El Perú necesita más escuelas de dirección, no solamente escuelas de negocios
Con frecuencia escucho afirmar que una escuela de dirección y una escuela de negocios son lo mismo. Este es un grave error conceptual. La diferencia no está simplemente en el nombre, sino en la manera de comprender la empresa, la responsabilidad de quien la dirige y el propósito del management. Una escuela de negocios puede centrarse en enseñar a competir, incrementar la rentabilidad y alcanzar resultados financieros. Una verdadera escuela de dirección debe ir más allá: busca formar personas capaces de gobernar organizaciones, comprender su complejidad y asumir las consecuencias humanas, éticas, financieras y sociales de sus decisiones.
Aquí surge una pregunta que discuto con frecuencia con filósofos, en especial con mi amigo, el Dr. Juan Fernando Sellés, de la Universidad de Navarra: ¿qué es la persona?
Puede parecer una pregunta excesivamente abstracta para el mundo empresarial, pero constituye el punto de partida de toda verdadera dirección. Muchos directivos afirman que dirigen personas sin haberse preguntado qué es una persona. Del mismo modo, muchos profesionales hablan de gestión del conocimiento sin haber reflexionado sobre qué es el conocimiento, cómo se origina y quién es realmente capaz de conocer. No se puede dirigir adecuadamente aquello que no se comprende.
Esta cuestión se vuelve aún más relevante ante el avance de la inteligencia artificial. La IA puede procesar información, automatizar tareas, reconocer patrones, construir escenarios y apoyar la toma de decisiones. Sin embargo, en los asuntos propios de la alta dirección, la responsabilidad última no puede delegarse a un algoritmo. La inteligencia artificial puede calcular, predecir y recomendar, pero no puede sustituir la prudencia, el juicio ético ni la responsabilidad personal. Puede apoyar al dirigente, pero es la persona quien debe comprender el propósito de una decisión, valorar sus consecuencias y responder por ellas.
Precisamente aquí se hace visible la diferencia entre hacer negocios y dirigir organizaciones.
Cuando el negocio se convierte en la finalidad exclusiva, las personas corren el riesgo de ser tratadas únicamente como recursos y la rentabilidad se convierte en el principal criterio para decidir. Una escuela de dirección, en cambio, coloca en el centro a la persona, el propósito de la organización y su contribución al bien común.
Esto no significa negar la importancia de la rentabilidad. Toda empresa necesita ser rentable para sobrevivir, crecer, innovar, invertir y generar empleo. Pero la rentabilidad debe comprenderse como una condición necesaria para la continuidad de la empresa, no como su única razón de ser.
Una verdadera escuela de dirección no se limita a enseñar cómo obtener resultados. También enseña a preguntarse para qué, para quiénes y a qué costo se alcanzan. Su misión no consiste únicamente en formar ejecutivos eficientes, sino dirigentes prudentes, responsables y conscientes del impacto de sus decisiones.
Por eso, el management necesita de la filosofía. Sin ella, corre el riesgo de convertirse en un conjunto de técnicas eficientes, pero carentes de orientación y propósito. La estrategia, las finanzas, la innovación y la tecnología nos ayudan a comprender cómo actuar; la filosofía y la ética nos permiten preguntarnos por qué, para qué y al servicio de quién debemos hacerlo.
Necesitamos escuelas que desarrollen pensamiento crítico de alto nivel y recuperen la auténtica vida académica: espacios de diálogo intelectual, reflexión, cuestionamiento y búsqueda de la verdad. Escuelas en las que se debata sobre la naturaleza de la empresa, la dignidad de la persona, el ejercicio del poder, la responsabilidad del dirigente y el propósito de las organizaciones.
Dirigir no es solamente administrar recursos, ejecutar modelos o maximizar indicadores. Dirigir es gobernar comunidades de personas, construir propósitos compartidos y asumir la responsabilidad por las consecuencias de cada decisión.
El Perú no necesita solamente profesionales más capacitados para hacer negocios. Necesita personas mejor formadas para dirigir organizaciones.
Necesitamos más escuelas de dirección y no solamente escuelas de negocios.
Declaración sobre el uso de inteligencia artificial: El Dr. Diego Noreña declara que utilizó herramientas de inteligencia artificial generativa exclusivamente para mejorar la redacción y la claridad del texto. Las ideas, los argumentos y la responsabilidad por el contenido corresponden íntegramente al autor.

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