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The Economist: El pequeño banco que sí pudo

Un alma valiente en Texas muestra que todavía se puede hacer banca desde cero en Estados Unidos.

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En Texas, hay un banco que desafió la crisis para crecer a la sombra de grandes competidores. (Foto: Reuters)

La sucursal principal de una sola planta del Texas Hill Country Bank, en Kerrville, está ubicada en la parte trasera de un deslucido centro comercial, a la sombra de un edificio de seis pisos de Wells Fargo. Cuando Roy Thompson, el director ejecutivo, fue contratado (desde Wells) en el 2012, tres años después de su apertura, dirigió una campaña publicitaria por radio para alertar a los lugareños de su existencia. Pidió a los oyentes que ayuden a una madre (suya) a encontrar a su hijo (el propio Roy), que había desaparecido después de unirse a un banco comunitario.

Si Thompson hubiese compartido el destino de muchos banqueros de ciudades pequeñas, habría permanecido desaparecido. Desde el 2012, más de 2,000 bancos estadounidenses han cerrado. Casi todos eran pequeños, que operaban a la sombra de los grandes bancos con enormes presupuestos para marketing, tecnología y cumplimiento regulatorio.

Por las mismas razones, casi no se han abierto nuevos bancos. Antes de la crisis, la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) aprobó cientos de actas constitutivas bancarias cada año. Desde el 2009 solo ha habido una docena en total.

Tan súbita ha sido la parada que la FDIC está tratando de alentar a nuevos bancos a abrir. En el 2017 publicó "Un manual para organizadores de instituciones nuevas". Ha llevado a cabo seminarios en siete ciudades sobre cómo establecer un banco. Pero pocos aspirantes a banqueros han atendido el llamado. Solo 12 solicitudes de licencias bancarias están pendientes.

West Texas es una brillante excepción. Texas Hill Country ha crecido constantemente desde su fundación en el 2009. Aunque los residentes de Kerrville aún se acercan a Thompson en la calle para declarar que lo encontraron, en realidad todos saben dónde está y quién es. En un recorrido por la ciudad, él explica a quién pertenece este astillero, ese taller de reparación de automóviles, el otro centro médico, pues les brindó financiamiento a todos, o espera hacerlo.

Texas Hill Country fue la creación de J. Bruce Bugg, un abogado fiscal que terminó la universidad mientras trabajaba en bancos. En 1989, a los 29 años, compró un banco y lo vendió con un beneficio. En el 2007 regresó al negocio, fundando el Bank of San Antonio, seguido por el Texas Hill y, el año pasado, el Bank of Austin.

En la década de 1980, muchos bancos texanos habían sido absorbidos después de una crisis financiera anterior. Después de la crisis del 2008, las sedes distantes cerraron sucursales y despidieron al personal. Los bancos estaban "invitando a sus clientes a salir", dice Bugg, y él estaba allí para recibirlos.

Hoy, el Banco de San Antonio ya no es considerado pequeño, con US$ 800 millones en activos. El rendimiento del capital es más del 12%. Texas Hill tiene US$ 117 millones en activos y el rendimiento sobre el capital sigue siendo un respetable 8.9%. Su éxito significó que Bugg fuera capaz de recaudar dinero para el Banco de Austin, que está en camino de ser rentable pronto. La mitad de sus 120 accionistas fueron lo suficientemente entusiastas como para presentarse a su primera reunión anual el 15 de mayo.

Los bancos pequeños, como inevitablemente pasa con ellos, enfrentan grandes desafíos. Pero se están atenuando. Los reglamentos, ajustados después de la crisis, han sido flexibilizados para las instituciones más pequeñas. El costo de la tecnología está cayendo. La base electrónica de los bancos de Bugg pertenece a Jack Henry & Associates, un proveedor de servicios de TI para instituciones financieras. El precio de sus acciones se ha multiplicado por seis desde la crisis.

Y los nuevos bancos también tienen ventajas, sostiene Bugg: no tienen activos malos, empleados desmoralizados o tecnología obsoleta, y cuentan con fuertes conexiones locales.

Cada uno de sus tres bancos está capitalizado por separado con accionistas locales, empresarios que actúan como embajadores. Cada uno es administrado por un experimentado exejecutivo de un gran banco, que, a través de opciones sobre acciones, puede poseer hasta el 5% de la institución que lideran. El modelo que Bugg está desarrollando no tiene patente. La banca comunitaria puede tener una reactivación.

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