Marketing con inteligencia artificial: La ventaja ya no es producir: es saber mirar (y vender)
Hay equipos de marketing que hoy producen el doble que hace un año y, aun así, tienen más dificultad para explicar qué está funcionando. Las campañas salen, el contenido fluye, los indicadores de producción crecen y todo parece avanzar. Eso es el marketing con inteligencia artificial. Pero cuando la conversación se acerca al negocio, aparece una incomodidad que cuesta sostener: no siempre está claro qué de todo eso realmente impacta.
No es un problema de esfuerzo, y tampoco parece ser de herramientas. Durante años, la ventaja estuvo en ejecutar mejor: más recursos, mejor producción, más velocidad. Hoy ese terreno se ha ido nivelando. La inteligencia artificial terminó de empujar ese cambio. Lo que antes diferenciaba, ahora está disponible para casi cualquiera.
Ahí es donde empieza el problema real, porque muchas organizaciones siguen optimizando lo que ya dejó de importar. Más contenido, más piezas, más velocidad. Todo eso suma, pero ya no distingue. La conversación cambió, aunque no todos lo hayan notado.
Crear ya no diferencia. Elegir sí.
Algunas marcas empiezan a operar desde esa lógica. No necesariamente con más tecnología, sino con otro punto de partida. Mientras buena parte del uso de inteligencia artificial en marketing está orientado a generar imágenes cada vez más pulidas, hay quienes la están usando para leer mejor lo que ya existe, para encontrar una idea antes de ejecutarla.
Hösėg, una marca peruana de ropa outdoor, construyó su última campaña desde esa premisa. No partió de un concepto que había que materializar, sino de una observación: formaciones naturales que, por un fenómeno conocido como pareidolia, evocan rostros humanos. La inteligencia artificial entra después, no para crear desde cero, sino para traducir esa lectura en una propuesta visual y comercial.
El impacto no se queda en lo estético. La campaña se traslada al entorno digital y al punto de venta mediante una herramienta que permite a los usuarios comparar su rostro con estas formaciones naturales y acceder a beneficios en función de la similitud. Esa interacción introduce un componente personal en la decisión de compra y conecta la idea creativa con el momento comercial.
En pocas semanas, el tráfico web creció en 333% y el ticket promedio online aumentó en 162%. En retail, la herramienta interactiva influyó en el 76% de los cierres de venta. No es frecuente que una iniciativa de este tipo impacte de forma tan directa en indicadores de negocio.
Durante los últimos años, gran parte del esfuerzo se ha concentrado en producir mejor: más rápido, más eficiente, más atractivo. Pero la producción dejó de ser el límite. Las herramientas están disponibles, la ejecución se replica y la diferencia se diluye. El problema se ha movido, aunque no siempre se quiera reconocer.
Hoy tiene menos que ver con lo que se puede hacer y más con lo que se decide hacer. Con encontrar una idea que no dependa de la herramienta para existir. Con construir algo que funcione cuando deja de ser contenido y se convierte en decisión.
Hace una década, el marketing premiaba la presencia: estar, aparecer, ocupar espacio. Hoy esa lógica empieza a perder fuerza. La cantidad de contenido ha vuelto irrelevante buena parte de lo que se produce. La visibilidad, por sí sola, ya no alcanza.
Empieza a pesar la precisión.
La inteligencia artificial amplifica esa diferencia. Puede escalar una buena decisión, pero también puede hacer más evidente una mala. No corrige el criterio. Lo deja expuesto, y en ese proceso también expone algo más incómodo: no todo lo que se produce merece existir.
Porque el problema ya no es la falta de recursos, ni de tecnología, ni de capacidad de ejecución. Es la dificultad para distinguir, en medio de todo lo posible, qué tiene sentido hacer.
En medio de la presión por producir, hay algo que se pierde. El tiempo para observar. La pausa antes de ejecutar. La capacidad de encontrar valor en lo que está ahí, pero no se está mirando.
Algunas ideas destacan por eso. No por ser más complejas, sino por ser más precisas. No por usar mejor la tecnología, sino porque dependen menos de ella. Y en un entorno donde todo puede ser generado, esa diferencia empieza a sentirse menos en lo que se ve y más en lo que ocurre después, cuando una decisión ya no responde solo a lógica, sino a algo más difícil de explicar.
Soy Jorge Lazo Arias y los miércoles encontrarás aquí información sobre marketing, a partir de analizar campañas buenas y también las no tan buenas… porque todo nos suma para conocer las novedades en el mundo del marketing y contar con aprendizajes que podemos aprovechar y aplicar en nuestro día a día.

:quality(75)/blogs.gestion.pe/marketing-de-miercoles/wp-content/uploads/sites/199/2023/02/JorgeLazo1.jpg)