La economía después del neoliberalismo: enseñanzas para los economistas peruanos
En esta oportunidad vamos a reseñar un artículo elaborado por los Profesores Suresh Naidu, Dani Rodrik y Gabriel Zucman con el título general de esta nota. Ellos son economistas reconocidos de las Universidad de Columbia; John F. Kennedy School of Government, Universidad de Harvard; y de Universidad de California Berkeley respectivamente. El documento original se publicó en español en la revista El Trimestre Económico, vol. LXXXVII (2), núm. 346, abril-junio de 2020 —y previamente en inglés en Boston Review, 15 de febrero de 2019—. https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/view/1077/1132
Sus argumentos y análisis se realizan desde la disciplina de la economía más actualizada, señalando que el neoliberalismo es su perversión primitiva y simplista. Asimismo, si bien sus comentarios están orientados a analizar especialmente a las economías desarrolladas son pertinentes al Perú. Ser críticos, pero a la vez propositivos no es ser un antisistema, comunista, antiminero, ignorante y los otros epítetos que nos adjudican; parece a la luz de este artículo que los atrasados y primitivos son ellos.
Resumen
Naidu, Rodrik y Zucman señalan que ante las evidentes desigualdades económicas que existen en los EE.UU, surge la necesidad de repensar la economía desde nuevas perspectivas. De esta manera, para las circunstancias actuales, el mercado ya no puede ser el eje central de la economía, ni el neoliberalismo, el fundamento único en el que se base.
Los autores proponen abrir el estudio de la economía más allá de los economistas y de lo cuantitativo, destacan la democracia y la equidad con el fin de lograr una prosperidad inclusiva. Ellos afirman que la economía contemporánea finalmente se está liberando de su fetichismo del mercado, lo que nos brinda una diversidad de herramientas con las que podemos construir una sociedad más inclusiva.
Antecedentes
Los autores señalan que vivimos en una era de enorme desigualdad. La disparidad de ingresos y de riqueza en EE.UU ha aumentado a niveles que no habíamos visto desde finales del siglo XIX, y se encuentra entre las más altas de los países desarrollados. Los salarios medios de los trabajadores estadunidenses se han estancado por casi 50 años. Cada vez menos jóvenes de ese país pueden esperar superar el nivel económico de sus padres. Las disparidades raciales en riqueza y bienestar se han mantenido tercamente.
En 2017 la esperanza de vida decreció por tercer año consecutivo y el sistema de salud parece ser deficiente e injusto. Los avances en la automatización y la digitalización preludian alteraciones aún mayores en el mercado laboral en los años por venir. Y los desastres provocados por el cambio climático alteran cada vez más la vida cotidiana.
Economistas en acción
Los autores creen que pueden resolver estos problemas, o que pueden aminóralos. Sin embargo, para ello se necesitará una amplia discusión pública sobre la adopción de nuevas políticas públicas. El papel de los economistas también es de gran importancia y, de hecho, ya han comenzado a actuar.
Las herramientas de la economía son de vital importancia para desarrollar un marco de políticas que dé pie a lo que llaman prosperidad inclusiva. Mientras que la prosperidad es la preocupación tradicional de los economistas, el adjetivo inclusiva exige que se tome en cuenta la distribución total de los resultados y no solamente el promedio, y, además, que la prosperidad humana se conciba en un modo más amplio, que incluya fuentes no pecuniarias de bienestar, como salud, cambio climático o derechos políticos.
Naidu, Rodrik y Zucman defienden a la disciplina de la economía. El neoliberalismo no es la aplicación constante de la economía moderna, sino su perversión primitiva y simplista. La economía contemporánea está llena de nuevas ideas para crear una sociedad más inclusiva, pero corresponde a los economistas la labor de convencer a nuestra audiencia de la validez de estas afirmaciones.
Malos hábitos
Los autores señalan que demasiados economistas creen que sólo sus herramientas cuantitativas y sus perspectivas teóricas son científicas, lo que los lleva a descartar disciplinas que se apoyan más en análisis cualitativos y en los conceptos verbales. Muchos otros sienten que deben ponerse del lado de los mercados porque, si no lo hacen ellos, nadie más lo hará.
Los economistas también suelen quedar prendados de modelos que se concentran en un conjunto de problemas reducido y buscan identificar la mejor opción en ese dominio circunscrito, sin importar las complicaciones potenciales y las implicaciones adversas que puedan tener en otros dominios.
Por ejemplo, un economista experto en crecimiento se despreocupará por los impactos en el mercado laboral. Otro en comercio recomendará bajar los aranceles y asumirá que es obligación de alguien más idear mecanismos de compensación para la gente que pierde su empleo. Un economista financiero diseñará regulaciones para salvar a los bancos sin tomar en cuenta cómo interactuarán dichas regulaciones con los ciclos macroeconómicos.
Muchas de las fallas en las políticas adoptadas— los excesos en la desregulación, la hiperglobalización, los recortes de impuestos o la austeridad fiscal— ilustran este razonamiento esquemático. Para que su trabajo sea útil, los economistas deben evaluar las políticas en la totalidad del contexto en el que se implementarán, además de tomar en cuenta su robustez en muchas configuraciones institucionales posibles y contingencias políticas.
Avances de la economía
Naidu, Rodrik y Zucman señalan que la economía se encuentra todavía algo aislada de las ciencias sociales debido a su individualismo metodológico, su abstracción basada en modelos y su formalismo matemático y estadístico. Sin embargo, en décadas recientes los economistas se han extendido a otras disciplinas y han incorporado muchos de sus razonamientos.
