
Decidir cuándo jubilarse ya es un cambio enorme, pero muchos desconocen que varias de las elecciones vinculadas a la Seguridad Social son prácticamente irreversibles. Por eso, definir a qué edad empezar a cobrar, cómo combinar tu beneficio con el de tu pareja o si seguir trabajando mientras recibes pagos puede ser la diferencia entre una jubilación holgada y años de apuros. En esta nota te contamos cuáles son las cinco decisiones más delicadas que conviene pensar muy bien antes de hacer clic en “solicitar beneficios”.

5 DECISIONES DE SEGURO SOCIAL PUEDEN ARRUINAR TU RETIRO SI TE EQUIVOCAS
A continuación, las cinco decisiones de Seguro Social que casi no podrás cambiar al jubilarte, por lo que debes pensar antes de elegirlas. La lista fue realizada por Jordan Rosenfeld, de Go Banking Rates.
1. Solicitar el Seguro Social demasiado pronto
Frederick Saide, socio gerente de MoneyMattersUSA, señala que pedir el Seguro Social antes de tiempo sigue siendo uno de los errores más frecuentes y uno de los que más arrepentimientos genera, porque muchas personas no entienden bien cómo funciona el sistema ni cuánto pueden llegar a vivir. Explica que muchos veían su beneficio como si fuera una cuenta de ahorros a su nombre, de la que podían “retirar” cuando quisieran, sin pensar en el impacto a largo plazo ni en cómo la inflación va erosionando una prestación ya recortada con el paso de los años.
Brady Lochte, asesor financiero fiduciario y fundador de Axon Capital Management, coincide en que muchos jubilados no comprenden los números detrás de solicitar el beneficio de forma temprana. Según él, la decisión más común es empezar a cobrar a los 62 años solo porque el dinero ya está disponible, sin medir las consecuencias. Para alguien cuya edad de jubilación completa es 67, eso significa aceptar una reducción permanente de alrededor del 30% del cheque mensual, lo que puede traducirse en una pérdida acumulada de US$400,000 o más en tres décadas de jubilación. La idea de “cobro antes y lo invierto por mi cuenta” casi nunca se cumple en la práctica porque la mayoría termina gastando esa diferencia en lugar de invertirla.
2. Errores al calcular cuánto tiempo vivirás
Muchas personas toman decisiones sobre su cheque de Seguro Social basándose en ideas poco realistas sobre su salud o sobre cuántos años creen que les quedan, y luego descubren, ya jubiladas, que se quedaron cortas en sus cálculos. Brady Lochte comenta que es común que alguien se jubile temprano pensando que no vivirá mucho por el estrés o el trabajo duro, pero una vez que deja ese empleo, su salud mejora y termina pasando más de 30 años con un beneficio reducido por haber sido demasiado pesimista.
Saide añade que el punto de partida siempre debería ser un análisis honesto de la longevidad esperada: a partir de ahí se puede estimar cuánto tiempo deben durar los ingresos y qué papel jugará el Seguro Social dentro de todo el plan de ingresos de retiro.
3. Decisiones sobre los beneficios para sobrevivientes
Las elecciones que se toman al solicitar el Seguro Social no solo afectan al jubilado, también determinan cuánto recibirá el cónyuge que quede vivo. Si la persona que más gana en la pareja pide su beneficio de forma anticipada, reduce para siempre el monto que su pareja podría cobrar como pensión de sobreviviente cuando él o ella fallezca.
Saide recuerda que aprovechar bien los beneficios de sobreviviente exige planificar con cuidado. Para mejorar ese pago futuro, es clave definir una estrategia sobre en qué momento debería empezar a cobrar la persona con mayores ingresos, viendo la Seguridad Social como una renta vitalicia ajustada por inflación.
4. Impuestos y Medicare, la combinación que muchos subestiman
Muchos jubilados asumen que el Seguro Social casi no paga impuestos o está libre de ellos, por lo que se llevan una sorpresa cuando empiezan a cobrar y ven cómo se mezclan los retiros de otras cuentas con las primas de Medicare. Lochte explica que los recargos de Medicare por ingresos altos (IRMAA) suelen tomar a la gente desprevenida: un aumento en el ingreso puede hacer que la Parte B pase de costar unos 185 dólares al mes a más de 500 dólares.
Saide añade que las herramientas de planificación financiera a veces simplifican demasiado este tema. Muchos programas ponen por defecto que el 85% del beneficio de Seguro Social será ingreso gravable, cuando en realidad podría ser solo el 50% o incluso quedar libre de impuestos, dependiendo del caso. Además, casi nadie ha oído hablar de IRMAA ni de cómo estos recargos pueden elevar de golpe lo que pagan por Medicare.
5. Confiar en consejos “de oído”
Otro error difícil de corregir es basar la solicitud del Seguro Social en datos incompletos o directamente erróneos. Ryan Monette, planificador financiero certificado de Savant Wealth Management, comenta que muchos de los peores errores vienen de no defender tus propios intereses al pedir los beneficios y de no buscar una segunda opinión profesional.
Asimismo, advirtió que, sin mala intención, amigos y conocidos pueden empujar a la gente a decisiones poco acertadas: muchos jubilados escuchan “a mí me fue así” y asumen que su situación será igual, cuando en realidad cada caso es distinto.







