La ruleta electoral: el costo de la incertidumbre tributaria
Por Maricielo Olimpia Fernández, estudiante de Derecho de la Universidad del Pacífico.
Imagine una junta de accionistas evaluando un nuevo proyecto de inversión en el Perú. Los números son favorables y el proyecto es técnicamente viable; sin embargo, surge una interrogante que paraliza la mesa: ¿qué pasará con las reglas del juego después de las elecciones? ¿Subirán los impuestos de pronto? ¿Cambiarán las leyes que hoy nos dan confianza para invertir? En el Perú, cada proceso vuelve a poner en duda reglas que deberían ser estables. Más allá del color político del ganador, la falta de previsibilidad frena decisiones clave.
No es una percepción aislada: los datos de Apoyo Consultoría revelan que el 90 % de las empresas identifica la inestabilidad fiscal como un riesgo operativo relevante. Y cada vez que se acerca una transición política, esto se hace evidente: los datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) muestran que los cambios de mando suelen coincidir con una desaceleración de la inversión privada. El motivo es simple: cada proceso electoral somete a revisión la continuidad de las reglas actuales, generando un escenario donde el inversionista pone en pausa las decisiones de inversión. Este comportamiento no es menor: debilita el crecimiento del PBI y posterga oportunidades concretas para el país.
El problema se vuelve más serio cuando las reglas pueden cambiar —o reinterpretarse— en el camino. Cuando los criterios aplicados por la SUNAT no son previsibles, lo asume quien invierte. Es como si en un partido de fútbol, el árbitro decidiera a mitad del juego que las jugadas del primer tiempo ahora requieren un requisito adicional para ser válidas. No se trata únicamente de cuánto se paga hoy, sino de cuánto se podría cuestionar en el futuro tras un planeamiento tributario legítimo. Cuando la falta de claridad se vuelve la regla, el inversionista prefiere buscar otros mercados.
A nivel internacional, las economías más competitivas han entendido algo básico: las reglas tributarias no pueden cambiar con cada gobierno. Las convierten en políticas de Estado. En el Perú, en cambio, las reglas parecen renovarse —o ponerse en duda— en cada elección. Así es imposible pensar en el largo plazo.
El verdadero desafío no consiste solo en recaudar más, sino en generar confianza.
Cada proyecto detenido significa menos empleo, menos crecimiento y menos oportunidades.
Mientras las reglas tributarias dependan del vaivén político y no de criterios técnicos sólidos, el Perú seguirá frenando su propio crecimiento. La estabilidad tributaria no es un privilegio empresarial, sino una condición necesaria para el desarrollo económico del país. Si cada elección redefine las reglas, el país seguirá apostando su crecimiento a una ruleta

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