Módulos Temas Día

Riesgos Financieros Gregorio Belaunde Gregorio Belaunde

Especificidad del Riesgo de Liquidez en la Entidades Financieras

Como lo dije en el post del 9 de octubre 2012 sobre el riesgo de liquidez en general, este riesgo es inherente a la actividad de las entidades financieras. De manera general, por su actividad de intermediación financiera, ellas captan depósitos de los clientes para prestarlos, a plazos que suelen ser en promedio más largos; es más, su crecimiento puede llevarlas a tomar deuda a corto plazo. En el post mencionado, al definir el riesgo de liquidez, brindaba ya nociones simples para entenderlo para estas entidades; pero este riesgo no deja de ser particularmente complejo en su caso.

Como lo dije en el post del 9 de octubre 2012 sobre el riesgo de liquidez en general, este riesgo es inherente a la actividad de las entidades financieras. De manera general, por su actividad de intermediación financiera, ellas captan depósitos de los clientes para prestarlos, a plazos que suelen ser en promedio más largos; es más, su crecimiento puede llevarlas a tomar deuda a corto plazo. En el post mencionado, al definir el riesgo de liquidez, brindaba ya nociones simples para entenderlo para estas entidades; pero este riesgo no deja de ser particularmente complejo en su caso.

Los factores de complejidad adicional para las entidades financieras aparecen, no sólo por el lado de los pasivos como por el de los activos, sino por factores adicionales que han ido cobrando una importancia cada vez mayor en mercados más desarrollados, y que podrían tenerla más tarde acá.
Por el lado de los pasivos:
. La entidad financiera se financia, si se trata de una entidad financiera tradicional, esencialmente a través de los depósitos; es por ello que muchas veces una primera aproximación al riesgo de liquidez es ver qué proporción de los préstamos es financiada por depósitos; se presume que cuanto más alta, mejor. Efectivamente, aunque los depósitos son en una fuerte proporción a la vista (es decir pueden ser retirados en todo momento), y no sólo a plazos, en la práctica, en situaciones normales, se mantienen, por lo que son vistos como fuentes de fondeo estables. Una de las dificultades, sin embargo, es tratar de determinar en qué proporción son realmente estables. Cuando hay inquietudes, o eventos de riesgo reputacional, una parte puede salir. Se suele pensar que por lo menos la parte cubierta por mecanismos estatales de garantía o seguro de depósitos no se irá; eso vale para entidades Retail con clientela muy atomizada, pero hay entidades que no están en ese caso y pueden depender mucho más de algunos grandes depositantes, lo que les da una mayor vulnerabilidad.
. También se financia en los mercados interbancarios, mediante los llamados préstamos interbancarios, de corto plazo (hasta 90 días en la regulación peruana); cuando son más largos, se les llama aquí “adeudos“, y acá, como en muchos países, es habitual hacerlo con entidades financieras extranjeras. Estos pueden volverse más difíciles de obtener, e incluso ser retirados súbitamente (como les pasó a los bancos de muchos países emergentes, incluyendo los peruanos, en 1997-1998). Un factor adicional de complicación es que mucha liquidez de corto plazo se obtiene dejando en garantía ciertos activos, o mediante pactos de recompra (los llamados “repos”, una forma de venta temporal, para simplificar), lo que no siempre se ve muy bien en las cuentas analizadas de manera estática. 
Los bancos que tienen mayores actividades de banca corporativa suelen tener una mayor proporción de deuda interbancaria, lo que los hace en cierta forma más vulnerables, algo que se ha visto con muchos bancos europeos en los últimos años. Y ni hablar de los que están totalmente especializados en banca corporativa y de inversión, no suelen financiarse con depósitos (y así era con Lehman Brothers, por ejemplo). Y el problema es que los mercados interbancarios pueden “congelarse” completamente, como pasó luego de la caída de Lehman Brothers en setiembre 2008.
. Felizmente, también puede emitir bonos de mediano y largo plazo, lo que le permite mejorar su “estructura de fondeo”, para que su deuda no sea excesivamente a corto plazo. Pero aquí también hay que tener una “mirada precautoria”: se debe mirar bien la estructura de vencimientos, no sólo en el sentido de que mejor es cuando se adecúan al tipo de financiamientos largos que se hacen (por ejemplo, si hay muchos hipotecarios o créditos “Project Finance”), sino porque pueden estar muy concentrados en ciertos años; y si hay bonos que vencen en el peor momento, es decir en medio de una crisis financiera, va a ser muy difícil renovarlos. Esto nos da una fuente adicional de riesgo de liquidez. Y también sucede que estos bonos sean garantizados por ciertos activos (como los bonos “cubiertos” para financiar créditos hipotecarios).
Por el lado de los activos
. Primero están los activos crediticios, en general los principales: una primera dificultad reside en el hecho de que siempre hay una cierta incertidumbre sobre la demanda futura de créditos; si muchos créditos existentes son reembolsados por anticipación o no son renovados, eso puede crearle ciertas dificultades a la entidad en la planificación de su fondeo, y muchas veces sobrecostos (de ahí que busque cobrar comisiones especiales por ello). Pero si la demanda crece más de lo esperado, si no crecen los depósitos, o se renuncia a esas oportunidades, o se recurre a mayor deuda interbancaria, lo que a su vez genera mayor vulnerabilidad en cuanto a los pasivos.
