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Uno de los principales problemas que se identifica cuando empezamos a educarnos en finanzas personales es que asumimos que la formación profesional nos permite manejar nuestras finanzas, tal y como se menciona en nuestra reciente publicación ¿Y si hacemos Dinero? – Aprende a ahorrar sin dejar de gastar  “Acostumbramos a confundir las finanzas personales con el curso de finanzas corporativas, en el cual nos enseñan a gestionar una empresa, a mantener sus indicadores en positivo y a identificar cuáles son los tipos de gastos existentes para hacer más productivo el negocio. No nos enseñan a manejar nuestro propio dinero. En mi vida profesional he conocido muchos gerentes responsables de operaciones de compra y venta millonarias y procesos complejos, pero poco cuidadosos en el manejo de sus finanzas personales, al punto que se encuentran reportados de manera negativa en una central de riesgos por no haber cumplido las obligaciones adquiridas; además de esto, el presupuesto de su casa es mucho mejor administrado por sus esposas. Elaborar un presupuesto empresarial no es igual a preparar un presupuesto personal o de la familia. El de nosotros tiene que estar de acuerdo con nuestras necesidades y, sobre todo, con la periodicidad de nuestros ingresos”. Como vemos, cuando hablamos de finanzas personales inmediatamente las relacionamos con conceptos de ahorro, presupuesto, crédito y por supuesto el conocimiento del sistema financiero.

Es necesario reconocer que el primer pilar para iniciar una adecuada cultura financiera es el ahorro, una de las definiciones más cercanas a la realidad nos presenta al ahorro como algo que sustituye el consumo presente por el consumo futuro, es decir, hoy dejo de gastar en algo pensando en que ese dinero que no he utilizado me servirá  para comprar otra cosa después, al día siguiente, la próxima semana, el mes entrante o el próximo año. Somos nosotros quienes establecemos el momento de ese consumo futuro y es ahí donde empezamos a pensar que el ahorro debe vincularse a algo y no se ahorra solo por el simple hecho de no usar el dinero, en otras palabras para que ese dinero “no gastado” sea considerado ahorro debe tener un objetivo, estar relacionado con nuestras metas personales y/o familiares y asociarlo directamente con un nombre en cada uno de los casos, sólo de esta manera lograremos que sea sostenible y no temporal. Si por el contrario, no existe una meta, la acción sería un simple dejar de gastar en algo y ese dinero quedaría “en el aire” y podríamos disponer del mismo para cualquier cosa y cuándo quisiéramos. En ese sentido para lograr nuestras metas se sugiere los siguientes pasos:

Definir para qué queremos ahorrar: En esta parte debemos hacer un análisis de lo que necesitamos y, a partir de ello elaborar una categorización y una priorización de lo que queremos adquirir en el tiempo, con la finalidad de tener claras las metas que estableceremos.

Identificar o investigar cuanto necesitamos ahorrar para lograr esa meta: Con este paso podremos conocer el monto total que debemos ahorrar. Es importante examinar alternativas y saber bien el precio de ¿Y si hacemos dinero? 21 aquello que deseamos adquirir; asimismo, debemos averiguar si este puede variar durante el periodo de ahorro.

Establecer de cuánto tiempo disponemos para ahorrar (en meses) o cuándo queremos lograr la meta: Gracias a este análisis sabremos en cuántos meses lograremos con- seguir lo que nos proponemos. Está directamente relacionado con el paso final.

Calcular cuánto tendremos que ahorrar al mes: Con toda la información anterior seremos capaces de calcular el monto mensual que necesitamos guardar o generar de manera adicional para lograr las metas previstas en el paso 1.

Empecemos a plantear nuestras metas de manera real y correcta para ir poco a poco consiguiéndolas e incrementándolas en el tiempo. Sin darnos cuenta veremos que pronto estaremos logrando y haciendo tangible todo lo que proyectamos ¿Empezamos hoy?

 

 

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