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Mirando los Negocios al Revés Jorge L. Boza Jorge L. Boza

PLATOS ROTOS, PEGAMENTO Y CREATIVIDAD.

Con mi mamá tuve una relación física-química. Cuando yo rompía algún plato u otro objeto, ella me aplicaba sendas palizas equivalentes a una fuerza de 1,000 newtons de dolor que sólo se comparaban con un terremoto grado 10 incluyendo todas sus réplicas. Yo no me quedaba atrás y producía enormes cantidades de prolactina en forma de lágrimas.

Me defendía diciéndole que la masa del objeto que había destruido seguía siendo la misma y que yo sólo le había cambiado la forma. Pero mi mamá nunca entendió a Lavoisier.

Pero no siempre rompía objetos. ¡No, eso jamás! También hice otras travesuras. En términos financieros diría que diversifique mi cartera de barrabasadas con otras actividades que incluían: incendiar la cocina, electrocutar a María la cocinera (no se asusten, sobrevivió), pintarle la cola al perro o pintarlo por completo (el color verde le quedaba de maravilla), inundar la casa, dibujar paisajes en las paredes del comedor con el labial Max Factor de mamá, untar pegamento extra-duro en el cabello de mi hermano (muy recomendable por lo bien que fija el peinado), incendiar la cocina (que puedo decirles, la incendie dos veces), columpiarme de la araña de la sala hasta desprenderla del techo (me refiero a la lámpara porque a las del otro tipo les tengo mucho miedo), botar las cenizas del abuelo al inodoro (cosa que produjo un atoro sensacional), arrojarme con el pobre gato desde el balcón y con una sábana amarrada a lo Superman (dejo constancia que los gatos siempre caen parados), etc., etc., etc. Prefiero no especificar los “etcéteras” porque los trapos sucios se lavan en casa. ¿Pero, qué otra cosa podía esperarse de alguien cuya aguda hiperactividad haría ver al modo “Insane” del Tesla como un carrusel de feria?

Lo cierto es que las palizas terminaron el día que me fui a estudiar a la universidad, no sin antes romper la novísima y completa vajilla de loza (con todo y tacitas de té), que aún no había salido de su caja (y que aún no había sido pagada porque mi mamá debía 36 cuotas).

En sentido literal, crear es producir algo de la nada. Para crear hay que destruir, de eso no tengo dudas. Las nuevas industrias rompen viejos paradigmas. No es posible crear sin eliminar lo que actualmente existe. Tal cual el auto destruyó a la carreta, la computadora lo hizo con la máquina de escribir o los celulares lo hicieron con los directorios telefónicos, el acto de crear exige romper, transformar, no mejorar.

La creación implica una ruptura porque para hacerlo es necesario destruir los límites que demarcan la racionalidad de una industria en particular. Cualquier idea que surja dentro de las fronteras lógicas de la industria de bebidas gaseosas, por ejemplo, será una simple versión mejorada de los productos que ya existen en ese mercado. Para crear, en cambio, hay que faltarle el respeto a los linderos que definen al sector. Imaginemos por un momento que todas las marcas de gaseosas tienen como parámetro racional el “engordar o no engordar” al consumidor (estas últimas, las versiones light), pero ninguna de ellas es capaz de adelgazarlo. Para crear algo nuevo deben romperse las restricciones actuales y salir fuera de ellas. Podría ser, en este caso, lanzando una deliciosa bebida carbonatada que adelgace. De ser así, Coca-Cola y sus amigos tendrían que irse a casa.

La creatividad no tiene que ver con la imaginación sino más bien con el descubrimiento. Mis padres eran fanáticos de la Navidad y como tal decoraban la casa con una increíble variedad de adornos para la ocasión. La joya de la corona era la pequeña réplica de una hermosa capilla que, iluminada con un foquito desde su interior, daba toda la impresión que ahí mismo se estaba celebrando la Misa de Gallo. Para azuzar aún más mi incontrolable curiosidad, la mentada capillita tenía una cuerda que al darle vuelta se escuchaba la melodía de “Noche de Paz”. En mi imaginación casi podía ver al pequeño pianista tocando dicha canción, al diminuto sacerdote y al liliputiense coro de acólitos en plena celebración dentro de la capilla. Entonces, ya no pude más y decidí conocer a tan prodigioso músico en persona. Para tal efecto, agujereé los coloridos vitrales y rompí el techo a dos aguas del pequeño edificio cosa que lo dejó como si un huracán categoría 5 hubiera pasado sobre él. Obviamente, no encontré al pianista pero descubrí la cajita de música que producía semejante alboroto. Tenía 5 años (yo, porque la capilla no pasó de su primera Navidad). Mis padres me regalaron una gran tunda (digo “regalaron” para mantener el espíritu navideño), pero al menos descubrí que no existen pianistas tan pequeños.

Crear es descubrir. Pero usted no puede descubrir América dos veces. Esto sería redundar. Entonces, el primer paso para descubrir es ser consciente de lo que ya ha sido descubierto. No hay post-it que vaya a hacer esa tarea por usted. En esta línea de pensamiento, cualquier proceso creativo debería comenzar por hacer un inventario de todos los conceptos de negocios que ya existen dentro de una industria. Sólo así será posible crear uno que aún no lo esté. Para descubrir lo que hay fuera de la caja, primero debe cerciorarse de conocer todas las ideas que ya existen dentro de ella (y esto ningún motivador se lo ha dicho). Si todas las marcas de papel higiénico tienen en común el uso de este material y además enfrentan altos costos de almacenamiento por el volumen de su inventario, entonces, para crear algo nuevo en esta industria deberíamos pensar en términos que no incluyan ni al papel ni al volúmen que lo representa ¿qué tal si lanzamos un papel higiénico en tabletas? No me pregunte cómo se usa porque no hay nada escrito sobre el tema.

En el mundo de los negocios, un plato siempre será un plato mientras que usted no lo rompa y se atreva a descubrir qué hay de nuevo en sus fragmentos de cerámica. A esto se le llama creatividad.

Cuando terminé el primer año de la universidad fui a visitar a mi mamá. En la pared de la sala colgaba el mosaico de un bello delfín que ella había creado uniendo, pegando y pintando algunos trozos de la vajilla que rompí el día que me fui de casa.

“Ese es Lavoisier”, me dijo orgullosa.

No puedo afirmarlo o negarlo, pero sospecho que mi madre pensaba que Lavoisier es una marca de pegamento.

Avisos Parroquiales

1.   www.linkedin.com/in/jorgeboza  esta es mi cuenta de linkedin. Si no les gustó el artículo pueden reclamar la devolución de su dinero por este medio.

2. La Escuela de Negocios ESAN ya lanzó la segunda edición de la versión peruana de Mirando los Negocios al Revés. Agradezco a todas las personas que hicieron posible que se agote la primera edición del libro incluyendo al caballero que me robó 5 ejemplares (con maletín incluído) cuando estuve hace unos meses de paso por Lima.

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