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El rol de la banca privada en el sector productivo

Por Julio de Armas,  ejecutivo principal de CAF en Ecuador

Uno de los principales factores históricos que explican las brechas económicas de América Latina en relación a otras regiones del mundo tiene que ver con las bajas tasas de productividad. Y actualmente, en un contexto internacional menos favorable para los mercados emergentes, incrementar la productividad es indispensable para generar un mayor bienestar, favorecer el crecimiento económico, aumentar la competitividad e integrarse en las cadenas de valor globales.

 

Entre los principales factores que limitan la productividad se encuentran la falta de competencia, el limitado acceso a insumos de calidad, las ineficiencias en los mercados laborales (lo que usualmente se traduce en un gran número de empresas informales), la falta de desarrollo y profundidad en los mercados de crédito y la baja inversión en ciencia, tecnología e innovación.

El sector productivo juega un papel fundamental en el crecimiento económico de los países. El crecimiento de la producción depende en gran medida de la capacidad que tienen las empresas de ser más productivas. Financiar sus costos de producción, acceder a nuevas tecnologías y actualizar sus procesos, entre otros, son los espacios en donde el sistema financiero puede acompañar al sector privado para alcanzar estos objetivos. El acceso a financiamiento es uno de los aspectos del entorno empresarial más frecuentemente citados por las empresas como un obstáculo para su crecimiento.  Desde el Siglo XVIII se establece una relación de causalidad entre el sector bancario y el desarrollo, al referirse Alexander Hamilton a los bancos como los mejores motores que hayan sido creados para alcanzar crecimientos económicos.

Un buen ejemplo lo encontramos al comparar la evolución de la cartera comercial y el comportamiento del PIB en Ecuador en los últimos 10 años. En ambos casos se aprecia una caída en 2009 y 2015, producto de la crisis económica que sufrió el país en dichos períodos. Y, al igual que el PIB, el crédito muestra un crecimiento más pronunciado en los años 2011 y 2017, como consecuencia de mayores niveles de liquidez en la economía ecuatoriana. De hecho, para el caso ecuatoriano un incremento en la cartera de un 1%, estaría asociado a un incremento en la actividad económica entre 0,10-0,15 puntos porcentuales adicionales, en promedio.

La cartera de créditos del sistema financiero ecuatoriano al cierre de 2018 se ubicó en USD 31.992 millones y está segmentada en: Comercial (47%), Consumo (31%), Microcrédito (10%), Vivienda (7%) Inversión Pública (4%) y Educativo (1%). La cartera Comercial registró un crecimiento real durante el 2018 de 14,3%. Este comportamiento se ubicaría sobre el percentil 80 de los últimos 11 años, es decir, estaría entre el 20% más alto observado desde que se tiene registro de este indicador. En valores absolutos, esta cartera se incrementó en USD 1.295 millones al cierre de 2018, con respecto al cierre anterior. Este monto representa 1,2% del PIB, sugiriendo una leve desaceleración respecto a 2017 cuando creció en USD 1.618 millones o 1,6% del producto.

Cabe destacar que la cartera Comercial en Ecuador está principalmente compuesta por Crédito Comercial Ordinario (aprox. 35%), Manufactura (aprox. 26%) y Agricultura (aprox. 10%), que son tres de los sectores de mayor relevancia en el PIB (10%, 14% y 9%, respectivamente). De esta forma, la cartera de crédito Comercial tiene una relación positiva con los sectores que más aportan al crecimiento de la economía nacional.

Lo anterior sugiere que a mayor contribución de un sector al crecimiento de la economía, el sector financiero dirige mayores volúmenes de crédito y su participación en la cartera productiva tiende a ser mayor. El financiamiento a empresas por parte de la banca privada es necesario puesto le permite a estas últimas explotar oportunidades de crecimiento e inversión y lograr un mayor equilibrio. De la misma forma, las empresas pueden implementar de manera segura planes estratégicos que les permitan expandirse en mercados globales, invertir en renovación de maquinaria, hacer más productivos sus procesos y elegir formas organizativas más eficientes.

Aun así, el aporte de la banca comercial a la productividad no está dado únicamente por sus intervenciones en empresas existentes, sino también por la disponibilidad de financiamiento a empresas nuevas: indicador importante del espíritu empresarial, así como del dinamismo y la innovación de las empresas.

En términos más generales, la banca privada le permite a la economía desarrollar su potencial de creación de riqueza en sectores productivos que podrían darle al país una ventaja comparativa al contar con financiamiento que vaya de la mano con el desarrollo de los sectores con mayor potencial. El reto de la banca comercial para acompañar en un horizonte más estable al sector privado radica en estar presente con condiciones de más largo plazo, que les permitan a las mismas tener acceso a financiamiento más acorde a las necesidades de sus negocios.

 

 

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