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Riesgos Financieros Gregorio Belaunde Gregorio Belaunde

La Gestión del “Riesgo Catastrófico”

Durante mucho tiempo la actitud mental frente al riesgo catastrófico, en todas sus variantes, fue la de una suerte de fatalismo combinado con una “auto-desresponsabilización”. Se hablaba de eventos inevitables e irresistibles frente a los cuales no se podía hacer gran cosa y se usaba mucho por ejemplo la noción de “Acts of God” (Actos de Dios), que algunos bancos intentaron incluso usar durante la Crisis Rusa de 1998 para no hacer frente a sus obligaciones. Felizmente hay muchas medidas de gestión del riesgo que pueden tomarse tanto a nivel “micro” como a “nivel macro”, o mejor aún, con una combinación inteligente de ambos enfoques.

Durante mucho tiempo la actitud mental frente al riesgo catastrófico, en todas sus variantes, fue la de una suerte de fatalismo combinado con una “auto-desresponsabilización”. Se hablaba de eventos inevitables e irresistibles frente a los cuales no se podía hacer gran cosa y se usaba mucho por ejemplo la noción de “

Acts of God

” (Actos de Dios), que algunos bancos intentaron incluso usar durante la Crisis Rusa de 1998 para no hacer frente a sus obligaciones. Felizmente hay muchas medidas de gestión del riesgo que pueden tomarse tanto a nivel “micro” como a

 

“nivel macro”, o mejor aún, con una combinación inteligente de ambos enfoques.

 

Para poder tener un

enfoque proactivo

integral

, es necesario desarrollar los siguientes componentes:

. el conocimiento de

los peligros o amenazas, y de la probabilidad (

sin subestimarla

) de que eventos

catastróficos ligados a éstos se produzcan

. el conocimiento del

grado de vulnerabilidad

en el que uno (persona, empresa, país), se encuentra

. el conocimiento de la

gravedad de los impactos potenciales

, que pueden ser financieros o no financieros o una combinación de ambos, reconociendo que a partir de cierto punto, se vuelven muy difíciles de prever y cuantificar. Y aquí

no hay que dudar en considerar lo peor

, es decir los casos de eventos totalmente disruptivos (o “de ruptura”) lo que va más allá del análisis de escenarios.

Cuanto más lúcido se es, más capacidad mental de tomar acción se tiene, siendo los otros factores clave la “voluntad política” y la capacidad de ejecución

.

 

Y es importante entender que

los impactos potenciales en general van a ser el producto de la combinación de la probabilidad de que se produzca el evento catastrófico, con el grado de vulnerabilidad

. Y que

sobre todos estos componentes se puede actuar simultáneamente

. Y que

no basta con conocerlos, también hay que hacerles un monitoreo constante

para poder calibrar mejor las acciones de gestión de riesgos, sin olvidar los análisis de costo/beneficio en el camino.

 

Las posibilidades de acción son tan amplias, como lo son las posibilidades de combinar tipos de acciones diferentes, que es difícil ser exhaustivo. Veamos más bien ejemplo de lo que se puede hacer a la luz de los diferentes tipos de eventos catastróficos descritos en el post anterior.

 

Para una persona o una familia

 

Por supuesto, la capacidad de tomar medidas es menor cuando se trata de personas o familias en situación de pobreza, pero ello no es razón para no mencionarlas. Por ejemplo:

. no construir su casa en zonas de deslizamientos de terrenos o de inundaciones relativamente frecuentes

. prepararse bien para los eventos para tener mayores chances de escapar con vida e ilesos

. en medio rural, disponer de micro-reservorios y de dispositivos de riesgo tecnificado, por más simples que sean (como se logra con un programa como Sierra Productiva, o programas estatales inspirados en éste);

. tener siempre un cierto “colchón financiero” (ahorros para situaciones difíciles) y no tener demasiadas deudas; esto sirve tanto para desastres como para crisis económico-financieras

. contratar seguros que cubran incendios y desastres naturales, y otros tipos de seguros; eso permite además no verse obligado a inmovilizar demasiados ahorros, un error común debido a la falta de cultura del seguro

Todo lo anterior permite más fácilmente obtener financiamiento post-eventos para la recuperación física y financiera.

 

Para una empresa u otro tipo de organización

Por supuesto aquí hay variantes según que se trate de empresas micro, pequeñas, medianas y grandes, y también cuando en vez de una empresa tenemos a una entidad sin fines de lucro o gubernamental. Ejemplos:

 

. no dedicarse a actividades altamente especulativas (aumentan la vulnerabilidad)

. tratar de diversificar: si no se puede a nivel productos, por lo menos en cuanto a clientela y en cuanto a proveedores (cuidando la cadena de suministros)

. estar bien capitalizado, manejar bien la liquidez, evitar el endeudamiento (apalancamiento) excesivo

. cuidar muy bien en los contratos la distribución de riesgos frente a “eventos de fuerza mayor”

. asegurar de la mejor manera posible las fuentes de agua y las de energía (en algunos países se ve, por necesidad el desarrollo de reservorios y de mini-centrales)

. tener e implementar una buena gestión de la continuidad del negocio (que es muchísimo más que tener un documento llamado “plan de continuidad del negocio” hecho por algún consultor)

. construir sus locales con la mayor solidez posible, o por lo menos reforzarlos si son vulnerables; o mudarse de ser posible si se está en un zona demasiado inundable

. contratar una buena combinación de diferentes

seguros

, frente a desastres, robos, y riesgos empresariales que se exacerban en caso de crisis económicas (seguros de riesgo crediticio, de riesgos a la exportación).

