Inteligencia artificial en las smart cities: hacia ciudades más eficientes, humanas y sostenibles
Por: Eddy Morris. Decano de la Facultad de Ingeniería de ESAN University.
Las ciudades enfrentan grandes desafíos en esta época, como la congestión vehicular, la inseguridad, la contaminación, el consumo energético, la necesidad de mejorar los servicios públicos y una constante demanda ciudadana por respuestas más rápidas. La inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo en una tecnología clave para acelerar la evolución hacia las smart cities o ciudades inteligentes. Sin embargo, no se trata de llenar la ciudad de sensores o plataformas digitales, sino de registrar datos urbanos y utilizar la IA para mejorar la toma de decisiones, anticipar problemas y elevar la calidad de vida de los ciudadanos.
Una smart city o ciudad inteligente es aquella que utiliza la tecnología para gestionar sus recursos, optimizar sus servicios y responder con mayor agilidad a los requerimientos de sus ciudadanos. La inteligencia artificial potencia esta gestión porque permite analizar grandes volúmenes de información en tiempo real, identificar patrones, predecir comportamientos y automatizar decisiones operativas. Así, la ciudad deja de ser un conjunto de servicios aislados y se transforma en un sistema integrado, capaz de aprender y adaptarse.
En una ciudad inteligente, la IA puede aplicarse a la movilidad urbana. Mediante algoritmos, cámaras, sensores y datos de tránsito, es posible controlar los semáforos de manera dinámica, detectar congestiones, predecir accidentes, optimizar rutas de transporte público y mejorar la experiencia de los usuarios. Una ciudad que analiza y comprende cómo se moviliza su población puede reducir los tiempos de traslado, disminuir emisiones e incrementar la productividad. La movilidad inteligente no consiste únicamente en contar con aplicaciones de transporte, sino en gestionar de manera integral el sistema de desplazamiento urbano mediante información oportuna y decisiones basadas en datos.
La IA aplicada a la seguridad ciudadana permite identificar zonas de alto riesgo, analizar patrones delictivos, mejorar la asignación de patrulleros y lograr respuestas más rápidas ante emergencias. Se trata de contar con herramientas que permitan actuar con mayor rapidez, precisión y oportunidad. Para ello, es necesario establecer límites éticos, mecanismos de supervisión y reglas claras sobre el uso de datos personales.
La inteligencia artificial también puede transformar la gestión ambiental. Gracias a ella, es posible monitorear la calidad del aire, anticipar niveles de contaminación, optimizar el consumo de agua, mejorar la recolección de residuos y reducir el uso de energía en edificios públicos. En una época en la que las ciudades deben avanzar hacia modelos más sostenibles, la IA permite actuar de manera proactiva en lugar de reactiva, anticipando problemas y reduciendo sus impactos.
En los servicios públicos, las municipalidades pueden utilizar chatbots y asistentes virtuales para atender consultas ciudadanas, orientar la realización de trámites y realizar seguimiento a solicitudes, reclamos u otros requerimientos. Asimismo, pueden recopilar información sobre la demanda de servicios o la resolución de problemas, permitiendo una mejor planificación. Una gestión municipal inteligente no es solo aquella que digitaliza formularios, sino aquella que escucha, aprende y responde mejor.
La integración de la IA en las ciudades requiere considerar algunos aspectos clave, como la disponibilidad de datos confiables y actualizados. Muchas ciudades tienen información dispersa en distintas áreas, formatos y sistemas. Sin una arquitectura de datos adecuada, la IA no puede generar valor real. Además, la gobernanza debe definir quién administra los datos, cómo se utilizan y cómo se protege la privacidad de los ciudadanos. Otro aspecto fundamental es contar con profesionales capaces de integrar tecnología, gestión pública, urbanismo, análisis de datos y ética.
En el desarrollo de las smart cities, debemos evitar adoptar una visión exclusivamente tecnológica. No se trata únicamente de adquirir plataformas digitales, sino también de rediseñar procesos, fortalecer capacidades institucionales y colocar al ciudadano en el centro de las decisiones. La IA debe ayudarnos a construir ciudades más humanas, inclusivas y sostenibles, no solamente más automatizadas. La brecha digital, la transparencia algorítmica y el riesgo de decisiones sesgadas deben formar parte de la discusión.
El Perú tiene una gran oportunidad, ya que sus ciudades enfrentan problemas complejos que no podrán resolverse únicamente con más infraestructura física. Se requiere una nueva infraestructura digital y analítica que permita planificar mejor, priorizar inversiones y gestionar los servicios urbanos con mayor inteligencia. La IA puede ayudar a los gobiernos locales a hacer más con recursos limitados, siempre que exista visión estratégica, liderazgo y coordinación entre el Estado, la empresa, la academia y la ciudadanía.
El futuro de las smart cities no estará definido únicamente por la tecnología disponible, sino por la manera en que la utilicemos con propósito. La inteligencia artificial debe convertirse en el cerebro analítico de la ciudad, pero la dirección debe seguir siendo humana. Las mejores ciudades inteligentes serán aquellas que combinen datos, tecnología y sensibilidad social para tomar mejores decisiones y construir entornos urbanos más seguros, eficientes y sostenibles.

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