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Riesgos Financieros Gregorio Belaunde Gregorio Belaunde

¿Un Mundo de “Banca Limitada” y sin Bancos Centrales?

En el post anterior en el que mencionaba a la Escuela Austríaca de Economía, tuve la oportunidad de comentar que una parte de sus miembros no sólo criticaba el rol que los bancos y los bancos centrales podían jugar como generadores de crisis financieras, sino que propugnaba que los bancos que recibían depósitos del público no pudieran prestarlos, y que no existieran bancos centrales.

En el post anterior en el que mencionaba a la Escuela Austríaca de Economía, tuve la oportunidad de comentar que una parte de sus miembros no sólo criticaba el rol que los bancos y los bancos centrales podían jugar como generadores de crisis financieras, sino que propugnaba que los bancos que recibían depósitos del público no pudieran prestarlos, y que no existieran bancos centrales.

 

Los representantes más conocidos de este punto de vista, por su radicalismo, son el norteamericano Murray Rothbard y el español Jesús Huerta de Soto, que consideran incluso el hecho de prestar a partir de depósitos guardando sólo una parte como reservas (el llamado “fractional reserve banking

”, que es la banca moderna tal como la conocemos desde hace siglos) como una forma de fraude y de robo que debería ser prohibida. Ambos se han considerado además “anarco-capitalistas”, que buscan que el Estado esté reducido a su más mínima expresión, y son así una rama de “libertarios”. En los EE.UU. existe además un Partido Libertario del cual formó parte Murray Rothbard, pero también el conocido congresista republicano y ex candidato presidencial Ron Paul; en realidad, muchos miembros de ese partido han oscilado entre éste y el Partido Republicano, y son partidarios de un estado federal mínimo y a menudo del regreso al patrón-oro.

 

Ello no quiere decir que se opongan a toda actividad de intermediación financiera: básicamente ella debería estar basada en actividades de tipo fondos mutuos, cuyos “accionistas” no tendrían ningún tipo de protección como lo que conocemos a través de fondos de seguro o garantía de depósitos. Invertirían en instrumentos de mercado por su cuenta y riesgo. Los bancos sólo prestarían servicios como cheques y transferencias, y los depósitos serían guardados totalmente en cash, el llamado “full reserve banking

”. En un sistema así no habría lugar para un banco central, una institución que empezó a existir en el siglo XVII en Suecia, y que permitió entre otras cosas hacer mejor frente al riesgo de “corridas bancarias”, que luego se extendió junto con el desarrollo de la regulación y supervisión financiera y de los fondos de garantía de depósitos. Para los partidarios del “

full

o

100 % reserve banking

”, los bancos centrales serían una manifestación más de indebido intervencionismo estatal, a favor de un grupo de bancos fundamentalmente “corruptos”. En versiones menos radicales, algunos propugnan que sólo sean “prestables” los depósitos a plazos, no las cuentas de ahorro y depósitos a la vista, y a veces cabe preguntarse si los que propugnan altísimas tasas de encaje bancario y reglas muy duras de gestión del riesgo de liquidez que eliminarían gran parte del llamado “riesgo de transformación“(prestar largo con fondeo sobretodo corto), no estarían aplicando en la práctica esa versión más moderada.

 

Lo interesante es que ideas similares aparecieron también de parte de economistas que no pueden considerarse como Austríacos, justo a la luz de los eventos de la crisis del 2007-2008 como el norteamericano Laurence Kotlikoff con su propuesta de una “banca de alcance limitado” (Limited Purpose Banking

) en su artículo del 2009 en la revista Forbes llamado “

A Banking System we can Trust

” (un sistema bancario en el cual podamos confiar), con un sistema en parte híbrido, y donde proponía una suerte de super-regulador financiero que tendría incluso responsablidades operativas. Hasta el conocido editorialista del Financial Times Martin Wolf propugnó el

full-reserve banking

.

 

Entre los mayores críticos de estas propuestas se contó Krugman, quien consideró que se terminaría con toda la intermediación financiera operando en la llamada “banca en la sombra”, muy difícil de controlar.

Desde el punto de vista de la gestión del riesgo económico-financiero sistémico, este tipo de propuestas que supuestamente evitarían las crisis financieras, me dejan muy escéptico por varias razones:

 

. basta leer a Kindleberger y Minsky y ver lo que ha estado sucediendo en muchos países en estos últimos años; siempre va a haber muchísima gente dispuesta a buscar rápidas ganancias y con comportamientos de manada, “manías” como dijo el primero, con entusiasmos desbordados por ciertos activos, con enormes burbujas que se forman en poco tiempo; esto es algo que aparece con o sin crédito si uno observa la historia financiera, aunque sea cierto que si el crédito es posible para esas actividades el potencial de destrucción es aún mayor. ¿No lo vemos ya con las burbujas bursátiles? Y las caídas y efectos macroeconómicos pueden ser aún más brutales sin el rol amortiguador que pueden jugar los bancos centrales y los fondos de seguros de depósitos.

 

. desde que descubrí ese tipo de ideas, he tratado de imaginarme un mundo sin bancos y otras instituciones financieras tal como los conocemos; creo que el acceso al financiamiento para las personas, salvo para los más ricos, y para las pequeñas y medianas empresas, hubiera sido muchísimo más difícil. Estaríamos seguramente mucho más atrasados en términos de desarrollo económico y de la democratización de este último, es decir en cuanto al desarrollo social.

 

. he tratado de imaginarme también un mundo sin bancos centrales, que en muchos países juegan un rol amortiguador al ser “prestamistas de último recurso”, y que contribuyen a poner orden en el mercado cuando hacen bien su trabajo de supervisión financiera (incluso cuando este trabajo lo hacen entidades independientes de supervisión y regulación financiera, los bancos centrales también juegan un rol complementario clave). No puedo dejar de pensar que sería un mundo no de recesiones periódicas y de depresiones de muy poca frecuencia, sino más bien de frecuentes y brutales depresiones económicas, teniendo como consecuencia desigualdades mucho más brutales que las que ya tenemos; no, gracias, prefiero de lejos el pragmatismo y la compasión a una pureza intelectual que a veces recuerda a los fundamentalismos marxistas-leninistas y religiosos.

 

Es cierto que muchas crisis financieras generan “ganas de patear el tablero” y de reformarlo todo de manera radical. Pero las soluciones que se inventan con ese tipo de actitud mental suelen ser muchas veces peor que el mal que se quiere arreglar.

 

Entonces me quedo definitivamente con la banca tal como existe que ha sido comprobadamente un factor de aceleración del desarrollo, con los bancos centrales y otras entidades de supervisión financiera. De todas maneras los ciclos económicos y los eventos catastróficos inesperados son inevitables, entonces siempre habrá crisis financieras, mucho más útil es ver cómo seguir mejorando la regulación y supervisión financiera, tanto la micro como la macro-prudencial, y cómo tratar de reducir las burbujas y amortiguar las crisis, con una mirada integral que incluye a temas como el seguro contra el desempleo, el clásico como el que podría derivar del provocado por desastres naturales, y la promoción de los seguros para las empresas y otras unidades productivas, una gestión fina, aunque sea difícil, de las reestructuraciones de los créditos y las bancarias, así como las políticas de estímulo fiscal cuando se necesitan.

 

 

 

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