Casa Alma Zamora: la casa creativa detrás de Why Not?
Cuando probé los vinos de Why Not? no sabía todo lo que había detrás. Sabía que venían de Ica, que el tinto y el blanco tenían carácter propio, y que las etiquetas merecían más que una mirada distraída antes de servir la copa. La máscara de cuernos curvos que mira fijo desde la botella la reconocí enseguida, es la diablada, una danza que sigo desde niña. Lo que no sabía era por qué estaba ahí, ni todo lo que había detrás del nombre Why Not? y de quién lo produce. Eso lo averigüé después.
Empecemos por el blanco, porque ahí estuvo la sorpresa mayor. Es un blend de Torontel, Albilla y Moscatel de Alejandría, tres uvas patrimoniales del valle de Ica que en el imaginario local suelen terminar en pisco, no en copa de vino. Lo que encontré fue frescura y fruta bien definida, con algo que no esperaba: una nota mineral, casi salina, que remite más al desierto que circunda el valle que a una bodega cualquiera. No es la primera vez que la aridez de Ica se cuela en una copa, pero sí es raro encontrarla en un blanco pensado para el día a día.
El tinto, un Red Blend, se mueve en otro registro. Ahí los taninos se sienten con más firmeza, hay un fondo de fruta negra madura y una nota floral, geranio y algo de lavanda, que sorprende en un vino de esta categoría. Misma casa, mismo origen, dos personalidades que no se parecen entre sí. Esa distancia entre uno y otro es, quizás, la primera señal de que detrás de Why Not? hay más criterio del que sugiere una etiqueta con dibujos de cómic.
Y las etiquetas son, en efecto, el otro protagonista de esta historia. Cada botella lleva una ilustración que remite a las máscaras de la diablada puneña, esa danza de cuernos curvos y colmillos que cada febrero domina la Fiesta de la Candelaria en Puno. Sumarle esto a una etiqueta de vino de Ica revela un proceso pensado de antemano: Why Not? convoca concursos de pintura entre artistas peruanos y selecciona las obras que terminan vistiendo cada edición. La etiqueta vive así su propio recorrido curatorial, independiente de la cosecha que contiene.
Detrás de todo esto está Casa Alma Zamora, una operación con sede en Ica que conviene entender bien porque no es una bodega en el sentido tradicional. Tienen instalación propia, destiladores, tanques, equipos de envasado, pero la describen como centro de creación más que como planta de producción. Desde ahí desarrollan Why Not?, pero también AMAYA, un destilado que toma al huarango como eje, con la promesa de sembrar un árbol por cada botella vendida, SOLARA, un espumante con uvas patrimoniales e ingredientes botánicos, y Runa Soncco, un pisco premium. Cuatro marcas, cuatro identidades visuales distintas, una misma filosofía de fondo: convertir territorio y biodiversidad peruana en producto con valor agregado, sin que ninguna marca sea clon visual de otra.
El modelo, según su fundador Juan Carlos Zamora Fuentes, funciona como ecosistema flexible: producción propia para algunos procesos, alianzas con bodegas y destilerías para otros, según lo que pida cada proyecto. Es una manera de operar más cercana a una casa de diseño con capacidad industrial que a una bodega familiar con apellido en la etiqueta, donde el valor se construye desde la identidad de marca tanto como desde el viñedo.
Todo el ecosistema de Casa Alma Zamora, Why Not?, AMAYA, SOLARA y Runa Soncco, se consigue en Lima a través de Cepas y Copas, su canal de venta directa, con una expansión selectiva hacia restaurantes y barras que recién empieza a tomar forma. De Why Not? en particular, mi recomendación es empezar por el blanco si la idea es una tarde ligera, y reservar el tinto para una mesa con algo de grasa y sabor firme, capaz de sostener esos taninos. Salud!

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