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Semáforos y Octágonos: Advertencia, regular puede ser dañino

Pepe sufre de sobrepeso, por lo que decide hacerse lo que se conoce como “banda gástrica”. Lo que Pepe no esperaba era convertirse en adicto a la cocaína, meses después de la operación. ¿Le parece raro o exagerado el ejemplo? Piénselo de nuevo, existe bastante evidencia sobre la existencia de este fenómeno (aquí y aquí). ¿Qué tiene que ver esto con etiquetado de alimentos? Se los explico:

 

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Nuestro cerebro tiene una particularidad: “elige” un nivel de riesgo o costo o “adicción” y busca permanecer en ese nivel. En el ámbito del riesgo lo llamamos “moral hazard” o “risk compensation” y en el ámbito de los comportamientos adictivos o “autodestructivos”; o, simplemente “preferencias” o “gustos”, lo llamamos “sustitución”.

En el caso de la “risk compensation” o “compensación de riesgo”; si nuestro nivel de seguridad aumenta, tenderemos a comportarnos de manera descuidada para compensarlo, llegando al mismo nivel de riesgo anterior. Por ejemplo, el uso del cinturón de seguridad -que disminuye el riesgo del conductor- es un caso emblemático de moral hazard o risk compensation en el que el conductor del auto tenderá a manejar con menos cuidado una vez que tenga el cinturón puesto.

En el caso de las adicciones o gustos en general, si asumimos que las personas no comen bien o mal “de casualidad” o por ignorancia, sino porque deciden directamente consumir productos que saben que no son buenos, como comida chatarra, el saber más sobre la comida chatarra no los llevará a cambiar su comportamiento, sino simplemente a ajustarlo de manera distinta para alcanzar su mismo nivel de adicción o gusto anterior.

Tal como señala Ben-Shahar (probablemente el mayor experto a nivel mundial sobre regulación de la información), “(…) a pesar de que las etiquetas pueden influir en las personas, pocas cambiarán sus dietas, vistas en conjunto. Ellas podrán comer menos de una comida alta en grasa (como carne roja) pero más de otra (como productos lácteos). O ellas pueden ordenar menos de un menú que muestre calorías, pero comer más luego. Las comidas se pueden achicar, mientras que los snacks pueden aumentar. (…)”.

Como vemos, no necesariamente el saber más sobre lo que estamos comiendo nos llevará a modificar nuestros hábitos, considerando que nuestra elección actual de una combinación saludable/rico no es al azar, sino una decisión premeditada. Así, las etiquetas, por más que cumplan su propósito de transmitir información a los consumidores, no necesariamente tendrán efectos en modificar sus conductas.

Y esto es solamente un aspecto, no nos olvidemos que: 

- La información no necesariamente será vista por consumidores que -por ejemplo- podrían ser indiferentes a ésta o podría no ser entendida por algunos.

- El costo de producir las etiquetas y las variaciones que generarán en el proceso de producción de los alimentos (estudiado para otro caso por otro grande del tema, Kip Viscusi).

- El etiquetado podría tener un efecto inequitativo en personas de escasos recursos que -por un lado- tendrán que pagar más por alimentos etiquetados que subirán de precio y -por otro- no tendrán muchas chances de modificar sus dietas debido a sus restricciones presupuestarias.

- El “alarmismo” que lleve a un consumo por debajo del óptimo de ciertos productos.

- El costo político: recursos utilizados por la industria (y los bien intencionados “Baptists”) para influir en el proceso regulatorio. El costo del lobby, venga de donde venga, no puede ser despreciado. Por otro lado, es llamativo que ni la industria ni los “sinceros” han propuesto la desregulación. De hecho, desde la perspectiva de la industria el mejor mundo posible es tener regulación, pero una que genere el mayor costo posible para competidores y no tenga efectos en el consumo.

En este tema se le está dando valor de “verdad revelada” a la opinión de médicos que -qué duda cabe- son expertos en sus temas. Pero la regulación es un tema de estudio por si mismo y una persona experta en otro ámbito puede resultar siendo un amateur en éste, generando graves daños a la sociedad cuando pretende dirigir (o influenciar fuertemente) la política regulatoria.

 

 

 

 

 

 

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