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Riesgos Financieros Gregorio Belaunde Gregorio Belaunde

Acerca de "Fondos Buitres" y Ventas de Carteras Crediticias Deterioradas

Cuando se usa la expresión "fondos buitres", se piensa en general en esos fondos que se hacen conocidos por comprar deuda soberana de calidad crediticia deteriorada por un valor muy inferior al nominal, para luego intentar recuperar a toda costa la totalidad de la acreencia en tribunales norteamericanos. Por supuesto, su imagen es pésima, pues al mismo tiempo dificultan el buen fin de operaciones de reestructuración complejas y el retorno del país involucrado a los mercados. Y se dice que merecen su apodo más que nunca. Pero la realidad es que la mayoría de las empresas especializadas en comprar deuda deteriorada no  actúan así.

Cuando se usa la expresión “fondos buitres”, se piensa en general en esos fondos que se hacen conocidos por comprar deuda soberana de calidad crediticia deteriorada por un valor muy inferior al nominal, para luego intentar recuperar a toda costa la totalidad de la acreencia en tribunales norteamericanos. Por supuesto, su imagen es pésima, pues al mismo tiempo dificultan el buen fin de operaciones de reestructuración complejas y el retorno del país involucrado a los mercados. Y se dice que merecen su apodo más que nunca. Pero la realidad es que la mayoría de las empresas especializadas en comprar deuda deteriorada no  actúan así.

