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Editorial: Michiquillay

Editorial de Gestión. "Cabe preguntarse qué puede asegurar que esta vez no habrá otra deserción, luego de las dos previas".

Michiquillay

Michiquillay está dentro del mismo distrito de cobre que algunos proyectos de Buenaventura, por lo que podrían combinarse en un "megaproyecto", señaló Gobitz.

INVERSIÓN. Los megaproyectos demoran mucho tiempo en materializarse, sobre todo en un país como el nuestro. El caso del yacimiento cuprífero de Michiquillay es un ejemplo emblemático: descubierto hace 58 años por la estadounidense Asarco, entonces dueña de Southern Perú, fue incluido en el proceso de privatizaciones de los 90, pero recién fue adjudicado el 2007, a la británica Anglo American, que lo devolvió al Estado el 2014, sin haber realizado ningún avance significativo. Luego estuvo en manos de Milpo, que se retiró a mediados del año pasado debido a discrepancias con ProInversión.

Milpo y Southern Perú –ahora propiedad de Grupo México– compitieron por la buena pro el 20 de febrero y resultó ganadora la segunda. Deberá pagar al Estado US$ 400 millones más una regalía anual de 3%, cuando Michiquillay inicie su producción, que la empresa estima que ocurrirá el 2025. Lo más interesante es que Southern Perú ha elevado de US$ 2,000 millones a US$ 2,500 millones la inversión que demandará la puesta en marcha del yacimiento.

Sin embargo, cabe preguntarse qué puede asegurar que esta vez no habrá otra deserción, luego de las dos previas. Una respuesta es China, que se ha embarcado en un programa de modernización de sus redes eléctricas, lo cual aseguraría una demanda futura de cobre. El reto de Southern Perú es sacar provecho de esa oportunidad y completar los estudios del proyecto, pues por ahora solo existen los de prefactibilidad. La empresa todavía no ha informado cuándo iniciará esos trabajos.

El otro gran desafío es la respuesta de las comunidades donde se ubica el yacimiento. Michiquillay está en Cajamarca, en la provincia del mismo nombre, que colinda con la de Celendín, donde está Conga. Si bien se han aprendido algunas lecciones, como lo prueba la creación del Fondo Social Michiquillay, cuyo objetivo es financiar programas de carácter social con parte de los recursos obtenidos a través de procesos de promoción de la inversión privada, habrá que estar atentos al accionar de los grupos antimineros.

El Gobierno ha elevado sus proyecciones de inversión minera, pero en lo que debería estar trabajando es en mejorar el esquema del canon, pues se ha sido demasiado permisivo con la manera en que se gasta ese dinero. Si bien Michiquillay recién generará canon cuando empiece a producir, la inversión que ejecutará hasta entonces impulsará la economía nacional en general y la cajamarquina en particular. Solo queda por confirmar si esta vez el megaproyecto sí se hará realidad.

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