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Economía para todos Carlos Parodi Carlos Parodi

Burbujas Especulativas (parte 2)

En la entrega anterior definimos qué era una burbuja especulativa; veamos otra forma de pensar en una burbuja: las burbujas aparecen cuando el precio de mercado de un activo se separa del propósito básico del activo en cuestión. El mejor test para detectarlas consiste en preguntarse si queremos comprar el correspondiente bien de consumo para usarlo o el bien de capital para disponer de su capacidad para generar ingresos o con vistas a venderlo, para obtener un precio mayor en el futuro.

En la entrega anterior definimos qué era una burbuja especulativa; veamos otra forma de pensar en una burbuja: las burbujas aparecen cuando el precio de mercado de un activo se separa del propósito básico del activo en cuestión. El mejor test para detectarlas consiste en preguntarse si queremos comprar el correspondiente bien de consumo para usarlo o el bien de capital para disponer de su capacidad para generar ingresos o con vistas a venderlo, para obtener un precio mayor en el futuro.

En el caso de las viviendas, esto sucede cuando dejan de ser consideradas como un lugar para vivir y pasan a convertirse en un “negocio”, es decir, compro para esperar que suba y vender después; en el de los títulos-valores (acciones o bonos), cuando en lugar de sus dividendos futuros nos interesa conseguir con ellos un precio-objetivo a un plazo determinado. El problema es que no parece haber una referencia clara sobre el precio real de las cosas, si es que existe tal precio como algo conceptualmente distinto de su precio de mercado. Por lo tanto el razonamiento es circular: creemos que existen burbujas porque las cosas tienen un precio superior al real, pero no sabemos cuál es ese precio real.
Dicho de otro modo, una burbuja aparece cuando el precio de un activo excede a su valor fundamental porque los propietarios de los mismos creen que pueden revenderlo a un mayor precio en el futuro. Lo cierto es que a pesar de los avances en la identificación de las burbujas quedan preguntas por resolver, como la inexistencia de modelos formales que expliquen cuándo y por qué comienzan así como la actitud del banco central frente a una burbuja. Dos economistas que han estudiado el tema de las burbujas son Minsky y Shiller, cuyas interpretaciones revisaremos brevemente a continuación.  
Hyman Minsky (1992) desarrolló la hipótesis de la inestabilidad financiera; la fragilidad financiera aumenta durante los períodos de auge. La estabilidad es desestabilizadora, pues genera comportamientos que debilitan al sistema financiero. El crecimiento económico estable y sostenido, la baja inflación y otros indicadores alteran el comportamiento de los inversionistas, despiertan los espíritus animales y aparece la euforia especulativa. La sensación de complacencia, típica de períodos de tranquilidad, gatilla un proceso que lleva a los inversionistas a asumir riesgos excesivos; dicho de otro modo, la estabilidad altera la percepción sobre el riesgo y el significado de un nivel de deuda aceptable y el inversionista asume mayores niveles de deuda y riesgos; el boom crediticio es la respuesta del sistema financiero que también es víctima del mismo optimismo.  En determinado momento, el exceso de deuda, tanto de los inversionistas como de las entidades financieras obliga a vender activos para poder cumplir con los pagos. La venta masiva de los mismos lleva a caídas en los precios y a mayores pérdidas. 
Robert Shiller, economista de la Universidad de Yale, conocido como Mr. Bubble, predijo, tanto la burbuja de las acciones tecnológicas de fines de los noventa como la inmobiliaria, cuyo colapso originó la crisis de 2007 en los Estados Unidos. Shiller define a una burbuja como un incremento insostenible en los precios debido al comportamiento comprador de los inversionistas y no por información genuina y fundamental sobre su valor. En el mismo sentido, desarrolla la teoría del feedbackloop. En primer lugar aparecen algunos factores que precipitan el aumento en la demanda de los inversionistas y por ende el aumento inicial en el precio. En el caso de la burbuja tecnológica de fines de los noventa lista doce factores, entre los que destacan la aparición de la Internet y el impacto de la misma sobre la opinión pública, el triunfalismo y la caída de rivales económicos externos, la profundización de valores materialistas, la expansión en los medios de comunicación de la cobertura de las novedades de los negocios, etc. Dicho de otro modo, un grupo de factores despierta un exceso de optimismo por parte de los inversionistas y como consecuencia de ello aumentan la demanda por el activo. 
En segundo lugar, el aumento inicial en el precio eleva la ganancia de los inversionistas, por lo que ellos mismos u otros, cuyo objetivo es la especulación, generan una segunda vuelta de compras, lo que eleva nuevamente el precio y origina una tercera vuelta, etc. El proceso es sostenido por el aumento en el precio. De este modo, un grupo de factores precipitaron el aumento inicial en el precio, que es amplificado a otros incrementos no justificados por razones fundamentales, sino consecuencia de las expectativas. En una versión, la retroalimentación ocurre porque los incrementos anteriores en precios generan la expectativa de una elevación del precio en el futuro. En otra, la razón es una confianza creciente por parte del inversionista en respuesta a aumentos anteriores en el precio; inclusive podría tratarse de razones emocionales. Sea cual fuere la razón, la burbuja especulativa no puede crecer para siempre; en determinado momento el incremento en precios termina, pues los inversionistas dudan de mayores aumentos en el precio o sus niveles de endeudamiento ya no les permiten mantener la demanda y estalla la burbuja; como el precio deja de aumentar, no existe razón para mantener el activo y procede el mecanismo inverso: la venta del activo y la consiguiente disminución en el precio.  El mecanismo descrito permite comprender que la persistencia en la tendencia del precio de un activo puede explicarse por razones psicológicas vinculadas con las expectativas.

 

 

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