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Crisis europea: ¿Tiene salida?

Recientes datos confirman que la recesión se acentúa en la eurozona. Si la recesión se define como la caída del Producto Bruto Interno (PBI) durante dos trimestres consecutivos, entonces, al tercer trimestre de 2012, se encuentran en dicha situación los siguientes países: Bélgica, República Checa, Dinamarca, Grecia, Irlanda, España, Italia, Chipre, Hungría, Holanda y Portugal; además, varios otro grupo está cerca de registrar la misma situación.

Recientes datos confirman que la recesión se acentúa en la eurozona. Si la recesión se define como la caída del Producto Bruto Interno (PBI) durante dos trimestres consecutivos, entonces, al tercer trimestre de 2012, se encuentran en dicha situación los siguientes países: Bélgica, República Checa, Dinamarca, Grecia, Irlanda, España, Italia, Chipre, Hungría, Holanda y Portugal; además, varios otro grupo está cerca de registrar la misma situación.

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), España y Grecia
serían las economías de peor comportamiento en 2013. Esto significa que
la situación en Europa se ha deteriorado y de ahí que sea común ver en
las noticias el descontento social debido, por un lado a la falta de
empleo y por otro, a la reducción del gasto público en temas sociales.

En todos ellos, los problemas de sobreendeudamiento asociados sea a un
exceso de gasto privado o a un déficit fiscal se han enfrentado con
medidas de austeridad, una antigua receta que se implementó en América
Latina en la década de los ochenta; en términos simples, “como has
gastado por encima de tus ingresos, ahora tienes que gastar menos y
equilibrar tus cuentas. Para apoyarte te entregaré dinero a cambio de
que hagas reformas estructurales”. En otras palabras, te entrego el
dinero para que pagues tus deudas y  no caigas en moratoria a cambio de
reformas que permitan que me pagues después. Quienes definen el
contenido de las reformas son tres instancias: la Unión Europea (UE), el
Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI),
más conocidos como “la troika”. El dinero sale de los fondos de rescate
europeos, los que a su vez están conformados por dinero que ponen los
gobiernos de los países europeos, básicamente Alemania, Finlandia y
Holanda, pues son los que tienen cómo hacerlo.  El último país que ha
solicitado un rescate es Chipre, cuyos bancos son acreedores de bancos
griegos, que no pueden cumplir con sus pagos.1  El contagio ahora ha sido
de Grecia  a Chipre.  De ahí la presión de la “troika” a Grecia.

La receta suena lógica, pero si el gasto (demanda) baja, entonces el PBI
también disminuye y con ello la recaudación tributaria. El resultado es
una menor capacidad de pago de la deuda; en otras palabras, no
soluciona el problema. ¿Existe alguna solución? La historia económica
muestra que en estos casos extremos, más temprano que tarde, se ha
llegado a la condonación (moratoria conversada) de una parte de la
deuda. El problema en Europa es que bancos alemanes y franceses son
acreedores de bancos en los países afectados (aquellos, a excepción de
Irlanda que se encuentran al sur de Europa). De ahí la exigencia de la
austeridad: ahorrar fondos para pagar las deudas. En otras palabras, de
la idea de una Europa unida se ha pasado a una dividida en dos grupos:
los que prestan y los que deben.

Está claro que sin crecer no hay cómo pagar. Pero, para crecer tiene que
haber mayor demanda y posibilidades de expandir la oferta. ¿Quién puede
demandar bienes a Europa si están en una recesión profundizada (aunque
no originada) por las medidas de ajuste? La solución está en el campo
político. Ni tanta austeridad ni tanta inyección de liquidez; el
problema es que ahora solo ocurre la primera. Por lo tanto para
equilibrar el asunto el BCE debe inyectar liquidez a los países
combinada con una austeridad razonable. Pero ¿por qué tendría que ser el
BCE?  

La eurozona tiene un problema de diseño: desde que se implementó el
euro, los países dejaron de tener un Banco Central que actúe como
prestamista de última instancia. Esta función significa que ante
problemas de liquidez de un banco, el banco central emite dinero
nacional y acude al rescate. Con la creación de la eurozona, la función
desapareció, pues surgió un ente supranacional, el Banco Central Europeo
(BCE), que reemplazó a los antiguos bancos centrales de cada país, pero
sin tener la capacidad de inyectar liquidez a bancos en dificultades.
Como consecuencia, los bancos y los gobiernos quedaron expuestos a la
suspensión de pagos; para evitarlo se han planteado una serie de
opciones, como por ejemplo, que las autoridades europeas presten a los
gobiernos de modo que estos inyecten la liquidez a sus bancos en
dificultades, pero a cambio de estrictos programas de austeridad.

Adicionalmente cada país sí puede endeudarse a través de la emisión de
bonos, sin que exista mayor control por parte de las autoridades de la
eurozona. En términos simples cada país no tiene política monetaria
autónoma, pero sí política fiscal. Ningún país, miembro del eurogrupo,
tiene capacidad de emisión de euros, tarea que está en manos del BCE;
por lo tanto, ante necesidades de liquidez solo queda endeudarse, es
decir, generar déficit fiscales. ¿Es eso sostenible?

Mientras tanto, las últimas cifras muestran un aumento del desempleo: a
octubre 2012, la tasa de desempleo aumentó a 26.2% en España, 25.4% en
Grecia, 16.7% en Portugal y 14.7% en Irlanda, justo los países con
programas de ajuste.

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1Chipre se une a los siguientes países que han aceptado un rescate y por ende se encuentran aplicando programas de ajuste en el gasto: Irlanda, Portugal, Grecia y España.

 

 

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