 

Como para las personas, todo ello hace más fácil obtener más tarde financiamientos post-evento catastrófico.

 

Para los países, una visión estratégica indispensable

 

Aquí la diversidad de lo que se puede hacer es por supuesto mucho mayor, pues el Estado tiene que lidiar a la vez con amenazas de grandes eventos disruptivos, no sólo de desastres naturales, sino también para la seguridad nacional o para la estabilidad financiera. Sólo podemos dar algunos ejemplos significativos, que menciono porque parecen obvios pero son desgraciadamente tan olvidados o desconocidos por falta de visión de largo plazo. Además en muchos casos es necesaria una combinación de acciones estatales y de acciones privadas.

 

. Una buena política de defensa, donde no se descuide a las Fuerzas Armadas y su equipamiento: el

principio de la disuasión

puede evitarle a un país muchas guerras; y de paso hay equipos de uso mixto que permiten también contribuir a hacer frente a desastres; y mejor aún si se combina con una gran política de relaciones exteriores, haciendo las mejores alianzas (y evitando las alianzas “tóxicas”) y desarrollando les mecanismos de diálogo continuo para aliviar tensiones

 

. Servicios de inteligencia y de “acción especial” bien equipados y empoderados, incluso dentro de la policía; son indispensables para detectar y destruir a tiempo movimientos subversivos y células terroristas o para mantener a raya o destruir a la criminalidad organizada antes de que crezca demasiado

 

. Un dispositivo integral anti-corrupción realmente eficaz y que sea realmente disuasivo y temido por los verdaderos corruptos, optimizando energías y medios para la persecución de estos; no hay que olvidar que toda lucha anti-subversiva y anti-criminalidad organizada son siempre debilitadas por la corrupción: esta debe ser tratada como lo que es, una amenaza mortal para la seguridad nacional; no es sólo un tema de ética y de desarrollo institucional

 

. Desarrollo de una educación de calidad articulada con las necesidades de las empresas, para evitar el desarrollo del fenómeno desestabilizador y socialmente destructor de los Ni-Ni (ni estudian ni trabajan), y del sub-empleo respecto de lo teóricamente estudiado; no es sólo un tema de sostenibilidad del desarrollo futuro

 

. Políticas fiscales y monetarias prudentes, base sólida indispensable para reducir vulnerabilidades, que incluyan la constitución de grandes reservas internacionales y de

 

importantes ahorros públicos para hacer frente a grandes crisis financieras y a desastres de gran magnitud, complementado con financiamientos contingentes, seguros y un diálogo continuo con la cooperación multilateral y bilateral, fuente de financiamiento post-eventos en caso de necesidad, además de asistencia técnica para la mejora continua

 

. Una supervisión y regulación

 

financiera de calidad, que integre un enfoque macro-prudencial que asocie a las entidades relevantes; ello incluye asegurarse de una fuerte capitalización y liquidez de las entidades financieras y de la lucha contra el sobreendeudamiento minorista y el sobre-apalancamiento empresarial

 

. Una gestión de la continuidad operativa efectivamente implementada a nivel del Estado (lo que es mucho más que documentos bautizados “planes de continuidad operativa o del negocio”) como mínimo en las entidades clave; la PCM acaba de publicar una importante norma al respecto, para que esa gestión se generalice en el Estado. Es un tema de reforzamiento de la “resiliencia de Gobierno” frente a eventos fuertemente disruptivos

 

. Una buena gestión del riesgo de desastres en general, que sea efectivamente implementada en todo el Estado en articulación con el sector privado y con la sociedad civil; la Ley 29664 de 2011 ha dado el marco para ello, y se está mejorando progresivamente, pero todavía hay mucho por hacer, sobre todo en cuando a reducción del riesgo (manejo del riesgo hidro-gráfico a nivel de cuencas, estándares constructivos más exigentes)

 

. Una buena gestión anticipatoria de la amenaza de estrés hídrico creciente; ello supone multiplicar los reservorios, incluyendo los micro-reservorios como los de Sierra Productiva, prepararse para una menor disponibilidad de energía hidroeléctrica en algunas zonas, ver el posible desarrollo de más plantas de desalinización, organizar sistemáticamente el re-uso de aguas residuales, mejorar la calidad de la gestión de las empresas de agua y saneamiento, realizar obras de transvase de gran escala como lo está haciendo China con sus canales hacia el Norte amenazado por la desertificación.

 

Conclusión

 

Por supuesto que hay eventos y fenómenos inevitables, pero no hay lugar para el fatalismo y la resignación, que son actitudes irresponsables que llevan a la inacción. Siempre se puede reducir el riesgo, actuando sobre los factores de vulnerabilidad, e incluso sobre la probabilidad de ocurrencia (como en las crisis económico-financieras y las guerras), y reduciendo la gravedad potencial de los impactos. Y nunca hay que olvidar a los eventos catastróficos que se producen de manera progresiva y paulatina, porque si no, pueden quedarse bajo el radar, un error que se ha cometido con demasiada frecuencia en la historia de los países. Además, sin la visión de gestión integral de riesgos, que incluye un cuidadoso análisis de la historia y una buena capacidad de anticipación, el planeamiento estratégico puede resultar un ejercicio intelectualmente interesante pero poco eficaz.

 

 

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