Una dificultad adicional: cuando una proporción demasiado elevada cae en incumplimiento, es decir que se vuelven ilíquidos por falta de pago, lo que puede ser una seria fuente de iliquidez para la entidad financiera, aún más si tiene una proporción demasiado elevada de deuda a corto plazo que servir; además esto, a su vez, puede generar falta de confianza en la entidad y retiro de depósitos.
. También están los activos para negociación (trading) y para inversión de corto o mediano plazo; como en general se guarda lo menos posible en efectivo, la gran mayoría de las disponibilidades de una entidad está colocada así. En general, tratan de tener la mayor proporción posible de activos muy líquidos, como bonos del Tesoro, o certificados de depósito del banco central. El problema es que muchas veces, para tener mayores rentabilidades, se termina por invertir en papeles de empresas de mayor riesgo de contraparte (lo que genera un riesgo similar al de los activos crediticios), y en instrumentos más complejos, que además de ser en realidad poco líquidos, pueden esconder un riesgo de contraparte elevado, como pasó con los títulos basados en “hipotecas subprime”: varios bancos europeos vieron en el 2007/2008 su liquidez desestabilizada por una tenencia exagerada de estos títulos. La tenencia de acciones representa un menor riesgo de liquidez, pero un riesgo de pérdida de valor en principio más elevado.
Además, muchos de estos activos pueden haber sido dados en garantía o ser objeto de “repos” recurrentes en fechas clave, es decir ser líquidos sin estar realmente disponibles (Lehman Brothers escondió su situación real asì). No confundir liquidez y disponibilidad.
Por las actividades de fuera de balance
Esta una fuente de riesgo de liquidez hasta hace poco relativamente desconocida. Con la crisis actual, ya no.
. Una fuente de riesgo clásica es el poner muchas “ líneas comprometidas en firme” a disposición de clientes corporativos, algo muy común en la banca de países desarrollados, sobre todo anglosajones; en situaciones de estrés, una alta proporción de estas es utilizada por los clientes, lo que puede coincidir con un momento en que es más difícil acudir al mercado interbancario,
. Una que se ha desarrollado mucho es el uso masivo de derivados: estos pueden generar grandes obligaciones adicionales de pago si se hicieron demasiadas apuestas especulativas o supuestamente seguras, basadas en proyecciones erróneas. Muchas veces no sucede de golpe, por el mecanismo de aportes en garantía (“margin calls”) que incorporan los contratos en caso de posiciones perdedoras; el problema es cuando sucede de manera masiva y ya no hay caja para hacer frente a esos pagos, y peor aún cuando los demás se dan cuenta. Fue en parte el escenario de Lehman Brothers pero también el de la aseguradora AIG, con sus credit default swaps sobre bonos “tóxicos”.
. Otra fuente mayúscula de riesgo de liquidez fue el desarrollo de las titulizaciones, que paradójicamente aumentaban la liquidez. Con esto uno cede activos a  ”vehículos” que se financian en el mercado a corto plazo. Pero lo que no aparecía claramente era que el banco cedente, en caso de que se “secara” el financiamiento por inversionistas, debía en muchos caso prestar a corto plazo a esos mismos vehículos (“back up facility”); lo que puede suceder en el peor momento posible. Esas obligaciones fuera del balance eran ignoradas o subestimadas.
Por la exposición creciente a la “liquidez del mercado”
Este factor fue una de las razones por las que se subestimó tanto la importancia del riesgo de liquidez. Se solía razonar en términos de “liquidez bancaria” clásica, donde lo que se temía más, eran las corridas de depósitos, que se pensó tener relativamente bajo control con buenos esquemas de garantías o de seguros de depósitos, y en ciertos países con un claro rol de “prestamista de ultimo recurso” para los bancos centrales. Y por el lado de los activos, se pensaba tener las cosas bajo control con una buena gestión de riesgos de contraparte en la cartera crediticia y con un menú de activos para invertir relativamente simple y sin sorpresas.
Con el desarrollo a nivel mundial de lo que algunos llamaron “la banca en la sombra” (shadow banking), se multiplicaron las fuentes de riesgo de liquidez:
- se potenciaron aún más los riesgos ligados a los derivados y a las itulizaciones, que ya mencionamos. El banco británico especializado en créditos hipotecarios, Northern Rock, cayó por depender demasiado del fondeo vía vehículos de titulizaciòn, que era a corto plazo; bastó que la confianza en ese mercado disminuyera para que tuviera problemas de liquidez, y luego una corrida de depósitos
- activos estructurados por entidades especializadas que no eran realmente bancos, sino “dealers/brokers”, como Bear Sterns, Lehman Brothers, Goldman Sachs, etc. que llenaron el mundo de productos de inversión rentables pero con liquidez limitada. Cuando el mercado perdió confianza, inmensas carteras de activos se volvieron invendibles, justo cuando la liquidez interbancaria se iba reduciendo
- a su vez, los bancos empezaron a prestar de manera creciente a estos “dealer/brokers”, que estaban cada vez más apalancados, con la venia de sus reguladores; muchos de estos préstamos eran con activos garantizados, que por naturaleza, si perdían valor, daban lugar a “margin calls” crecientes. Fue uno de los principales factores de la caída de Lehman Brothers. Ya había pasado antes con el hedge fund LTCM en 1998, lección que fue olvidada
- la aparición de fondos “money market”, especializados en dar financiamiento de corto plazo, pues el mercado interbancario ya no era suficiente para el crecimiento acelerado de muchos. Varios bancos europeos se expusieron aún más al riesgo de liquidez por esta vìa. Al empezar los problemas, este modo de financiamiento también se fue “secando” por la pérdida de confianza de los inversionistas. Muchos dependen ahora del Banco Central Europeo para su fondeo.

