¿Conocen realmente los ejecutivos sus organizaciones?
Los directivos modernos disponen de una cantidad de información sin precedentes. Además de contar con sistemas de inteligencia artificial capaces de procesar datos, detectar patrones y generar predicciones, pueden consultar indicadores en tiempo real, analizar tendencias, revisar cuadros de mando, monitorear el desempeño de cada unidad de negocio y acceder a herramientas cada vez más sofisticadas de inteligencia empresarial. Nunca antes había sido tan fácil obtener información sobre una organización. Sin embargo, conviene plantear una pregunta incómoda: ¿disponer de más información, incluso procesada por inteligencia artificial, significa conocer mejor la organización?
La filosofía clásica del conocimiento invita a sospechar que no. Aristóteles sostuvo que conocer no consiste en acumular signos, imágenes o representaciones, sino en poseer intencionalmente la realidad conocida. El conocimiento no termina en los datos; atraviesa los datos para alcanzar aquello que los datos representan.
Esta distinción resulta especialmente relevante para el management contemporáneo. Los ejecutivos toman decisiones apoyándose en informes, métricas, indicadores financieros, índices de productividad, encuestas de clima laboral, modelos predictivos y sistemas de inteligencia artificial. Todos estos elementos son valiosos. El problema surge cuando se olvida que son signos y no la realidad misma. Un indicador de rotación no es la experiencia de quienes abandonan la organización. Un índice de satisfacción no es la satisfacción real de los clientes. Un organigrama no es la red efectiva de relaciones que hace posible el trabajo cotidiano. Un informe estratégico no es la estrategia vivida por quienes deben ejecutarla. Un modelo predictivo no es el futuro, sino una representación posible basada en datos disponibles. En todos estos casos existe una diferencia entre la representación y aquello que está siendo representado.
La teoría clásica del conocimiento sostiene que el acto de conocer es intencional, es decir, está dirigido hacia algo distinto de sí mismo. Cuando observamos un indicador, nuestra atención no debería detenerse en el número, sino dirigirse hacia la realidad organizacional que dicho número intenta reflejar. Lo mismo ocurre con una recomendación generada por inteligencia artificial: su valor no está en la sofisticación del sistema, sino en su capacidad para remitirnos mejor a la realidad que buscamos comprender. El signo tiene valor únicamente porque remite a algo distinto de él. Cuando el signo se convierte en el centro de atención, el conocimiento comienza a degradarse.
Quizá uno de los riesgos más importantes del management contemporáneo sea precisamente la sustitución progresiva de la realidad por sus representaciones. Cuanto más sofisticados son los sistemas de información, más fácil resulta confundir los modelos con aquello que modelan. Los ejecutivos pueden llegar a conocer perfectamente sus indicadores, sus dashboards y sus predicciones algorítmicas y, sin embargo, comprender cada vez menos lo que realmente sucede dentro de la organización. Desde esta perspectiva, la cuestión fundamental no es cuánta información posee un directivo, sino cuál es su relación con la realidad. El verdadero conocimiento exige ir más allá de los reportes, las métricas, los cuadros de mando y las recomendaciones automatizadas para comprender las personas, los procesos, los conflictos, las capacidades y las dinámicas que dichos instrumentos intentan describir.
La filosofía del conocimiento ofrece aquí una enseñanza particularmente valiosa. Conocer no es acumular representaciones, sino alcanzar la realidad a través de ellas. Los datos son necesarios. Los indicadores son útiles. Los modelos son indispensables. La inteligencia artificial puede ampliar enormemente nuestra capacidad de análisis. Pero ninguno de estos elementos constituye un sustituto de la realidad misma.Por ello, la pregunta decisiva para cualquier líder no debería ser cuánto sabe sobre su organización, sino si aquello que sabe le permite comprender mejor la realidad que dirige. Tal vez el desafío más importante del management actual no sea generar más información ni incorporar más inteligencia artificial, sino recuperar la capacidad de conocer aquello que esa información pretende representar.
La pregunta final permanece abierta: ¿estamos utilizando la inteligencia artificial para conocer mejor nuestras organizaciones o simplemente para producir representaciones cada vez más sofisticadas de una realidad que observamos cada vez menos?
Declaración de uso de inteligencia artificial:
El autor declara haber utilizado herramientas de inteligencia artificial únicamente como apoyo para mejorar la redacción, claridad y organización del texto. El contenido, las ideas centrales y el enfoque argumentativo no fueron generados ni inventados por inteligencia artificial.
*Este artículo se inspira en las reflexiones sobre el conocimiento, la intencionalidad y la inmaterialidad desarrolladas por el Dr.Rafael Corazón González en su obra Filosofía del conocimiento, aplicándolas al ámbito del management y la dirección de organizaciones.

:quality(75)/blogs.gestion.pe/el-arte-de-emprender-y-fallar/wp-content/uploads/sites/166/2018/07/IMG_1417.jpg)