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ReinventaRSE Elsa del Castillo

Equidad de género en la práctica empresarial. Un tema de principios y de acción

La empresa moderna no solo debe respetar los derechos
laborales femeninos, como parte de su RSE debe ser activa en el trabajo por la
equidad de género.



Nuestro país empieza a mostrar interesantes avances en
cuanto a la presencia de mujeres en puestos directivos. Mientras que en las
economías de G7, el 21% de puestos directivos son ocupados por mujeres; en
Latinoamérica la cifra se eleva al 23% y, en el Perú, se eleva aún más pues
alcanza el 27% (Grant
Thornton International Business Report
).

La empresa moderna no solo debe respetar los derechos
laborales femeninos, como parte de su RSE debe ser activa en el trabajo por la
equidad de género.

Nuestro país empieza a mostrar interesantes avances en
cuanto a la presencia de mujeres en puestos directivos. Mientras que en las
economías de G7, el 21% de puestos directivos son ocupados por mujeres; en
Latinoamérica la cifra se eleva al 23% y, en el Perú, se eleva aún más pues
alcanza el 27% (Grant
Thornton International Business Report
).

No obstante, hay aún un largo camino por recorrer. Como
destaca el Dr. Jorge Toyama, según el INEI, el 82% de los hombres pertenece a
la PEA laboral mientras que en el caso de las mujeres esta cifra alcanza
únicamente el 68%.  El 30% de los hombres
son subempleados, en el caso de las mujeres la tasa alcanza el 54%. Por otro
lado

,
los ingresos alcanzados por las mujeres son mucho menores

, el promedio
urbano masculino es de S/. 1.314 y el femenino S/. 848.

En cuanto a la mujer microempresaria, según
el BID
, a 2011 el 40% de las microempresas en el Perú eran manejadas por
mujeres. Sus estudios muestran que, incluso a nivel global, es difícil para las
mujeres empresarias pasar de la etapa de la microempresa, a la conducción de
empresas de mayor escala. En el mundo, mientras las mujeres manejan algo más de
la mitad de microempresas, solo están al mando del 25% de las empresas pequeñas
y de un reducido 8% de las empresas medianas.

Estos datos no son sorprendentes, si consideramos que las
mujeres representan el 70% de la población pobre del mundo. En los países en
desarrollo, solo el 2% de las tierras agrícolas son de propiedad de las
mujeres, dos tercios de los adultos analfabetos son mujeres y 1 de cada 5 niñas
que inicia sus estudios de educación primaria logra culminarlos. Por otra
parte, en promedio, a lo largo de su vida, 6 de cada 10
mujeres experimentan algún tipo de violencia física o sexual
.

Es claro que hay que celebrar la presencia de las mujeres en
roles cada vez más importantes. Hay que resaltar igualmente cualquier avance en
el terreno de la mujer emprendedora. Se trata de un tema de principios y
también de un tema práctico. Organizaciones como The Women’s Learning Partnership
(WLP), destacan el concepto del “dividendo de género”. Es decir, el
hecho de que cualquier inversión orientada a mejorar las condiciones de vida de
las mujeres en el mundo, representa una mejora directa en los indicadores
económicos: se estima que, a nivel mundial, por cada año que las mujeres
avancen del cuarto grado de primaria, sus salarios se incrementarán en 20%, las
muertes infantiles se reducirán en 10% y el tamaño de las familias disminuirá
en 20%. Como indica un estudio de la consultora Deloitte, no hay que olvidarse
de que las mujeres asumen el 80% de las decisiones de compra.

