Repensar el desarrollo: El futuro se parecerá muy poco a su pasado
Dani Rodrik no deja de sorprendernos tanto por su abundante producción académica como la capacidad para reflexionar críticamente y de renovarse respecto de lo planteado por la economía estándar. En esta ocasión vamos a reseñar un artículo con el título de esta nota trabajado juntamente con Rohan Sandhu y Gordon Hanson, todos de la Universidad de Harvard. Este se publicó en Finanzas y Desarrollo del FMI en septiembre de 2026. https://www.imf.org/es/publications/fandd/issues/2026/09/rethinking-development-gordon-hanson
Mientras estos autores reflexionan y proponen nuevas salidas —aunque no nos gusten totalmente—, que eviten viejas recetas y que se adapten a las nuevas circunstancias, los economistas neoliberales peruanos repiten la misma fórmula de siempre basada en los sectores extractivos: Más minería intensiva en capital, pero con reducidos encadenamientos de producción y empleo; y con la misma inserción al mundo de varios siglos atrás en nuestra historia. Sin lugar a duda son arcaicos y nostálgicos; y el neoliberalismo es su perversión primitiva y simplista según Rodrik, Naidu y Zucman en un artículo previo.
Nuevo contexto
Sandhu, Hanson y Rodrik anotan que la economía mundial está entrando en una nueva etapa en la que la seguridad nacional y los objetivos geopolíticos cobran mucha importancia en las agendas de los países. Incluso dejando al margen el debilitamiento del multilateralismo y el auge del proteccionismo comercial, la industrialización orientada a las exportaciones ha dejado de ser una vía fiable para impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo. Al mismo tiempo, el cambio climático sigue siendo una amenaza constante, mientras que la revolución de las energías renovables ofrece esperanza y nuevas posibilidades de cambio estructural.
Estas disrupciones obligan a los países de ingreso bajo y mediano a repensar sus estrategias de crecimiento. Es necesario dejar atrás el enfoque de las industrias orientadas a la exportación y centrar la atención en la gran mayoría de trabajadores de los países de ingreso bajo y medianos empleados en los sectores de servicios tradicionales orientados al mercado interno.
Mejorar las condiciones de los vendedores ambulantes, los trabajadores de plataformas, los microemprendedores y otras personas que permanecen al margen de los mercados internacionales contribuirá en mayor medida al desarrollo de las economías nacionales que actividades como el ensamblaje de teléfonos inteligentes. Las autoridades harían bien en adaptarse cuanto antes.
Objetivos
Según Sandhu, Hanson y Rodrik el objetivo del desarrollo económico —en realidad crecimiento— no ha cambiado: aumentar la productividad de los trabajadores y brindarles la oportunidad de obtener un ingreso digno. En el pasado, las estrategias de crecimiento exitosas destacaban la importancia de desarrollar capacidades fundamentales y promover al mismo tiempo el cambio estructural. Los fundamentos económicos se centraban en la gobernanza, las instituciones, la integración de los mercados y el capital humano.
Ese cambio estructural se produjo con la industrialización, a medida que la mano de obra se desplazaba de la agricultura de subsistencia en las zonas rurales hacia el empleo manufacturero en las zonas urbanas. Cuanto más rápida era la industrialización, más rápido era el crecimiento económico resultante. Y a mayor inversión en los fundamentos económicos, mayor probabilidad de un crecimiento sostenible.
Límites y conclusión
Los autores señalan que este modelo ha alcanzado su límite y podría estar prácticamente agotado para muchas economías en desarrollo. Si se considera los futuros patrones de empleo en el mundo en desarrollo. Sobre la base de las actuales tendencias de demografía, escolarización, comercio e industrialización, se puede preparar algunas proyecciones aproximadas de la composición ocupacional.
En primer lugar, conviene señalar que la mayoría de los trabajadores no tendrán educación universitaria. En segundo lugar, más de las tres cuartas partes se desempeñarán en ocupaciones que no están expuestas directamente a la economía internacional. Lo más importante es que aproximadamente dos tercios de la fuerza laboral de los países en desarrollo trabajará en ocupaciones que no requieren estudios universitarios y pertenecen a sectores no transables, es decir, son actividades que no participan en el comercio internacional.
En su lugar, el desafío central del desarrollo —en realidad del crecimiento— económico actual es cómo aumentar la productividad en los empleos de sectores no transables, principalmente el de los servicios, que no requieren una formación universitaria convencional. Esa cuestión debería ser el hilo conductor de todas las conversaciones sobre el futuro de la estrategia de desarrollo.
Servicios no transables
Los autores destacan otras investigaciones sobre la importancia de los servicios para el crecimiento económico y, en particular, la reciente evidencia de los académicos Tianyu Fan, Michael Peters, Youdan Zhang y Fabrizio Zilibotti, que sugieren que hay un crecimiento importante de la productividad en muchos servicios orientados al mercado interno que tradicionalmente se consideraban estancados.
Al mismo tiempo, sus conversaciones revelaron que muchos líderes de economías en desarrollo siguen defendiendo firmemente la industrialización como vía para impulsar la diversificación económica, la transición verde, las exportaciones y el crecimiento. Al fin y al cabo, en la mayoría de los países, los servicios remiten en gran medida a actividades poco cualificadas, de baja productividad y de subsistencia.
Manufactura acotada
Sandhu, Hanson y Rodrik anotan que el sector manufacturero es importante debido a sus efectos positivos en la productividad y el aprendizaje, su capacidad para atraer inversiones y su contribución a la seguridad nacional. Sin embargo, ya no es un motor de creación de empleo como lo fue en el pasado. En la mayoría de los países y sectores, la actividad manufacturera se ha vuelto mucho más dependiente del capital.
