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Parece que en Lima No Llueve

En las últimas semanas he visto varios comentarios sobre varios días de lluvia en Lima, incluyendo unas imágenes de la limpieza del centro comercial Jockey Plaza inundado. He visto comentarios irónicos sobre la frase que menciono en el título y otros con más visión social recordando que donde más sufren de esta situación es en los barrios más marginales de Lima. En paralelo, eventos en diferentes lugares del mundo permiten reflexionar un poco más sobre la famosa afirmación y sus consecuencias negativas. Veamos.

En las últimas semanas he visto varios comentarios sobre varios días de lluvia en Lima, incluyendo unas imágenes de la limpieza del centro comercial Jockey Plaza inundado. He visto comentarios irónicos sobre la frase que menciono en el título y otros con más visión social recordando que donde más sufren de esta situación es en los barrios más marginales de Lima. En paralelo, eventos en diferentes lugares del mundo permiten reflexionar un poco más sobre la famosa afirmación y sus consecuencias negativas. Veamos.

 

Hace unos 15 días hubo fuertes tormentas eléctricas en el sur de Francia y en el Oeste de Suiza alrededor del lago Lemán, que incluyeron caídas de gruesos bloques de granizo. Estamos hablando de países muy desarrollados. A pesar de eso, tuvieron algunas malas sorpresas:

 

. sistemas de drenaje de aguas pluviales, que, a pesar de su omnipresencia, fueron completamente desbordados, con las consiguientes inundaciones urbanas; en algunos casos parece haberse producido un problema de falta de mantenimiento suficiente, pero en otros sencillamente que no estaban diseñados para esos niveles de precipitaciones en un tiempo corto

. en Francia en general los agricultores están muy asegurados, y hay seguros obligatorios vehiculares y casi obligatorios para daños causados por el agua, y en los días siguientes hubo enormes colas delante de las agencias de las empresas y corredores de seguros; se puede ver como algo muy positivo (¿se vería eso en nuestro país?), pero también hubo sorpresas: gente mal asegurada que para ahorrar en primas había escogido excluir de la cobertura cosas que hubiera sido mejor no excluir, y también gente que no lo estaba.

 

En Lima no hay ni drenaje de aguas pluviales, incluso el alcantarillado anda obturado por toda clase de deshechos o está mal construido (ver caso San Juan de Lurigancho). En cuanto a la cobertura por seguros, es muy escasa. O sea que imaginemos que vuelvan a producirse eventos como el aguacero de 1970 o el del 1981, en una aglomeración Lima-Callao muchísimo más poblada y construida que entonces.

 

Se recuerda a menudo con razón que Lima es una de las mayores ciudades del mundo en un desierto, con un riesgo mayúsculo de estrés hídrico. Pero eso no es para nada incompatible con el riesgo de fuertes lluvias empeorado por el cambio climático (tanto en intensidad como en frecuencia). Eso es lo que está sucediendo en varios países africanos del Sahel, supuestamente más expuestos a sequías (y lo siguen siendo). La capital senegalesa de Dakar o la mauritania de Nuakchott son buenos ejemplos de ello. El problema de las grandes lluvias en ciudades no preparadas es que se termina con zonas inundadas por un período largo, y con agua mezclada en general con aguas servidas, con los consiguientes riesgos sanitarios adicionales. En Lima se logró la “hazaña” de tenerlo sin lluvia, como en San Juan de Lurigancho, ¿pero no es algo que ya es familiar en el Norte, como lo mostró el Niño Costero del 2017?

 

El problema es que en Lima se está evolucionando desde hace varios años hacia el estatus de una ciudad donde llueve más a menudo, y a veces bastante. Y ya tenemos los primeros indicios que tormentas como las que se producen en la Sierra se acercan a Lima: ¿no hubo rayos y truenos una vez en una zona de San Juan de Lurigancho? O sea que estaríamos conociendo una evolución en cierta forma parecida a la de varias grandes ciudades costeras del Africa del Oeste.

Pero demasiada gente sigue actuando como si la evolución no se estuviese produciendo, siguen pensando que “en Lima no llueve”:

 

. no se protegen los techos construidos anteriormente, de ahí numerosas goteras hasta en edificios de entidades oficiales, o hasta en establecimientos comerciales “de primer nivel”; pocos son los que toman disposiciones preventivas (las hay algunas muy simples, a falta de techos adecuados)

. se sigue construyendo los techos como si Lima fuese una ciudad sin lluvia; ningún sistema de evacuación de agua de lluvia, techos completamente planos, es más con barreras que los convierten casi en piscinas; aparentemente las normas de construcción no han cambiado para nada al respecto (¿o cambiaron y no se cumplen, un gran clásico?) e imagínense la situación de las construcciones precarias de los sectores más pobres

. en cuanto a sistemas de drenaje de aguas pluviales, no he visto que se estén construyendo. Espero que por lo menos ya se estén planeando. Si no, el espectáculo de avenidas inundadas y de aguas mezcladas con aguas servidas no hará más que aumentar.

 

Evidentemente, una gran ciudad poco o nada preparada para lluvias frecuentes, y aún menos para episodios de lluvias fuertes y súbitas, está expuesta a conocer múltiples episodios de diferentes formas de incidentes de riesgo operacional, y sobre todo de problemas de continuidad del negocio u continuidad operativa. Además de situaciones cada vez más insoportables para la vida diaria de los más desfavorecidos.

 

La cuestión es: ¿hay suficiente gente en la administración pública peruana, incluyendo a las de Lima y Callao, para tomar conciencia del tema y transformar a la aglomeración limeña en una que sea más organizada como una “ciudad donde llueve” como otras en América Latina? Nunca se puede prever todo, pero organizarse de manera diferente ya es mejor que seguir pensando algo que ya no es cierto. Y aunque la capacidad del Estado para organizarse como se debe “ahí donde sí llueve” no parece muy obvia que digamos; quizás los alcaldes de ciertas grandes ciudades de la Sierra puedan enseñarle algo a Lima y Callao, incluso sus lecciones aprendidas.

 

Por supuesto que la aglomeración limeña debe seguir preparándose para el gran riesgo sísmico obvio a la que está expuesta. Pero ello no significa que deben olvidarse los otros frentes sobre los cuales ya tuve la oportunidad de escribir antes:

. los episodios de sequía y falta de lluvias que pueden dejar a la capital sin agua o con un severo racionamiento de ésta

. los huaycos en la cuenca del Rímac que pueden dejar a La Atarjea inoperativa por varios días, como ya ha sucedido, o causar un envenenamiento del río Rímac a causa de los peligrosos desechos tóxicos almacenados en ciertas zonas

. y el que es objeto de este post, tema sobre el cual me parece más bien notar muy poca conciencia.

 

 

 

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