WEP, una organización sin fines de lucro que surge por
iniciativa de UN Women y el Pacto Global, promueve un

grupo de principios


orientados a ofrecer a las empresas una guía para mejorar sus acciones de
promoción de la mujer en el entorno laboral, en el mercado y en la comunidad.
En este sentido, orienta sobre la forma de abordar los temas de género en la
empresa, como parte de su RSE y de su trabajo en favor del desarrollo
sostenible. Para ello, propone la adopción de 7 principios:

1. Involucramiento de la alta dirección de la empresa en el
diseño de políticas de igualdad de género y de derechos humanos. Este principio
invita a la empresa a establecer metas específicas en favor de la equidad de
género y promueve el que se establezcan indicadores de desempeño que permitan
monitorear sus avances. Se busca que, al interior de la empresa y en consulta
con los principales grupos de interés, se identifiquen los posibles espacios
sensibles donde se pudieran suscitar diferencias injustas en el trato de
hombres y mujeres, para diseñar programas que cambien esta realidad.

2. Trato justo en el trabajo y apoyo a los derechos humanos
y a la no-discriminación. Este principio se enfoca en el pago igualitario de
remuneraciones por trabajos similares y en el cuidado de evitar condiciones
laborales discriminatorias en cuanto a temas de género. Incide en temas como
las políticas de selección y retención del talento y, en particular, en la
necesidad de que las empresas sean proactivas en la oferta de oportunidades a
las mujeres para acceder al gobierno de la empresa; es decir, a puestos de
dirección, de nivel ejecutivo y a posiciones en los directorios. Sugiere la implementación
de prácticas de flexibilidad laboral, la viabilidad del reingreso en
condiciones de igualdad en el pago y en la asignación de responsabilidades,
servicios de apoyo en el cuidado de los niños e información disponible tanto
para hombres, como para mujeres.

3. Preservar la salud, la seguridad y el bienestar de todas
las mujeres y hombres trabajadores. En este caso, el énfasis está puesto en las
condiciones laborales que, además de ser seguras, se ocupen también de
preservar la salud reproductiva de las trabajadoras. Incide en la
tolerancia-cero de cualquier forma de violencia en el trabajo, del abuso físico
o verbal y de cualquier forma de hostigamiento sexual. Añade prácticas como el
otorgamiento de seguros médicos, facilidades en cuanto a disposición de tiempo
para la atención médica y consejería de trabajadores y familia. Así como
también el cuidado de las condiciones de viajes laborales en el caso de las
mujeres, el entrenamiento de los gerentes para identificar signos de violencia
femenina y otros temas relacionados con el abuso contra la mujer.

4. Promoción de la educación, entrenamiento y desarrollo
profesional para la mujer. Este principio enfatiza en el desarrollo de
programas y políticas que creen oportunidades para que las mujeres accedan a
todo tipo de labor y posición en la empresa, incluso en trabajos que
históricamente no han sido considerados femeninos. Se promueve la igualdad de
oportunidades para acceder a la formación y entrenamiento en el trabajo, así
como el desarrollo de iniciativas orientadas a la mejora del nivel educativo y
la formación técnica de la mujer.

5. Implementación de prácticas que empoderen a las mujeres
en acciones de desarrollo del negocio, en la cadena de suministro y en las
acciones de marketing. Este principio llama la atención sobre la necesidad de
promover negocios con empresas y otros emprendimientos liderados por mujeres.
Se espera que la empresa promueva este enfoque en sus socios comerciales.
Asimismo, se incide en la consideración de la dignidad de la mujer en las
prácticas de mercadeo y en la oferta de productos al mercado.

6. Promoción y defensa de la equidad de género en la
comunidad. Se trata de liderar con el ejemplo y de comprometer a otros actores
sociales y socios comerciales en programas orientados hacia los temas tratados.
Así también, se busca que la empresa asegure la presencia de las mujeres de la
comunidad en los procesos de interacción con estos grupos, reconociendo el
liderazgo de las mujeres allí donde esté presente.

7. Medición y reporte de los avances en los temas de equidad
de género. Se promueve que las empresas hagan explícitas políticas y prácticas
sobre el tema y que este esfuerzo se extienda tanto al interior de la empresa,
como a nivel público.

Será necesario revisar cuántos de estos principios se han
trabajado de manera explícita en las empresas que apuestan por un entorno de
mayores oportunidades para nuestras nuevas generaciones de hombres y mujeres
peruanos.

 

 

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