Sucede que muchas veces las empresas dedicadas a esa actividad pueden ofrecerle tanto al deudor como al acreedor una solución muy útil, en la que en cierta forma, todos ganan, aunque a veces el comprador de la deuda en cuestión sale perdiendo, al tomar un riesgo elevado. Parece increíble ¿no cierto? Pues veamos con dos ejemplos muy reales.
Crisis Asiática de 1997-1998
A pocas semanas de empezar la crisis, que estaba provocando sustanciales devaluaciones en las monedas de varios países de la región, el responsable de sindicaciones de nuestra agencia de Singapur me alertó de que un “fondo buitre” estaba comprando deuda de la empresa principal de un conocido grupo indonesio a 80% del valor facial. Visiblemente, apostaba a que el deterioro de la situación del país no iría muy lejos y que recuperaría cerca de la totalidad, aunque fuera refinanciada. Mi colega sabía que yo pensaba lo contrario: que la crisis iba a empeorar y que podía ser devastadora para los grupos no exportadores como ése. 
Vi una buena oportunidad de salir a tiempo de nuestra exposición a ese grupo. Propuse a mi dirección venderla a ese precio. La respuesta fue un rotundo NO, con un comentario sobre cómo se me ocurría aceptar perder semejante porcentaje de nuestras acreencias.
Traté de hacer una contra-propuesta: comprar al mismo tiempo papeles de la empresa de otro grupo indonesio fuertemente exportador, y que iban a vencer 2 meses más tarde, que bancos japoneses sobreexpuestos al país estaban, con cierta desesperación por parecerlo menos, vendiendo a 50% a los fondos buitres. Como el riesgo de que esa empresa no pagara al vencimiento en el corto plazo me parecía casi nulo, podíamos incluso ganar más que lo perdido con la otra operación, en función del monto que pusiéramos. A eso se le llama una operación de “arbitraje de activos crediticios”. Respuesta: “NO, no somos un banco de inversión norteamericano” (efectivamente, ellos eran los más activos en ese mercado). La oportunidad se perdió porque la segunda contraparte pagó a vencimiento mientras la primera se fue hundiendo en los meses siguientes, con su deuda pasando rápidamente bajo los 50%, y peor en los años posteriores.
Con este ejemplo lo que ilustro es lo siguiente:
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Al comprarnos a 80% la deuda de la primera contraparte, el “fondo buitre” nos hubiera permitido “ganar” la oportunidad de salirnos de una exposición de la que yo pensaba se iba a deteriorar más, es decir, perder 20% para evitar perder más de 50% después; pero el fondo tomó un riesgo, al apostar por una crisis poco profunda, que resultó elevado pues el mencionado grupo se hundió con el banco que poseía (como encontró algunos vendedores, dicho fondo perdió muchos millones de dólares en el asunto, en fin de cuentas)
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Los fondos que le compraban a los bancos japoneses la otra exposición les ofrecían el servicio de sacar grandes montos de exposición indonesia de sus balances para las cuentas semestrales de setiembre (el año fiscal allá termina en marzo, no en diciembre) y aparecer así menos sobreexpuestos; los descuentos sobre los valores nominales podían parecer excesivos, pero en los años anteriores, y durante el año en curso, las utilidades de esos bancos en la región habían sido gigantescas, era un argumento que podían usar.
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Los mismos bancos que practicaran el arbitraje de activos “distressed” (deteriorados) podían así tomar posiciones similares a los de los “fondos buitres”, en función de expectativas de recuperación final. En el caso que expongo se me negó esa posibilidad pero otros bancos europeos sí lo hicieron
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Las áreas más calificadas para impulsar esas operaciones están fuera del área comercial de originación (yo mismo estaba en Riesgos en aquella época, pero en algunos bancos habían áreas especializadas en el arbitraje de activos “distressed”), pues pueden analizar las situaciones más fríamente que alguien que se siente demasiado involucrado en la toma y seguimiento de la exposición y trata de autoconvencerse de que la situación va a mejorar.
En los meses y años siguientes se desarrolló un mercado de deuda corporativa asiática “distressed” muy activo, que permitió a muchos bancos limpiar sus balances de malas exposiciones más rápido, y que permitió a muchos deudores reestructurar sus deudas más fácilmente, pues había actores que habían comprado las acreencias a precios suficientemente bajos para aceptar condonaciones parciales de deuda. Para los bancos se volvió normal pensar que en ciertas situaciones más valía “ to take a haircut” (tomar su pérdida, o hacerse un corte de pelo en traducción literal; de ahí la expresión “ir donde el peluquero” que luego usaron algunos banqueros franceses de la región con cierto humor negro), en vez de perder aún más dinero (una acreencia que no produce intereses cuesta) y tiempo en expedientes con pocas expectativas de buen recupero.
Sucede que en ese tipo de crisis sistémicas, sobre todo con devaluaciones fuertes, muchos deudores quedan con sólo una parte de la deuda considerada como “sostenible”, y el resto es considerado “insostenible”, debiendo ser objeto de combinaciones de condonación parcial, conversión en acciones o bonos convertibles o deuda subordinada, cláusulas de participación en mejoras futuras de situación bajo forma de dividendos o de aumento de cuotas, etc. (en fin, todo el arsenal de una buena reestructuración).
El desarrollo del mercado de compra-venta de carteras minoristas deterioradas 
Hace poco más de un mes, la versión impresa de Gestión dedicó una página entera a este tema.
Para simplificar, muchos bancos que han “castigado” (es decir eliminado facialmente de sus balances) acreencias difíciles de cobrar representativas de créditos sobretodo de consumo, pero también Mypes en algunos casos, las venden luego a empresas especializadas en cobranzas por un precio muy bajo (difícil que pase del 15%, puede ser mucho menos). Se venden esos créditos “en bloques” de carteras, contrariamente a lo que sucede con la deuda corporativa o de grandes empresas.
Estas empresas especializadas pueden así conceder al deudor plazos más largos con rebaja de tasa de interés y condonación parcial de deuda, de ser necesario. Eso facilita que el deudor restablezca paulatinamente su situación y pueda reingresar al mercado crediticio. No hay que olvidar que muchos sobreendeudados que luego no pueden pagar no lo son necesariamente por imprudencia, pueden haber caído en esa situación por situaciones que no pueden dominar, como pérdida de empleo o condiciones externas que afectaron desfavorablemente a su empresa.
Ese mercado está muy desarrollado en Asia y en países europeos como España. En América Latina lo está menos, pero un caso bastante notable es Colombia. En el Perú lo está relativamente poco, pero se está desarrollando con la llegada de empresas colombianas, como se mostraba en el artículo mencionado.
Este sistema, que es muy rentable para las empresas especializadas, es a la vez muy útil no sólo para los deudores, sino también para los acreedores, que se ahorran gastos de recuperación y cobranza judicial, y obtienen utilidades excepcionales adicionales sobre créditos que de todas maneras ya estaban provisionados al 100% y luego “castigados”.
Es cierto que es más difícil de implementar con éxito cuando un deudor tiene varios acreedores (en cuyo caso la empresa especializada debe tratar de comprar todas las deudas y “consolidarlas”, lo que muchas veces no es fácil), pero con muchos deudores que tienen sólo uno o dos acreedores, hay espacio suficiente para que el sistema funcione satisfactoriamente para buena parte de la “población objetivo”.
Y ello es cierto aunque en algunos casos los supervisores deban mirar el esquema con cierta prudencia:
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cuando una entidad financiera recurre a esas ventas de manera agresiva (apenas alcanzan la calificación de Pérdida por sus días de atraso) y creciente en montos, es un signo de que está otorgando de manera muy imprudente sus créditos, pues un gran porcentaje se le deterioran rápidamente. Los bancos más prudentes no suelen ceder sus acreencias tan rápidamente, hacen sus mejores esfuerzos para maximizar su recupero durante un tiempo razonable, para venderlas sólo si dichos esfuerzos no dan resultado
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cuando una entidad financiera recurre a otra empresa del grupo para venderle estas deudas; normalmente no hay nada que objetar, hay un efecto de sinergia que se utiliza al mismo tiempo, es una forma de “sub-contratación interna”, pero puede haber casos en que la empresa de cobranzas es un medio de “desviar utilidades” de la entidad financiera a una holding del grupo, o peor, a una de sus empresas deficitarias.
Ahora bien, ¿se le ocurriría llamar “fondos buitres” a esas empresas especializadas en cobranzas que compran carteras vencidas de los bancos? No creo que los deudores que terminan beneficiados con el sistema lo vean así, salvo que hayan tenido que vérselas con aquellas que usan métodos de cobranza muy agresivos (con un enfoque tradicional) en vez de buscar reestructurar, que es la tendencia “moderna” en este negocio. 
Conclusión:
El negocio de la compra venta de deudas morosas o incluso “castigadas” es en realidad una “solución de mercado” muy útil tanto para deudores como acreedores. A los primeros les permite obtener mejores condiciones para la reestructuración de sus deudas, y a los segundos dedicar menos recursos humanos y tiempo a la recuperación de créditos que estiman muy difíciles de cobrar.
Pensar solamente en los “fondos buitres”, de casos muy publicitados donde efectivamente su rol es nefasto para todos, es una visión muy parcial e incompleta de esta problemática. 
Los verdaderos “buitres”, aparte de los que chantajean a los gobiernos buscando cobrar al 100% deudas que casi todos aceptaron reestructurar, son los que especulan contra los países atacando sus monedas con masivas “ventas en corto”, los que compran una empresa con pura deuda y se la transfieren, exprimiéndola hasta hacerla quebrar, o los que otorgan créditos que saben incobrables para vendérselos mediante artilugios complejos a los inversionistas.

 

 

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