¿Cuál es el nuevo rol de las escuelas de negocios en el siglo XXI?
Por: Lydia Arbaiza. Decana de ESAN Graduate School of Business
En un contexto de crecimiento desacelerado, disrupción tecnológica y mayor competencia global, las universidades y escuelas de negocios han dejado de ser solo instituciones educativas para convertirse en actores estratégicos del desarrollo. Su contribución ya no se mide solo por el número de graduados o publicaciones científicas, sino también por su capacidad para generar conocimiento útil, fortalecer instituciones, impulsar la innovación y formar líderes que aporten al bienestar colectivo.
Esta transformación es reconocida por publicaciones como el State of Business Education Report 2025 de la Association to Advance Collegiate Schools of Business (AACSB). El informe señala que las escuelas de negocios amplían su misión más allá de la enseñanza tradicional al incorporar como dimensiones estratégicas de su contribución el impacto social, la sostenibilidad, la investigación aplicada y la vinculación con el entorno.
En ese contexto, la capacidad de estas instituciones para generar conocimiento que contribuya a resolver desafíos reales e impulsar la productividad, la innovación, el emprendimiento y el fortalecimiento institucional adquiere un peso cada vez mayor como indicador de su aporte al desarrollo. Este nuevo enfoque se refleja en la forma en que las escuelas de negocios fortalecen los ecosistemas de innovación, impulsan el desarrollo regional y responden a las nuevas demandas de formación ejecutiva.
¿Cómo se impulsa la innovación desde las escuelas de negocios?
El Banco Mundial destaca que el capital humano, la innovación y la calidad institucional son factores clave para el crecimiento económico de largo plazo y la capacidad de los países para generar prosperidad sostenible. En ese contexto, la evidencia internacional muestra que los países con mayores niveles de productividad y competitividad cuentan con universidades articuladas de forma estrecha con el sector productivo, el Estado y los ecosistemas de innovación.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sostiene que las escuelas de negocio tienen un rol central en los sistemas nacionales de innovación al fortalecer la investigación, la transferencia tecnológica, el desarrollo de talento y la colaboración entre la academia, la empresa y el sector público. Así, facilitan la generación y aplicación del conocimiento, impulsan el emprendimiento y contribuyen a la formulación de políticas públicas basadas en evidencia.
Esta evolución también responde a un cambio en la forma de entender la innovación. Hoy, la generación de conocimiento depende cada vez más de ecosistemas colaborativos en los que investigadores, empresas, Gobiernos y emprendedores trabajan en conjunto para responder a retos comunes. En este escenario, las escuelas de negocios asumen un papel cada vez más relevante como articuladoras de estos espacios de colaboración, al acelerar la transferencia de conocimiento hacia las organizaciones y contribuir al desarrollo económico y social.
¿Cómo evoluciona la formación de líderes en las escuelas de negocios?
El World Economic Forum (WEF) identifica la innovación, el desarrollo de habilidades y la colaboración entre instituciones como elementos fundamentales para fortalecer la resiliencia económica y la competitividad de los países frente a las transformaciones tecnológicas y geopolíticas. En América Latina, este desafío adquiere una dimensión aún más relevante debido a las persistentes brechas en productividad, innovación y calidad institucional.
La región necesita fortalecer su capacidad para transformar el conocimiento en productividad, innovación empresarial y emprendimientos de alto impacto. Las escuelas de negocios pueden contribuir a ese objetivo al actuar como puentes entre la academia y las necesidades reales del desarrollo económico, además de formar líderes capaces de transformar organizaciones, fortalecer la gestión pública y promover modelos de desarrollo que combinen competitividad con sostenibilidad e inclusión.
Esta transformación también alcanza a la formación ejecutiva. En un entorno marcado por ciclos tecnológicos cada vez más cortos y mercados de alto dinamismo, el aprendizaje deja de concentrarse en una etapa de la vida profesional para volverse un proceso continuo. Las organizaciones ahora buscan experiencias de aprendizaje que fortalezcan las capacidades necesarias para liderar procesos de transformación, impulsar la innovación y promover un crecimiento sostenible.
El impacto social de una escuela de negocios hoy no debe entenderse como una actividad complementaria o filantrópica. Es una consecuencia directa de formar mejores líderes, generar conocimiento relevante y construir puentes entre la academia, las empresas y el Estado para resolver problemas complejos.

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