
decir, que sea la voz del consumidor la generadora de nueva inversión.
Señor consumidor, haga la prueba y se sorprenderá de los resultados,
finalmente de su decisión dependerá definir su lugar de compra, nadie lo
hará por usted. ¿Alguna ciudad o localidad que desee recibir oferta
moderna? ¿De qué tipo?, supermercado, cine, tienda por departamento,
restaurantes, patio de comidas?. Haga su pedido o exprese detalladamente
su sueño,  antes de que otros lo hagan.

 

 

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