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Más allá del efectivo Felipe Rincón Felipe Rincón

¿Cómo la Inteligencia Artificial nos puede ayudar a pagar de forma segura y rápida?

Desde que los celulares implementaron la opción de desbloqueo a través de huella digital, su uso es mucho más simple. Pero no hice consciencia de esto hasta que mi sensor de huella del celular se malogró. Tenía que colocar mi contraseña de seis números, que por más que lo hago casi en automático, me toma mucho más tiempo que antes. Además, se presenta el riesgo de que alguien pueda acceder a mi contraseña mediante maniobras, algo que no pasaría nunca con mi huella.

Y así, sin darnos cuenta la tecnología nos ayuda de manera constante en distintos escenarios. ¿Se imaginan que también lo haga en el mundo de los pagos? Podría ser que al momento de realizar los pagos ¿la autenticación sea más rápida y más segura? o también que ¿podamos prescindir, en lo posible, de contraseñas que nos cuesta aprendernos o que tenemos que cambiar continuamente? Y que precisamente por eso muchos cambios terminamos dejando anotadas en distintos sitios nuestras claves a las que terceros pueden acceder de manera sencilla.

Hoy en día para realizar los pagos digitalmente el usuario debe aprenderse una contraseña o debe digitar los datos de su tarjeta en la web donde va a comprar; volviéndose una difícil tarea aprenderse cada una de ellas. Es claro que los consumidores demandan cada vez una mayor conveniencia, pero sin comprometer la seguridad. Por su parte, para los comercios es fundamental que la experiencia de pago se fácil y de muy baja fricción.

Por esto, la industria de pagos ha evolucionado, y ya los consumidores no tienen que convertirse en una computadora humana de almacenamiento de contraseñas. La autenticación basada en factores como la biometría ya es un hecho. No obstante, para que este se termine de concretar al 100% es necesario que todo el ecosistema de pagos se desarrolle.

En el anterior blog hablábamos de que si los bancos emitían tarjetas con CHIP también las máquinas POS tenían que renovarse para aceptar estas tarjetas. Los esfuerzos en avances tecnológicos no valdrán la pena si solo se implementan a “un lado del mercado”. Se presenta entonces el problema tipo ‘el huevo o la gallina’ (¿quién existió primero?) El reto de adopción de nuevas tecnologías implica precisamente resolver ese problema mediante un avance coordinado de todo el ecosistema: quienes emiten medios de pago, quienes ofrecen servicios de aceptación a los comercios, y los proveedores de tecnología que hacen que los sistemas operen entre sí.

Una opción que resuelve este problema es la autenticación biométrica. En casos como plataformas del celular donde se descargan aplicaciones, la huella digital para autenticar compras es un buen ejemplo. También existe la autenticación a través del análisis de comportamientos e información del usuario con mecanismos de  Inteligencia Artificial.

¿Cómo funciona esto?

A través de un sistema se estudian los datos asociados a la transacción; es decir, elementos como el comportamiento del usuario, el historial de compras que realiza, los comercios, montos y horarios en los que normalmente se hacen las compras, todo lo cual permite calcular matemáticamente la probabilidad de que una transacción que se intenta, corresponda o no a un intento de fraude.

Por ejemplo, si quiero realizar una compra en la APP o en la web del cine es posible que la primera vez me pidan la clave de la tarjeta. Una vez que esta compra se convierta en un hábito, ya no me pedirán la clave porque es una que suelo hacer desde un mismo dispositivo. Esto genera una experiencia mucho más agradable y de mayor seguridad. El sistema va estableciendo patrones de comportamiento de acuerdo a las transacciones que uno realiza.

Por otra parte, los pagos legítimos que aparentemente corresponden a una transacción fuera de lo normal, son simplemente sometidos a un procedimiento adicional de autenticación, como puede ser la solicitud de una contraseña. Para los usuarios esto es una carga menos pues todo se va acomodando de acuerdo a su estilo de vida.

La ventaja de esta tecnología es que estos datos se recolectan con el historial del emisor de la tarjeta (bancos u otras instituciones financieras) y el historial del comercio, por lo que no se llega a revelar la identidad precisa del consumidor. Este tiene la seguridad de que sus datos privados no están siendo compartidos por todos los jugadores de la industria.

Con este sistema de autenticación se ayuda a las instituciones financieras y a los comerciantes a incrementar las tasas de aceptación de transacciones, pues muchas veces por combatir el fraude se rechazan compras que son legítimas. Al suceder esto último se perjudica la experiencia del consumidor y es probable que ya no quiera realizar compras en ese comercio o página web.

Una correcta implementación y adopción del mecanismo como la inteligencia artificial beneficiaría a todos. A los comerciantes y emisores les daría una mejor tasa de aceptación y menor tasa de fraudes, mientras que el usuario tendría la combinación de seguridad y conveniencia. La clave es lograr un equilibrio entre brindar estándares de alta seguridad a los pagos y al mismo tiempo una experiencia grata y fácil que facilite las decisiones y procesos de compra.

 

 

 

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