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Riesgos Financieros Gregorio Belaunde Gregorio Belaunde

El Riesgo Cambiario y su Gestión

El riesgo cambiario es una de las modalidades del llamado riesgo de mercado, que se refiere a variaciones de precios, e incluye también al de tasas de interés, al de valor de activos financieros y al de precios de commodities (materias primas, granos, etc.). Se le llama así porque es el riesgo que se corre en razón de las fluctuaciones del tipo de cambio.
Es particularmente relevante para el Perú.

El riesgo cambiario es una de las modalidades del llamado riesgo de mercado, que se refiere a variaciones de precios, e incluye también al de tasas de interés, al de valor de activos financieros y al de precios de commodities (materias primas, granos, etc.). Se le llama así porque es el riesgo que se corre en razón de las fluctuaciones del tipo de cambio.
Es particularmente relevante para el Perú.
Las fuentes de riesgo cambiario
Una organización, empresarial u otra, o una persona, está expuesta al riesgo cambiario esencialmente de las maneras siguientes:
. por el sólo hecho de recibir ingresos en moneda extranjera o de tener egresos en ésta cuando uno funciona esencialmente en moneda local; siempre corre el riesgo de que estos ingresos o egresos sean menores o mayores, según el caso, al momento de efectuarlos; el factor tiempo se agrava cuando el plazo de recepción o de pago es más largo, pues ello aumenta la probabilidad de una variación desfavorable en el tipo de cambio. Los exportadores e importadores conocen muy bien este riesgo, que en casos extremos puede llegar a destruir sus márgenes, mediante lo que se llama pérdidas cambiarias, y hacerlos trabajar a pérdida. Pero también le puede suceder a cualquiera de nosotros: imagínese a la familia que recibe remesas en dólares y que ha visto bajar su equivalente en soles respecto de los tiempos en que el dólar estaba a más de 3 soles. O a la que se comprometió a comprar una casa en dólares y poco antes de pagar ve subir bruscamente el valor del dólar.
. por el tener depósitos y otros activos financieros en moneda extranjera; estos pueden ganar o perder valor en equivalente de moneda local con las variaciones del tipo de cambio. Claro, muchos pensarán en sus depósitos en dólares que han perdido valor respecto de hace unos 3-4 años, por ejemplo, pero las pérdidas sólo se materializan cuando uno tiene que venderlos, y entretanto son sólo potenciales. Lo mismo les pasa a las empresas, que pueden así perder una parte de sus reservas de efectivo, y también a los bancos, que pueden haber tenido gran parte de su liquidez en dólares y perder dinero por ello. También les puede suceder a las AFPs, a las empresas de seguros, a los fondos mutuos, al Estado, a las ONGs, etc. No olvidemos  que en el Perú, más del 40 % de los depósitos están en dólares, como ya sabemos, por ese temor siempre latente de que la moneda nacional pierda valor.
. por el hecho de tener deudas en moneda extranjera. Deudas que pueden ser comerciales y sobretodo financieras; el riesgo es aún mayor si se tiene ingresos en moneda local, pues con éstos se puede tener que pagar más de lo que se había previsto. Muchos pensarán en ese momento en sus deudas hipotecarias o vehiculares, que en el Perú están fuertemente dolarizados – estando dolarizados el 45% de los créditos en general. Este tipo de riesgo es el que ha hecho quebrar en momentos de crisis a numerosas empresas en los más variados países. Durante la crisis asiática, las deudas en dólares se multiplicaron por efecto de las devaluaciones por 1.5 o más del doble en países como Malasia, Corea del Sur, Filipinas y Tailandia, siendo Indonesia un caso extremo (hasta 6 veces en un momento dado, para terminar en más de 3 veces). Igual pasó en Méjico con la crisis de 1994-1995.
Cuando uno tiene este tipo de riesgo por la diferencia entre la moneda de sus ingresos y la de sus egresos y/o ahorros y deudas, se dice que está “descalzado”. Por supuesto, uno puede estar expuesto al riesgo cambiario simultáneamente por ingresos y gastos, por ahorros y por deudas.
Gestionar el riesgo cambiario
Uno siempre escuchará que lo más simple es evitarlo: si se tiene ingresos en moneda local, tratar de evitar tener gastos en moneda extranjera y o de tener sus ahorros en moneda extranjera, y sobre todo de endeudarse en moneda extranjera; esto último es lo más se suele oír, tanto para personas para sus deudas de créditos de consumo, vehiculares o hipotecarias, como para las empresas, que suelen endeudarse a menudo en dólares aunque no tengan ingresos en esa moneda.
Pero, la realidad no es tan simple
. muchas empresas tienen que importar para operar, o tienen como parte de su negocio o negocio principal y hasta exclusivo exportar
