¿Cómo transforman las mujeres el liderazgo educativo en América Latina?
Por: Lydia Arbaiza Fermini. Decana de ESAN Graduate School of Business.
Las mujeres vienen transformando la educación latinoamericana desde las aulas, la investigación y la gestión institucional. Sin embargo, persisten barreras que limitan su acceso a puestos directivos y decisiones estratégicas. ¿Qué hace falta para lograr una mayor igualdad de oportunidades?
El liderazgo educativo de las mujeres en América Latina ya transforma instituciones, comunidades y trayectorias profesionales. Sin embargo, su presencia en el sistema educativo no siempre se traduce en acceso a los puestos de mayor responsabilidad. El desafío no radica en la falta de talento femenino, sino en las condiciones y los criterios que determinan quiénes llegan a dirigir.
¿En qué espacios ejercen liderazgo las mujeres en la educación?
El liderazgo educativo de las mujeres se manifiesta en distintos espacios, desde las aulas hasta los organismos responsables de formular políticas públicas. Cada ámbito ofrece oportunidades para transformar la enseñanza, fortalecer las instituciones y responder a las necesidades de las comunidades mediante iniciativas que contribuyen al desarrollo educativo y social de América Latina.
En el aula, las docentes construyen vínculos con sus estudiantes y acompañan sus aprendizajes. En la investigación, las académicas producen conocimiento y contribuyen a definir agendas institucionales. Por su parte, las mujeres profesionales que se desempeñan en puestos de dirección conducen comunidades educativas, impulsan mejoras en la enseñanza y promueven entornos que favorecen el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes.
En la educación superior, las mujeres asumen responsabilidades en decanatos, vicerrectorías y rectorías, desde donde orientan decisiones académicas y administrativas. Su participación también alcanza la gestión pública, mediante la formulación e implementación de políticas educativas nacionales y regionales, así como la vinculación con comunidades para impulsar la innovación y el desarrollo territorial.
El alcance de este liderazgo también depende de su capacidad para formar a nuevas generaciones de profesionales. La mentoría, el acompañamiento de carreras, la construcción de redes y la preparación de sucesores amplían las oportunidades de crecimiento. Así, las líderes educativas contribuyen a que otras personas desarrollen sus capacidades y asuman responsabilidades institucionales.
¿Por qué persiste la brecha de género en los cargos directivos?
Lamentablemente, la presencia de las mujeres en el sistema educativo latinoamericano no siempre se refleja en los cargos de mayor responsabilidad. Según datos de la Unesco, en una muestra de nueve países de la región, el 18 % de las universidades públicas tenía una rectora. Esta cifra evidencia los avances alcanzados y los desafíos pendientes en el acceso a la dirección.
Colombia ilustra esta diferencia. Según el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Iesalc), la Asociación de Universidades Grupo Montevideo y otros investigadores, las mujeres representan el 65 % del personal docente, pero ocupan solo el 34 % de las rectorías escolares. Esta brecha pone de relieve las condiciones de acceso a los puestos directivos.
En Chile, una investigación publicada en 2023 en el journal Educational Management Administration & Leadership evaluó catorce prácticas de liderazgo escolar en 381 escuelas primarias urbanas. En nueve de ellas, las directoras recibieron valoraciones más favorables que los directores por parte de docentes. Este resultado aporta evidencia sobre el desempeño del liderazgo femenino y destaca la importancia de considerar la experiencia de quienes trabajan bajo su dirección.
¿Qué acciones amplían las oportunidades de liderazgo femenino?
La ampliación del liderazgo educativo de las mujeres requiere revisar los sistemas de selección y promoción, fortalecer las trayectorias profesionales desde etapas tempranas y documentar experiencias de transformación institucional. Estas medidas permiten reconocer competencias diversas, reducir sesgos y generar evidencia para orientar políticas. El compromiso también involucra a toda la comunidad educativa, incluidas las personas que ocupan posiciones de decisión.
Las escuelas de negocios pueden contribuir al cambio al visibilizar resultados concretos, evaluar el liderazgo por su aporte a la misión institucional y promover trayectorias profesionales diversas. La participación femenina debe traducirse en influencia efectiva sobre las decisiones, el desarrollo docente y la continuidad de las iniciativas. El desafío consiste en reconocer, fortalecer y ampliar una contribución que ya existe.
Es necesario reconocer los aportes de las líderes al desarrollo educativo de América Latina, ampliar sus oportunidades de acceso a puestos de decisión y fortalecer las condiciones para que más mujeres profesionales ejerzan funciones de liderazgo. Así, las instituciones impulsarán cambios sostenibles y multiplicarán nuevas generaciones de líderes educativas. ¿Qué otras acciones pueden contribuir a la formación de nuevas generaciones de mujeres líderes en el sector educativo? Déjanos tu opinión.

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