No fue bueno, pero fue lo mejor. Quizá esa sea la conclusión a la que llegó el crítico Pete Wells cuando visitó el restaurante La Mar del chef peruano Gastón Acurio, ubicado en Manhattan, Estados Unidos.

La crítica se , algo así como el abre sésamo de la fama culinaria, en donde Wells calificó su visita de satisfactoria, pero no dejó escapar el mal servicio que encontró en el octavo local de La Mar en el mundo, inaugurado hace unos seis meses.

Comentó que el tacho de basura del baño de hombres estaba desbordando de papeles y no se hizo nada al cabo de una hora después de su visita. Luego narró que le sirvieron un vaso de Pisco Punch que al tacto estaba tan "pegajoso como un tarro de mermelada".

Respecto a lo culinario, Wells escribió que las explicaciones del menú no fueron lo suficientemente claras y que el plato de salmón macho ((un pescado a la parrilla acompañado de papas y un guiso de ají amarillo y salsa de mariscos) tenía el pescado quemado y la carne reseca. "Fue más que un descuido", dijo.

ElogiosSin embargo, todo no fue negativo. El crítico Wells enalteció los anticuchos y admitió ser su "plato favorito".

El ceviche de La Mar sólo le pareció "convincente", con "un sabor vivo y potente" y una leche de tigre "tonificante". Otros platos alabados por Well fueron el tiradito Nikkei y el lomo saltado.

En cuanto al pisco, el crítico del New York Times dijo que los bartenders pueden batir un pisco sour bastante bueno, pero el problema es que sólo lo hacen cuando el cliente pide una marca más cara de pisco.