SuperUco: el Valle de Uco en su versión más honesta
Había perdido el rastro de SuperUco en Lima. No porque el proyecto hubiera dejado de interesarme, sino porque estas cosas pasan: los portafolios cambian, los importadores rotan, y de pronto una bodega que uno seguía con atención desaparece de las copas sin aviso. La grata sorpresa fue encontrarla de vuelta, esta vez de la mano de Cepas Nobles.
En 2011, cuatro hermanos y un socio construyeron una bodega octogonal en Los Chacayes, Valle de Uco, en medio de un viñedo plantado en círculos concéntricos. La geometría no era decorativa. “En la naturaleza no existen vértices ni líneas rectas”, explicó Matías Michelini. “Todo en el cosmos tiende a lo circular o curvo.” La arquitectura era ya una declaración de principios.
Gerardo, Matías, Gabriel y Juan Pablo Michelini, junto a Daniel Sammartino, amigo y socio de la familia, fundaron SuperUco con una premisa que suena simple y resulta difícil: dejar que el suelo hable sin interrupciones. Los Chacayes, Gualtallary y Paraje Altamira, tres microterroirs del Valle de Uco entre los 1.100 y los 1.450 metros de altitud, sobre suelos aluviales y coluviales formados por la erosión de la cordillera, sin materia orgánica abundante, donde las raíces crecen entre piedras. Suelos pobres en el sentido técnico, con la precisión mineral que solo da la escasez.
La respuesta práctica a esa premisa: agricultura biodinámica desde el inicio, levaduras nativas de los propios viñedos, fermentaciones en huevos de cemento y ánforas, con filtrados respetuosos. En octubre de 2020, el jurado internacional de Great Wine Capitals eligió a SuperUco como ganadora del Oro Mundial en Prácticas Sustentables del Best of Wine Tourism 2021, el único oro que se otorga por capital vitivinícola en esa categoría a nivel global. Un reconocimiento que compitió en representación de Mendoza contra las principales regiones productoras del planeta.
La línea Calcáreo es la versión más directa de esa filosofía. Tres Malbec, cada uno de una subzona distinta, más un Cabernet Franc que varía entre Gualtallary y Paraje Altamira según la añada. Vinos que el propio proyecto describe como “desnudos, frescos, salvajes”. Una descripción técnicamente precisa.
Cepas Nobles trae a Lima varias etiquetas del proyecto SuperUco. Me concentro aquí en cuatro de la línea Calcáreo, las que he tenido en copa. El Malbec 2022 reúne fruta de las tres subzonas en un solo vino: tenso, mineral, con una linda acidez.
El Cabernet Franc que reúne la frescura de San Pablo y la profundidad calcárea de Paraje Altamira, aparece en dos añadas, 2022 y 2023, lo que permite algo poco frecuente en una misma cata: ver cómo el mismo varietal y el mismo origen se comportan de una cosecha a la siguiente. Floral, herbáceo, con esa tensión calcárea que se instala en el paladar. Y luego está el Sauvignon Blanc 2025, que no me esperaba: fermentado y criado durante doce meses en huevo de cemento sobre sus lías, fresco, te despierta el paladar de golpe. Una novedad que vale la pena no dejar pasar.
La etiqueta lo dice sin palabras. Un cóndor andino con las alas abiertas, ilustrado con la misma austeridad que caracteriza los vinos: sin adornos, sin color, solo la línea precisa. Para SuperUco, el cóndor representa la libertad y el anhelo de nuevos horizontes. Para el Perú, el cóndor tiene otro peso: es un animal sagrado, majestuoso, presente en la cosmovisión andina desde antes de que existiera cualquier frontera. Que una bodega mendocina lo haya elegido como símbolo de su búsqueda de precisión y terroir no me parece casualidad. El cóndor vuela alto y no interviene. Igual que estos vinos.
He probado vinos con el apellido Michelini en distintos proyectos. Lo que los une no es un estilo sino una actitud: la convicción de que un vino honesto no necesita maquillaje. Los Calcáreo son la versión más directa de esa convicción. Vinos para las noches en que uno quiere entender algo.
Los cuatro están disponibles en Lima a través de Cepas Nobles, el importador que hace posible que este tipo de trabajo llegue a la copa. Salud!

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