Más allá de la propiedad: el auge del consumo colaborativo (Sharing Economy)
Por: Dr. Enrique Louffat. Profesor Principal de ESAN Graduate School of Business.
Este término fue empleado por primera vez por Ray Algar en el boletín Leisure Report (abril de 2007). Para el año 2010, se popularizó con ocasión de la publicación del libro What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, que puede traducirse como “Lo que es mío es tuyo: el ascenso del consumo colaborativo”, de la autora Rachel Botsman.
Es un modelo económico que se sustenta en el intercambio, compra, venta, compartición, préstamo, alquiler o acceso a bienes y/o servicios entre personas (peer-to-peer o P2P), sin necesidad de poseerlos, teniendo como soporte plataformas digitales de gran escala para realizar las respectivas transacciones, con el fin de reducir costos y optimizar el uso de recursos. Las personas pueden desarrollar roles tanto de vendedores (ofertantes) como de compradores (adquirentes), en un sistema abierto que generalmente cuenta con indicadores y comentarios que evalúan su comportamiento histórico, lo que determina la reputación y la confianza al interactuar con ellos.
Algunos tipos de consumo colaborativo son:
- Consumo colaborativo: plataformas donde los usuarios intercambian bienes y servicios, ya sea en modalidad de trueque o mediante compraventa con dinero.
- Conocimiento abierto: plataformas donde se difunden conocimientos sin ánimo de lucro y sin restricciones de derechos de autor, haciendo posible que cualquier interesado pueda acceder a ellos cuando lo requiera.
- Producción colaborativa: espacios físicos o virtuales donde interactúan personas compartiendo (coworking) y administrando de forma conjunta proyectos, productos o servicios.
- Finanzas colaborativas: sistemas de crédito que comprenden servicios de ahorro, donaciones, microcréditos y financiamiento colectivo (crowdfunding), que son aportaciones económicas de otras personas para la realización de proyectos.
Algunos ejemplos de consumo colaborativo los representan las siguientes empresas: Uber (servicio de transporte), Airbnb (servicio de alojamiento), DogVacay (servicio de cuidado de animales), Lima Bike (servicio de alquiler de bicicletas), Verkami (servicio de financiación de proyectos) y eBay (servicio de compraventa de ropa, artículos electrónicos, entre otros, usados).
Las principales ventajas del consumo colaborativo son las siguientes:
- Ahorro: pues no se necesita comprar algo nuevo, cuyo precio original es mucho mayor que uno de segunda mano.
- Mayor oferta: permite elegir entre muchas opciones según criterios como precios, calidad, disponibilidad y tiempos.
- Optimización de recursos: permite utilizar al máximo los productos o servicios ofertados, evitando que queden inactivos.
- Ecosistema relacional: integra e interacciona a los diversos protagonistas de la actividad.
Peligros del consumo colaborativo:
- Desprotección del consumidor: al basarse en la confianza entre las partes, puede estar sujeto a estafas.
- Competencia desleal: el hecho de no pagar impuestos puede generar ventajas frente a negocios o empresas formales tradicionales.
- Falta de regulación legal: limita la protección en temas laborales, de seguros, entre otros.
En base a lo anotado, es importante contar con una legislación regulatoria sólida que ofrezca garantías y transparencia, focalizada en los siguientes puntos:
- Protección del consumidor, garantizando la calidad y seguridad del servicio ofertado, así como el establecimiento de penalidades por daños y perjuicios ocasionados.
- Evitar la competencia desleal con empresas tradicionales que sí están sujetas a exigencias legales y regulaciones de diversas entidades del Estado.
- Fiscalización tributaria, que permita gravar y controlar de manera transparente el pago de impuestos y su contribución al funcionamiento del Estado.
- Fiscalización laboral, que contemple el régimen jurídico del trabajo, así como beneficios y condiciones laborales más justas y equitativas.
Tomando como referencia el análisis de las cinco fuerzas competitivas de Porter aplicado al consumo colaborativo, podríamos encontrar los siguientes rasgos:
- Rivalidad entre competidores existentes: se observa una alta rivalidad por la existencia de plataformas similares; por ejemplo, en taxis tenemos a Uber y Cabify.
- Amenaza de nuevos entrantes: puede considerarse media o alta, pues las plataformas digitales pueden desarrollarse con agilidad y sin grandes restricciones tecnológicas; sin embargo, lograr posicionamiento frente a competidores consolidados es más complejo. Por ejemplo, Yango es una nueva opción diferenciada en relación con Uber o Cabify.
- Poder de negociación de los proveedores: puede considerarse medio, pues son quienes ofrecen la infraestructura, equipos y mano de obra para realizar el servicio; en el caso de taxis, los conductores; en el caso de Airbnb, los propietarios de los hospedajes. Si bien pueden operar en varias plataformas simultáneamente, dependen de la visibilidad y reputación de cada una para consolidar su servicio.
- Poder de negociación de los clientes: es alto, ya que existen múltiples plataformas entre las cuales pueden elegir rápida y fácilmente a través de sus aplicaciones, en función de criterios como precio, seguridad y experiencia.
- Amenaza de productos o servicios sustitutos: puede considerarse alta, ya que compite con modelos de negocio tradicionales; por ejemplo, en el caso de Uber, puede ser sustituido por taxis tradicionales o servicios personalizados con conductores de confianza.

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