La historia económica está viviendo un resurgimiento: la economía conductual ha puesto en jaque al homo economicus y los estudios culturales se han generalizado. Como eje de nuestra disciplina, las cuestiones sobre la distribución están recuperando su antiguo auge. Los economistas han desempeñado también un papel importante en el estudio de la concentración creciente de la riqueza, los costos del cambio climático, la concentración de mercados importantes, el estancamiento del ingreso de la clase trabajadora y el cambio en los patrones de la movilidad social.
Más aplicada y empírica
Además, la investigación económica se ha vuelto significativamente más aplicada y empírica desde la década de los noventa. Esta tendencia hace más difícil idolatrar los mercados, pues hace más visibles sus inconvenientes. Los hallazgos empíricos recientes, por ejemplo, muestran que el comercio internacional produce grandes efectos adversos en algunas comunidades locales; los salarios mínimos no reducen el empleo, y la liberalización financiera produce crisis, no un crecimiento económico más veloz.
La economía—señalan los autores— tiene sus reglas universales, como los incentivos basados en el mercado, los derechos de propiedad claramente delimitados, el cumplimiento de los contratos, la estabilidad macroeconómica y la regulación prudencial. Generalmente, se cree que estos principios de orden superior conducen a un mejor desempeño económico. Pero éstos son compatibles con una variedad casi infinita de arreglos institucionales, cada uno de los cuales produce un resultado distributivo diferente y una contribución distinta a la prosperidad general.
Análisis institucional
Por tanto, se requiere un análisis institucional comparativo de desempeño económico, y no esos eslóganes locuaces que repiten los mercados funcionan. Es claro que los mercados se apoyan en una gran diversidad de instituciones. Están incrustados en las instituciones, como diría Karl Polanyi.
Sin embargo, el mismo tipo de indeterminación institucional— según Naidu, Rodrik y Zucman— permea todos los otros ámbitos políticos. ¿Qué instituciones del mercado laboral minimizan la inseguridad laboral sin poner en riesgo la creación de empleos? ¿Cuál es el mejor modo para proveer protección social sin debilitar los incentivos económicos? ¿Qué clase de regulaciones financieras aseguran la estabilidad financiera sin frenar la innovación? ¿Cuál es el mejor tipo de reglas monetarias y fiscales para una economía abierta? La economía no da respuestas fijas para estas preguntas. En lugar de ello, subraya las consecuencias potenciales de distintas opciones.
Hoy en día, existe una variedad considerable de acuerdos institucionales. Los acuerdos del sistema de bienestar y del mercado laboral, por ejemplo, cambian drásticamente entre países desarrollados. Pero la diversidad institucional plausible no se limita a las prácticas existentes. Se puede y necesita desarrollar nuevas instituciones. Nada en el laissez faire garantiza que el crecimiento será equitativo o que la globalización será sostenible. Se requiere diseñar políticas e instituciones que hagan posible la prosperidad inclusiva y que hagan sostenible la globalización, tanto política como económicamente. Y los economistas, por sus poderosas herramientas teóricas que les permiten abordar estos temas en términos abstractos, son cruciales para llevar a cabo esta tarea.
Algunas propuestas
Zucman (2019) propone cobrar impuestos a las multinacionales por medio de una distribución de sus ganancias en proporción a donde realizan sus ventas. Mientras que las empresas pueden trasladar fácilmente sus ganancias o su producción a jurisdicciones de bajos impuestos, las ventas son mucho más difíciles de manipular. La reforma permitiría cobrar impuestos a los ganadores de la globalización, una condición que parece necesaria para que sea sostenible.
Otros colegas utilizan lo mejor de la economía moderna para hacer una reafirmación contemporánea de una vieja idea: el gobierno debe proveer bienes públicos y seguridad social. Esta última mitiga los fallos más comunes y conocidos de los mercados de seguros de desempleo, pensiones y salud. La educación también debe ser pública porque generalmente los hijos siguen en la escuela antes de que sus padres alcancen su ingreso máximo, y porque los padres no pueden pedir préstamos con los ingresos de sus hijos como garantía.
Nuevas tecnologías
Korinek (2019) trata la cuestión de cómo las nuevas tecnologías afectan los mercados laborales y la distribución de ingresos. Afirma que la dirección del cambio tecnológico no es exógena y que depende de los incentivos establecidos tanto por los mercados como por los gobiernos. En particular, los innovadores pueden sobrestimar el costo social del trabajo e invertir demasiado en tecnologías que remplazan a los trabajadores. Asimismo, se propone que el gobierno fomente la tecnología por el rumbo de las innovaciones que tienen propiedades distributivas deseables.
Rodrik (2019) muestra que los acuerdos comerciales deben incluir cláusulas que eviten la competencia en márgenes injustos, y sus salvaguardias sociales otorgarían a los países una reclamación justificada por un amplio apoyo social, para que la restricción comercial se considere necesaria para mantener el contrato social vigente en esos países.
Instituciones no mercantiles y poder
Algunas de las propuestas consisten en consolidar las instituciones no mercantiles con ideas propias de la economía. La economía política democrática —donde la influencia del pueblo en las políticas públicas es igual para todos y las preferencias políticas son el resultado de un debate abierto y bien informado— debe tomarse en cuenta para todas las propuestas.
Se proponen maneras de reequilibrar el poder para fines económicos. Los sindicatos y los consejos salariales pueden controlar el poder del monopsonio en mercados laborales; atascar las ruedas de la globalización financiera puede mejorar la capacidad fiscal del Estado; regular los sistemas financieros privados puede prevenir las crisis. Dar al factor trabajo una mayor importancia en los acuerdos comerciales puede mejorar el diseño de estos; y restringir las contribuciones a las campañas electorales, así como facilitar el voto a los más pobres, puede aumentar la rendición de cuentas del sistema político; quedando pendientes muchas otras áreas para que la economía trabaje.

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