En el mundo actual, para poder gestionar bien (y supervisar bien) el riesgo de liquidez, hay que tomar en cuenta la situación de liquidez del mercado de capitales , con el cual los bancos están cada vez más compenetrados. Una visión clásica de la gestión del riesgo de liquidez ya no basta.
Conclusión
El riesgo de liquidez, a pesar de las crisis anteriores, que sí habían conocido de situaciones clásicas de materialización de este riesgo, incluso de manera sistémica, seguía relativamente poco regulado, aunque sí se fijaron principios de buena gestión.
Basilea II no pudo incluirlo en su cuerpo de reglas principal (el Pilar 1), poniéndolo en sus reglas adicionales como posible causal de una exigencia de mayor capital.
El Perú fue uno de los países que antes de esta crisis, sacando las lecciones de la de 1998, sí imponía ciertos ratios al respecto. Además, los bancos peruanos tienen una fuente adicional de liquidez en caso de necesidad, que es el elevado encaje depositado en el BCR (un 30% de los depósitos actualmente), que lo impone para moderar la expansión del crédito y luchar contra la dolarización. El BCR lo bajó temporalmente en 2008/2009; pocos países imponen un nivel tan alto, que por lo visto, es de mucha utilidad.
Y nuestros bancos están ahora relativamente poco expuestos a los mercados de capitales externos, aunque lo están en cierta medida al mercado interbancario internacional.
Con la crisis actual, se ha buscado reforzar la gestión y supervisión del riesgo de liquidez a nivel mundial, lo que veremos en un post ulterior.

 

 

Leer comentarios ( )