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Más allá del efectivo Felipe Rincón Felipe Rincón

¿Cómo han evolucionado las formas de pago?

De niños, muchos solíamos intercambiar cromos, canicas y figuras de colección con nuestros amigos. El trueque, esa antigua forma de pago donde dos partes dan valor a las cosas, era nuestra forma de jugar y distraernos. Era una época en que la tecnología aún no estaba aún incrustada en la sociedad.

El trueque fue durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la forma en que se realizaban transacciones comerciales. ¿Ahora alguien se imagina haciendo trueques? Suena prehistórico, ¿no es así? Los primeros medios de pago funcionaron de esa manera, poco a poco se usaron elementos referenciales y de fácil medición como la sal, el ganado o el oro. Posteriormente se desarrolló la moneda, la cual tenía un valor intrínseco por su composición en metal. Después llegó el papel moneda (billetes), los medios de pago electrónicos (tarjetas de pago) y así sucesivamente.

Cuando hoy me acerco a pagar algún servicio, me ofrecen un abanico de opciones. Podemos pagar los servicios de luz, agua, teléfono sin tener que movernos de donde estamos. Inclusive, ahora tenemos la posibilidad de realizar transferencias a otras personas o instituciones con solo tener un código de referencia o su número de celular, a través, por ejemplo, de las aplicaciones de los bancos.

La existencia de todos estos métodos de pago nos hace la vida más fácil. La tendencia al menor uso del efectivo es constante y la simplicidad que demanda el consumidor hace que muchos de los medios que antes empleábamos estén destinados a desaparecer, como es el caso del cheque.

Así mismo, los patrones de compra evolucionan y el uso de monedas o billetes se vuelve cada vez más obsoleto. La industria de medios tradicionales ha entendido esta evolución, especialmente a raíz de la llegada de los smartphones y el internet móvil de banda ancha, que hoy es la herramienta más usada para hacer compras online en la mayoría de los países.

Los bancos están tratando de adaptarse a las necesidades de los consumidores, quienes usan constantemente sus celulares. Tanta es la demanda que las entidades bancarias han diseñado aplicaciones, cada vez más completas, desde donde se pueden realizar un amplio número de operaciones, como lo mencionamos anteriormente.

En Perú, por ejemplo, más del 90% de las personas entre 18 y 35 años tiene un smartphone y son ellos los que, según un reciente estudio, más han usado aplicaciones bancarias para realizar pagos móviles en comparación a otros países de Latinoamérica.

Los medios de pago tradicionales están obligados a adecuarse a las nuevas tendencias. La convergencia es, ante todo, por la demanda, no por la oferta. Esto significa que el consumidor puede pagar por diversos mecanismos que compiten entre sí.

En líneas generales, estas innovaciones son buenas y positivas para los consumidores, porque de esta manera se genera una sana competencia entre las compañías del sector y una presión de mercado para desarrollar propuestas de valor que sean preferidas por los consumidores y comercios, por la buena experiencia de uso y la conveniencia.

Ahora bien, el reto no solo consiste en ofrecer una variedad de medios de pago que sean de fácil uso, sino también en garantizar adecuados estándares de seguridad. Este es un reto complejo, dado que cuanto más avanza la innovación tecnológica, también pueden incrementarse las modalidades de fraude.

En relación con este tema, se observa que solo el 7 % de las organizaciones en Perú tiene una política de protección de datos. Esta puede ser una de las causas para que el 32% de empresas peruanas hayan sufrido ciberataques en los últimos dos años, según un reciente estudio publicado.

Sin duda, el dinero tiene un futuro virtual y pronto llegaremos a un momento en la evolución del mercado, en el cual los consumidores podrán escoger entre varios medios de pago (efectivo, tarjetas, aplicaciones de círculo cerrado, transferencias) ante cualquier necesidad de pago en particular, bien sean pagos a comercios, transferencias entre personas, pagos al gobierno, pagos recurrentes, etc. Este sería un cambio frente a la manera en que funcionan las cosas hoy en día, en que algunos medios de pago están tradicionalmente asociados a ciertos tipos de transacciones.

No sabemos si el dinero en físico llegue a desaparecer pronto, pero sí tenemos la certeza de que las formas de pago seguirán evolucionando y esta generación de consumidores será la primera beneficiaria de ello.

 

 

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