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¿FPF o ADFP? ¿Quién debe dirigir el fútbol profesional en el Perú?

El lunes 5 de enero la Federación Peruana de Fútbol envió una carta a la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional, desconociendo a la nueva junta directiva, presidida por el abogado Hugo Duthurburu (con más de 20 años de experiencia en la industria del fútbol profesional), pues según información de la propia FPF, los nuevos estatutos de la ADFP (aprobados en octubre de 2017 por la asamblea para este nuevo ciclo de gestión) determinan que el periodo de la junta directiva es de cuatro años. Sin embargo, estos estatutos no se encontraban inscritos debidamente y presentaban una serie de observaciones que debían ser corregidas antes de su aprobación y registro correspondiente.

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Este fue un aviso más que claro a la ADFP de la intención de la FPF de ser el ente regulador del fútbol a todo nivel, como sucede por ejemplo en Argentina donde la AFA es el amo y señor del fútbol. Con el control de la Comisión de Justicia (dos salas), los torneos de menores y el de reserva (desde hace dos años), sólo resta el campeonato descentralizado para que la FPF tenga el control absoluto del fútbol peruano. Una idea que para muchos no es descabellada, tomando en cuenta que el equipo de Edwin Oviedo ha generado cambios drásticos y positivos en las estructuras del fútbol peruano y que sus acciones se han visto respaldados por el logro deportivo más importante de las últimas décadas: la clasificación al Mundial Rusia 2018.

Oficio de la FPF desconociendo la actual junta directiva de la ADFP.

Oficio de la FPF desconociendo la actual junta directiva de la ADFP.

Un paso más a ese objetivo fue la formación de la Comisión de Fútbol Profesional de la FPF, que fue presentada una semana después de que tome posición la nueva junta directiva de la ADFP. Esta comisión es integrada por miembros que en su mayoría son de la FPF: Edwin Oviedo, Juan Carlos Oblitas, Alberto Masías, Hugo Duthurburu, Alberto Masías, Sergio Ludueña, Rafael Rizopatrón, Felipe Cantuarias y Roberto Silva Pró. Se encargará de sugerir la organización del fútbol profesional, un eterno dolor de cabeza para las asambleas de la ADFP.

La FPF ha planteado un campeonato similar al fútbol mexicano, con Apertura, Clausura y una liguilla de ocho equipos al final de cada torneo. Sin embargo, este sistema de torneo no se adapta a las condiciones contractuales de la ADFP con el Consorcio del Fútbol Peruano (dueño de los derechos audiovisuales de la Copa Movistar), que exige, por contrato, que cada equipo juegue como mínimo 44 partidos. Esa cifra nació en el tiempo que se jugaba el torneo con 12 equipos, con una Apertura y Clausura de dos vueltas y un Play Off y no se adapta a los 16 equipos que existen en la actualidad. Es por ello, que obligatoriamente se tienen que jugar en los primeros meses del año el Torneo de Verano (antes llamado Torneo del Inca). Jugar menos partidos para un club que no clasifica a las liguillas sería perjudicial en lo económico pues no cumpliría con el mínimo de partidos, tomando en cuenta además, que los clubes en el Perú, tienen en los pagos por derechos de TV, el 80% de sus ingresos.

El interés de la FPF por tomar las riendas del torneo nace además, de querer hacer un campeonato más atractivo y competitivo, en tomar el control comercial de la ADFP, que actualmente sólo tiene dos sponsors adicionales a Movistar, que son el patrocinador técnico del campeonato, la marca deportiva Umbro y la marca de aceites Vistony, asimismo se agrega un pago por el naming sponsor, que paga CFP para que el torneo se llame Copa Movistar, estos tres montos suman cerca de un millón de dólares anuales. A ello se agregan los ingresos de cerca de US$ 200,000 por el 3% de las taquillas y el cobro de las multas por tarjetas amarillas. Una cifra que para la Federación resulta atractiva, pero conociendo la capacidad comercial de sus ejecutivos podría aumentarse considerablemente, tomando en cuenta los últimos sponsors que ha sumado la Selección Peruana.  

Lo saludable de la ADFP es que su asamblea siempre trata de buscar el bien común de los clubes, donde el objetivo principal además, de reglamentar la organización del torneo, es financiar el fondo de transportes, para que los clubes puedan costear el traslado de los equipos a las diversas ciudades donde se juega el campeonato. La ADFP es el principal cliente de la línea aérea Latam, comprándole cerca de 14,000 pasajes anualmente (ninguna empresa del Perú compra tantos pasajes), aunque esta cifra ha variado desde que la FPF organiza el campeonato de reservas y por lo tanto, ha perdido poder en la negociación con Latam.

La FPF a través de su proyecto de licenciar a los clubes profesionales desde hace dos años ha intentado buscar mejorar la gestión de los clubes, pero actualmente son pocas las instituciones que pueden cumplir a rajatabla con los requisitos (estados financieros, divisiones menores, cancha de entrenamiento propia, campo de juego, entre otros). Va a ser un año duro de negociaciones entre la ADFP y la FPF.

Nada asegura que el control de absoluto de la Federación Peruana de Fútbol del fútbol profesional haga crecer el campeonato. En países como España, LaLiga es manejada por los clubes a través de la Liga de Fútbol Profesional, sin necesidad que la Real Federación de Fútbol de España, organice el campeonato y es considerada la mejor del mundo. Dos asociaciones de fútbol si pueden convivir si se trabaja con sinergia. Desde 1962, el fútbol profesional peruano es manejado de forma consecutiva por la ADFP (antes ACF – Asociación Central de Fútbol).  El gran reto de esta nueva junta directiva de la ADFP a cargo de Duthurburu es lograr su gestión que gane la suficiente credibilidad, para no seguir perdiendo peso ante una FPF, que juega con la copa en la mano después de haber clasificado al Mundial y que ha demostrado estar en la capacidad de transformar las derrotas en triunfos, dentro y fuera de la cancha. Los que amamos el fútbol queremos un campeonato más atractivo, con tribunas llenas y equipos económicamente sólidos. Para que la clasificación a Rusia 2018 no sea una irrealidad y que la fiesta no sea sólo de la selección, sino también de los equipos profesionales, que son quienes finalmente nutren de jugadores a la blanquirroja.

 

 

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