Susana Balbo, la enóloga que quiso ser física nuclear
Susana Balbo casi estudia física nuclear. El golpe militar de 1976 se lo impidió, y Argentina terminó con su primera mujer enóloga en lugar de una física reconvertida a las partículas subatómicas. De ahí en más la lista de créditos es larga: presidió tres veces Wines of Argentina, entró al Decanter Hall of Fame en 2024 y hoy es la Reina del Torrontés, apodo que se ganó hace más de cuarenta años en Cafayate, Salta.
Fundó su bodega en 1999, en Agrelo, al pie de la cordillera mendocina. Hoy sus vinos llegan a más de cuarenta mercados, incluido el peruano, de la mano de su importadora y distribuidora Cien por Ciento. Todo eso ya se ha contado. Lo que sigue, no tanto.
Confieso que llegué a la entrevista con más nervios que preguntas, algo que no me pasa seguido después de años escribiendo sobre vino.
La física que no fue
Sus padres, de origen italiano y temperamento conservador, no la dejaron irse a Bariloche a estudiar en el Instituto Balseiro en pleno golpe de Estado. La carrera académica se frustró ahí. La curiosidad, no.
“Hubo un golpe militar en Argentina y no pude ir a estudiar al Balseiro”, cuenta. “De todas maneras, sigo estudiando física cuántica. Me encanta, sigo leyendo y aprendiendo.”
Esa curiosidad sostiene que el vino es energía, que cada botella lleva la personalidad de quien la hizo, y que prestar atención plena al presente es, para ella, casi un ejercicio físico antes que espiritual. En algún punto de esa reflexión llega a algo que la ciencia sí puede sostener: el estrés sostenido altera la respuesta inmune y aumenta la propensión a enfermar. La psiconeuroinmunología lleva décadas documentándolo.
La pregunta que toda empresa familiar evita
José y Ana, sus dos hijos, trabajan hoy en la bodega: él como enólogo, a cargo de investigación y desarrollo; ella en el área comercial. Susana no endulza lo que implica tenerlos ahí.
“Todas las empresas familiares son complicadas”, dice. “El primer conflicto que surge es cuando tenés dos hijos hiperinteligentes, como los míos: a quién le va a tocar la sucesión, quién va a continuar el legado. Te genera un dilema, te genera estrés.”
Su manera de resolverlo pasa por soltar la ansiedad de tenerlo todo definido de antemano. “Hay que despojarse de esa ansiedad, porque interfiere en la relación familiar. Las cosas se van a ir decantando, y van a ser como tienen que ser.”
El vino que olía a error
El Torrontés de Raíz Naranjo, con maceración en contacto con la piel de la uva y fermentado en ánfora, ganó la distinción Master en los Orange Wine Masters 2025. Antes de llegar ahí, Susana vio de cerca todo lo que podía salir mal con esa técnica.
“Vi tanto naranjo defectuoso, con borras gruesas, vinos que se echaban a perder al año”, recuerda. “Fue un desafío personal: había que demostrarle al público que podían existir vinos naranja buenos, complejos, sofisticados. Si no, lo único que hacíamos era perjudicarle la industria entera a todos.”
Traza el paralelo con el propio Malbec argentino, que en los años ochenta y noventa tenía una dispersión de calidad tan grande que confundía al consumidor. Recién cuando el país logró un estándar parejo entre sus etiquetas, dice, pudo consolidarse como productor serio de Malbec. Para ella, una mala botella dentro de una categoría emergente compromete a toda la industria que viene detrás.
De la banca legislativa al W20
En 2015 fue elegida diputada nacional. Duró poco y no lo recuerda con cariño.
“La del diputado no fue linda. Pensé que podía cambiar la historia de mi país, era una ilusa. Renuncié porque no estaba de acuerdo con muchas cosas que estaban pasando.” Mauricio Macri le ofreció entonces presidir el W20, el grupo de empoderamiento femenino del G20, para que su salida de la política no fuera un portazo. Ahí encontró un terreno que sí le duró: “Trabajamos por la inclusión financiera, laboral y digital de las mujeres, sobre todo las rurales, que son las más olvidadas.”
Sobre el mercado peruano, que conoce por la gastronomía más que por la política, es breve pero clara: “Nuestros vinos son muy gastronómicos, y la gastronomía de Perú es maravillosa, cada vez se desarrolla más. Nuestras expectativas ahí son muy altas.” Sus etiquetas, entre ellas Crios, Signature y BenMarco, llegan al país a través de Cien por Ciento Licores.
Cierro la grabación y me quedo con algo que no está en ninguna cita textual: la facilidad con la que se ríe de sí misma. Se llama “ilusa” no por haber llegado al Congreso, sino por haber creído que desde ahí podía cambiar la historia de su país para mejor. Bromea sobre la cercanía cultural entre Argentina y Perú como si fuera una obviedad de sobremesa, y en ningún momento necesita subrayar sus propios títulos para sostener la conversación. Entrevistar a alguien con su trayectoria suele venir con el riesgo de que el currículum ocupe el lugar del diálogo. Con Susana Balbo, eso no pasó.
Más detalles de la entrevista, a continuación:

:quality(75)/blogs.gestion.pe/dona-cata/wp-content/uploads/sites/218/2023/10/Rosa-Bonilla.jpg)


