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Más allá del efectivo Felipe Rincón Felipe Rincón

¿Por qué es tan costoso usar el efectivo y quién lo termina pagando?

¿Se ha preguntado, alguna vez, por qué le gusta usar dinero en efectivo para sus compras?, ¿por qué prefiere llevar monedas en la cartera en vez de una tarjeta de crédito o débito?, ¿alguna vez se ha sentido inseguro, y va mirando de un lado a otro, para comprobar que nadie lo persigue por llevar dinero en el bolso?

La preferencia de los peruanos por el uso del efectivo todavía es alta, al igual que en otros países de la región, en consecuencia, la penetración de los pagos electrónicos es muy baja. A nivel mundial, Corea del Sur, Suecia, Singapur, y Uruguay son países que han logrado reducir significativamente el manejo de efectivo y elevar el uso de medios de pago electrónicos, porque comprendieron que les permite combatir problemas de evasión fiscal e informalidad, mejorar la transparencia en las operaciones comerciales y lograr una fiscalización tributaria más eficiente.

En Corea del Sur y Uruguay, se dieron medidas para incentivar el uso de medios de pago electrónicos, como por ejemplo, beneficios tributarios. Los contribuyentes surcoreanos que realizan pagos electrónicos obtienen descuentos en su declaración de renta anual, mientras que los uruguayos pagan un menor Impuesto General a las Ventas (IGV).

Promover el menor uso de efectivo está en el centro de la política pública, y tiene que ver con política tributaria e inclusión financiera. La mayoría de gobiernos tanto de los países desarrollados como emergentes han incorporado disposiciones para fomentar el uso de medios de pago electrónicos. En Perú recientemente se anunció que a partir de agosto todas las operaciones de compra de autos o viviendas, mayores o iguales a S/ 12,450, ya no se podrán realizar con dinero en efectivo, sino mediante un medio de pago del sistema financiero.

Las medidas para reducir el uso de efectivo y promover los pagos electrónicos son fundamentales para los objetivos y retos más importantes que tienen los gobiernos hoy en día: buscar equidad tributaria y combatir la informalidad. Es decir, que todos paguen lo que les corresponde y no se recargue el pago de impuestos en unos pocos. Esto tiene que ver con justicia tributaria, equidad y competitividad. En la medida que se repartan mejor las cargas tributarias se tendrán empresas más competitivas.

La reducción del uso de efectivo también ayudará a combatir la desigualdad a través de la movilidad social. Una sociedad donde la población no tiene acceso a los servicios financieros básicos como una cuenta de ahorros o una historia crediticia que le permitan pedir un crédito, es una sociedad donde difícilmente habrá buenos indicadores de movilidad social. Por el contrario, si tienen más acceso a los servicios y productos financieros tendrán mayores oportunidades de alcanzar un mejor nivel de vida.

Hoy en día a muchos de los hacedores de política pública les interesa fomentar una mayor movilidad social pues de esta manera se da a la población más oportunidades, se logra una sociedad más igualitaria a partir de mayores oportunidades de educación, trabajo y emprendimiento. El acceso efectivo a los servicios financieros básicos es una condición para crear tales oportunidades. Por ejemplo, la posibilidad de obtener crédito formal aumenta las posibilidades de crear una pequeña empresa que sea exitosa.

El uso del efectivo genera costos tanto directos como indirectos. Entre los primeros se incluyen los costos para el gobierno, para los comercios y el sector financiero. El gobierno tiene que imprimir los billetes o monedas, transportarlos, distribuirlos y combatir la falsificación. El dinero debe ser reemplazado continuamente. Por su parte, los bancos incurren en costos de operación de cajeros automáticos, oficinas, traslado del dinero y seguridad. Para los comercios los costos pueden ser enormes, asociados, por ejemplo, al riesgo de robos violentos, o incluso la misma merma del efectivo, considerando que pueden existir errores en el conteo de billetes y monedas.

Los costos indirectos los asume toda la sociedad y pueden alcanzar enormes sumas porque incluyen corrupción, inseguridad ciudadana y evasión fiscal. Ello, por cuanto las transacciones en efectivo son prácticamente invisibles para las autoridades y eso las hace ideales para conductas irregulares, lo que dificulta la recaudación tributaria. La exclusión financiera es otro costo indirecto, por muchas razones. Por ejemplo, las personas que no tienen acceso a productos básicos asumen mayores riesgos personales, tienen que gastar tiempo retirando dinero, pagando servicios públicos y no tienen una historia crediticia. Sin embargo, el desarrollo de nuevas tecnologías como el internet móvil, la penetración de teléfonos inteligentes, la entrada de nuevos competidores y la creación de nuevos modelos de negocio en la industria de pagos facilitan la inclusión financiera.

Hace años el paradigma era que el uso de tarjetas de crédito estaba enfocado en las personas adineradas pero con la tecnología y la aparición de los servicios novedosos de la economía digital eso cambió. Hoy en día en el mundo todas las personas necesitan acceso básico a pagos electrónicos, ya sea para subirse a un metro o para hacer una transferencia a un familiar de manera rápida. Pagar con medios electrónicos es fundamental para acceder a los miles de millones de contenidos, servicios y beneficios que lleva la conectividad a los pueblos y a los gobiernos a fomentar la inclusión financiera que simplemente le cambia la vida a las personas.

 

 

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