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La distribución de la riqueza entre el Estado y los emprendedores: ¿Quién es el que más obtiene de una actividad productiva?

#emprendedores

Autor: Sergio Bravo, ESAN

Cuando un emprendedor forma una empresa, generando la prestación un bien o servicio, contribuye a satisfacer la necesidad de un grupo de consumidores. Al respecto, la frase «el crecimiento es consecuencia de un buen desempeño como empresa» es muy acertada, y claro, el emprendedor tiene el sueño de que algún día dirigirá una gran empresa y generará un impacto importante en la sociedad. De pronto, instalada la empresa, se da cuenta que llevar adelante un emprendimiento no consiste solamente en desarrollar un producto o servicio –sobre lo que posiblemente tenga gran dominio –, sino que también significa ingresar a un mundo de impuestos y contribuciones que –por lo general– no entiende ni domina, pero sí nota que le genera un importante flujo de egresos.

Varias veces se ha manifestado que los empresarios se llevan la mayor parte de las ganancias generadas en sus negocios por todos los recursos humanos partícipes, dándole incluso tonos peyorativos. En tal sentido, es necesario conocer en realidad cuánto obtiene el empresario y cuánto de la actividad productiva se traslada al Tesoro Público. Si se reflexiona sobre esto, vemos cuán significativo es que desde hace más de dos décadas las empresas y trabajadores pagan sus facturas de luz, agua, teléfono y otros servicios públicos sin subsidios, y más importante aún, es que el crecimiento de un país está función de la capacidad de las empresas de invertir y reinvertir, que solo puede ser posible si mantienen un mayor porcentaje de los ingresos por los servicios y/o bienes que brindan.

Economistas, financistas y especialistas tributarios calculan los impuestos y contribuciones que paga una empresa (punto de vista de las obligaciones de las empresas al fisco), pero pocos son conscientes de lo que significa en términos de competitividad que una actividad productiva tenga altas cargas tributarias frente a la competencia de otros países (con menores cargas tributarias). Tampoco se reflexiona que a través del cobro de tributos y contribuciones, el Estado recauda un mayor porcentaje  de los precios de venta de un producto en comparación con los accionistas o emprendedores que lo generaron, lo que ocurre sin exigirle al Estado se organice con mayor eficiencia, genere un menor gasto corriente  y realice inversiones de mayor calidad; es decir, que pueda realizar más con menos. Así, el Estado –en una actitud pasiva, cuando no, poco eficiente– recibe más recursos del valor del producto que quién genera el mismo.

Dado lo anterior, si analizamos el fenómeno de la informalidad dentro de un enfoque de racionalidad económica, se aprecia el alto costo que implica formalizarse en el país y por qué algunas empresas sobreviven en la informalidad Se elige el camino de la incorporación compulsiva a la formalidad, cuando debería ser parte de un proceso de reducción de la carga tributaria.

Para explicar el impacto de los impuestos y contribuciones, se desarrollará un análisis del estado de resultados de una empresa con una buena rentabilidad, ya que sería un mal ejemplo aquella que no gana o pierde, pues en ese caso los empresarios recibirían poco o nada como utilidades.

Estructura de estado de resultados para el caso

  1. El ingreso de la empresa a analizar es S/ 115 mil, sin considerar IGV.
  2. Del ingreso de S/ 115 mil, se supondrá que el costo por la compra de bienes y servicios es S/ 30 mil (26.1% de los ingresos; además, se considera S/ 40 mil en salarios del personal bajo la modalidad de 5ta categoría (34.8% del ingreso).
  3. Los salarios del personal bajo la modalidad de 4ta categoría asciende a S/ 20 mil (17.4% respecto al ingreso). imagen c1
  4. Así la diferencia de ingresos (S/ 115 mil) menos costos y gastos (S/ 90 mil) nos da una utilidad antes de impuestos de S/ 25 mil. Asumiendo un pago del 30% por impuestos equivalente a S/ 7.5 mil, obtenemos una utilidad neta de S/ 17.5 mil.

La utilidad neta representa el 15.2% de los ingresos, por lo que se considera una buena o razonable utilidad.

Determinación de los impuestos y contribuciones

  1. Por los ingresos de S/ 115 mil, la empresa retiene 18% por concepto de Impuesto General de las Ventas (IGV), monto que destinará al fisco directamente o en partes a través de las facturas de los proveedores, que siempre sumará el equivalente al total del IGV: S/ 20.7 mil.
  2. imagen c2 Por el salario de los trabajadores, el Estado recauda un promedio de 17% por renta de 5ta categoría (S/ 6.8 mil) y por contribuciones un 22% (S/ 8.8 mil). En tanto, por renta de trabajadores de 4ta categoría se considera un promedio de 12% (S/ 2.4 mil pagados por el trabajador).
  3. También se considera una estimación de la renta y contribuiciones pagadas a través de proveedores (S/ 4.7 mil). Finalmente consideramos el Impuesto a la Renta que paga la empresa por sus utilidades es S/ 7.5 mil (30%).
  4. Si se suman impuestos y contribuciones, en total se ha trasladado al fisco S/ 50.9 mil de un ingreso de S/ 115 mil sin incluir IGV, lo que representa el 44.3%. Si se compara la utilidad neta obtenida por el empresario (15.2% de los ingresos) frente a este 44.3% obtenido por el Estado, entonces, claramente se traslada al fisco más de 3 veces lo que obtiene el empresario por la actividad económica. Si este último obtiene menos utilidad, esta proporción se amplía. Si la empresa no genera renta o pierde, igual tiene que trasladar impuestos y contribuciones, salvo el impuesto a la renta. imagen c3
  5. En el ejemplo, si comparamos con el ingreso que incluye IGV (S/ 115 mil * 1.18 = S/ 135.7 mil), el fisco recibe el 37.5% y el empresario el 12.9%, la proporción se mantiene.

 

Como se ve, la mayor parte del valor agregado generado por las empresas se queda en manos del Estado a través de impuestos y contribuciones: 44.3% del valor de venta o 37.5% del precio de venta, mientras que los emprendedores y sus accionistas obtienen un tercio: 15.2% del valor de venta o 12.9% del precio de venta; pero se insiste, si la empresa no genera utilidades, el Estado sigue cobrando impuestos y contribuciones. Esto refleja el enorme peso de la formalidad de las empresas, quitándole competitividad a las empresas nacionales y sin percibir beneficios por los aportes que se están realizando –los recursos destinados a la función redistributiva del Estado son poco significativos frente al gasto corriente del Estado–, a lo que se suman los pagos por los servicios públicos que se pagan directamente sin subsidios del Estado.

Por eso, el anuncio del Presidente sobre la reducción del IGV fue una buena noticia, pero claro que tendremos que esperar. En la región, hay países con menos cargas tributarias y de contribuciones, en otras regiones igualmente, lo que hace competitivas a sus empresas y a sus naciones. Los ejemplos, de los países con enormes cargas tributarias que se tambalean por falta de competitividad es amplia y conocida. ¿Cuál debe ser el objetivo nacional? Creería que promover el desarrollo empresarial de empresas pequeñas, medianas y grandes fuertes para darle una mejor economía a todos los peruanos; por lo que debemos ver la manera más acorde de cómo reestructurar al Estado de tal forma que permita tener una presión tributaria adecuada.

Sergio Bravo Orellana, Director FRI ESAN, los invita a revisar este  link donde encontrarán un archivo excel con el ejercicio desarrollado.

 

 

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