. la historia y realidad de muchos países, como el Perú, hace que los agentes económicos prefieran tener una parte de sus reservas en moneda extranjera, por miedo a una potencial inflación y/o devaluación significativa
. muchas empresas prefieren endeudarse en moneda extranjera si las tasas de interés son más bajas, o para conseguir un tipo de préstamos o de bonos que no pueden tener en el mercado local, o incluso para volverse más visibles a los inversionistas internacionales (luego de los productos de deuda, puede venir la emisión de acciones y cotización en alguna bolsa extranjera).
Por ello es que las empresas han desarrollado técnicas de gestión del riesgo cambiario, manejadas por los gerentes financieros, una función que puede cobrar aún más importancia. De manera general, de lo que se trata, es de cuidar bien el equilibrio entre ingresos y egresos en moneda extranjera, entre activos y deudas en moneda extranjera, para estar lo menos “descalzados” posible, tratando de tener lo que se llama “coberturas naturales”: por ejemplo, un exportador en dólares puede más fácilmente endeudarse en dólares, por el “calce” con sus ingresos. El asunto se vuelve más complejo si uno exporta a, o importa de varios países y tiene que manejarse con ingresos y gastos en varias monedas (a menudo, dólares, euros y yenes).
Y entre esas técnicas, están los derivados cambiarios, que permiten protegerse contras fluctuaciones futuras del tipo de cambio, que se pactan a tipos de cambio diferentes del tipo de cambio actual, llamado “spot”, que toman en cuenta la variable de tiempo, y entonces de volatilidad, y los diferenciales en las tasas de interés entre las monedas. Recuerdo aquí en parte lo que expliqué en un post anterior sobre el uso cuidadoso que debe hacerse de esos productos, que son normalmente una herramienta esencial de una buena gestión del riesgo cambiario, pero que son aún relativamente poco usados por nuestras empresas.
Un importador puede comprar dólares por un valor prefijado para la fecha prevista de pago (mediante un forward, que es una obligación futura en firme de pagar a ese valor, o una opción, que, como su nombre lo indica, da la opción de comprar a ese valor si a uno le conviene, contra el pago de un pequeña prima), para evitar que el precio del insumo comprado aumente inesperadamente el día del pago si sube el dólar. Lo mismo puede hacer un exportador pero vendiendo dólares para no correr el riesgo de que su venta pierda valor si el dólar baja y se reduzca así su margen. Se habla de ventas forward o compras forward, y para las opciones, de compras de opciones de compra (“calls”) o de opciones de venta (“puts”).
Asimismo, una empresa o un banco que contrae un préstamo en dólares u otra divisa podrá firmar un “ swap” (que es un intercambio de divisas) para pagarlo como si fuera en Soles; por ejemplo Mibanco tomó hace un tiempo un préstamo del BID que pagará en Soles gracias a un swap. Esto es algo muy habitual en muchos mercados: se toma deuda en una moneda cuya tasa de interés es más baja, pero uno se cubre con el swap para protegerse de la variación del tipo de cambio.
Existen productos algo más complejos, con técnicas donde se fijan topes hacia arriba o hacia abajo, o bandas de variación máxima, y combinaciones aún más complejas; este es un terreno en el que no falta creatividad.
Conclusiones: cómo NO gestionar el riesgo cambiario
Gestionar este riesgo no es fácil, incluso en períodos de crisis, puede volverse casi imposible encontrar a alguien que le venda a uno coberturas que no sean muy cortas o muy caras, y más vale no caer en la tentación de empeorar la propia exposición al riesgo cambiario, lo que desgraciadamente muchos hacen apostando a los tipos de cambio con la esperanza de tener ganancias, es decir especulando. Ejemplos:
. tomar más deuda de la necesaria en moneda extranjera, para colocar los excedentes en depósitos en moneda local, esperando beneficiarse con la mayor tasa de interés
. sobre-exponerse a una moneda de manera innecesaria (lo que se llama “posiciones abiertas”); es lo que les pasó a algunos bancos europeos cuando nació el Euro, pues muchos creyeron que iba a subir por encima del tipo de cambio de creación respecto del dólar (cerca de 1.16); como eso pareció cierto al comienzo, varios incrementaron su apuesta, y les dejo imaginar lo que pasó cuando el Euro bajó a valores de tipo 0.85-0.90 frente al dólar por un tiempo prolongado.
. especular con los derivados, haciendo lo contrario de lo que se debería hacer por la naturaleza de su negocio (vender en vez de comprar, o viceversa), lo que se llama tomar un “ wrong-way risk“, es decir un riesgo en el sentido equivocado. Se ha visto a muchos vender opciones para ganarse las “primas”.
Esas apuestas pueden terminar muy mal, y ahí los remito al post del 20 de febrero “derivados cambiarios: úsese con cuidado”, que podrán releer quizás con una mirada renovada.

 

 

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