El crecimiento de la productividad en enclaves industriales no es significativo para el desarrollo económico si no va acompañado de la creación de empleo para el resto de la población. Y centrarse en sectores como los semiconductores o el ensamblaje de teléfonos inteligentes o vehículos eléctricos no impulsará por sí solo ese crecimiento.
La prioridad debe ser aumentar la productividad en las actividades que hoy concentran, y seguirán concentrando, la mayor parte de estos empleos. Hay que actualizar las políticas industriales que sirvieron para impulsar la industrialización, pero esta vez orientarlas principalmente hacia los servicios no transables.
Estrategia alternativa
La estrategia, según Sandhu, Hanson y Rodrik, consta de dos ejes. Uno se centra en el lado de la oferta de trabajo, en la formación profesional y el desarrollo de la fuerza laboral. El otro corresponde a la demanda de trabajo, o el aumento de la productividad en las empresas locales. Estas dos caras de la moneda deben coordinarse para lograr el máximo impacto en el empleo productivo.
Sus proyecciones indican que, en el futuro previsible, la mayoría de los trabajadores de las economías en desarrollo pasará directamente de la educación secundaria al mundo del trabajo. Para que esa transición sea exitosa, es necesario repensar el enfoque del desarrollo de las competencias laborales.
Hoy en día, la educación secundaria en muchos países apenas contribuye a mejorar la capacidad de las personas para generar ingresos. La enseñanza no está orientada a las aptitudes laborales que demandan los empleadores, ni al desarrollo de las competencias interpersonales necesarias para acceder a buenos empleos y progresar profesionalmente.
Oportunidades de cambio
Los autores recuerdan que en muchas economías en desarrollo han establecido recientemente la obligatoriedad de la educación secundaria superior (de 15 a 18 años), o están considerando hacerlo. Esto abre la puerta a integrar la formación técnica y profesional en los sistemas educativos y dejar atrás modelos que no han funcionado. La evidencia muestra que este tipo de formación puede resultar eficaz en contextos muy diversos.
La creciente digitalización de los datos sobre educación y empleo, incluso en países de ingreso bajo, permite diseñar, poner a prueba y ejecutar programas adaptados a las necesidades específicas de los mercados laborales regionales de un modo antes inimaginable.
En los países de ingreso alto y en algunos de ingreso mediano, los programas de formación técnica y profesional (no universitarios) capacitan a los trabajadores para obtener un buen empleo en el sector de la salud, la construcción, los servicios personales y el soporte e infraestructura de TI. Estos enfoques, si se modifican de manera adecuada, pueden perfectamente aplicarse en todos los países en desarrollo.
El lado de la demanda
Sandhu, Hanson y Rodrik señalan que por el por el lado de la demanda se necesitan políticas industriales que se adapten mejor a las empresas más pequeñas que predominan en el sector de los servicios. Una estrategia consiste en incentivar a las grandes empresas para que inviertan en el desarrollo de las capacidades de sus proveedores u otras pequeñas empresas. Por ejemplo, las empresas de plataformas pueden prestar asistencia técnica y de comercialización a los comercios minoristas, las empresas de servicios de alimentación y los trabajadores de plataformas que utilizan sus sistemas.
El gobierno puede alentar a estas empresas a hacer aún más y colaborar con exportadores consolidados, operadores del sector minero y grandes minoristas para ampliar y mejorar la capacidad productiva de sus redes de proveedores locales. Muchos grandes empleadores cuentan con programas propios de capacitación que pueden adaptarse para beneficiar a una gama más amplia de empresas.
Recursos públicos
Otra estrategia, según los autores, consistiría en dotar a las microempresas y pequeñas empresas de recursos públicos para mejorar directamente la productividad. Muchos gobiernos ya ofrecen este tipo de servicios, desde préstamos hasta capacitación en gestión empresarial. Aun así, estos programas no suelen centrarse en la productividad y rara vez tienen en cuenta las limitaciones a las que se enfrentan las pequeñas empresas.
La evidencia obtenida de las intervenciones en las economías en desarrollo indica que la capacitación en gestión empresarial, la asistencia en materia de comercialización y el suministro de tecnología, si están bien focalizados, pueden impulsar la productividad y el empleo en las empresas informales de menor tamaño.
Aprendizaje
De estas nuevas políticas, centradas en los trabajadores o en las empresas, se desprenden varias enseñanzas clave. En primer lugar, los empleos productivos son el principal impulsor del crecimiento económico, y cuanto mayor sea su número, mayor será el crecimiento. La tecnología, la innovación, las exportaciones e incluso el crecimiento no bastan si solo benefician a un pequeño segmento de la fuerza laboral.
En segundo lugar, el éxito en materia de desarrollo dependerá en gran medida de la evolución de los servicios no transables. Esas actividades están dominadas por empresas más pequeñas, pero generan la inmensa mayoría de los empleos. Si su productividad no registra un incremento considerable, el desarrollo se estancará.
Experimentación
El éxito, según Sandhu, Hanson y Rodrik, dependerá de una cultura de aprendizaje y experimentación. Los gobiernos no pueden escoger ganadores, pues no saben de antemano qué funcionará. Esta incertidumbre debe tenerse en cuenta en el diseño de los programas públicos. Los enfoques colaborativos e iterativos, que pueden revisarse y están orientados a eliminar obstáculos mediante el apoyo público, deben sustituir a los programas centralizados basados en subsidios fiscales y parámetros fijos.
La estrategia está pensada en economías de bajos ingresos, que no es nuestra condición. En el caso del Perú porque no combinarla con el apoyo a los nuevos sectores productivos y exportadores que desarrollen clusters alrededor de estas actividades; asimismo, aprovechando los recursos generados por los sectores extractivos en un proceso de transición ecológica. Hay que tener la mente abierta.

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