Más allá del ranking: el verdadero reto ESG
Por: Armando Casis. Director de Sostenibilidad de ESAN.
Los resultados del Ranking Merco ESG 2026 confirman que la sostenibilidad empresarial en el Perú ha avanzado de manera significativa en el ámbito formal. Sin embargo, también revelan una realidad más compleja: mientras algunas compañías consolidan estándares internacionales de gestión, el entorno institucional y ambiental del país sigue siendo vulnerable.
En los sectores con mayor exposición a mercados internacionales —minería formal, energía, banca y consumo masivo— el ESG ya no es un elemento accesorio. Se ha convertido en parte de la gestión de riesgos, del acceso al financiamiento y de la continuidad operativa. Las empresas mejor posicionadas no solo comunican compromisos; muestran disciplina en gobernanza, medición de impactos y mayor coherencia estratégica. Entienden que la sostenibilidad es condición para competir.
Pero el análisis no puede limitarse a la empresa formal. Una parte sustantiva de la degradación ambiental en el Perú —deforestación, contaminación de cuencas, expansión desordenada de la minería ilegal— proviene de actividades que operan al margen de estándares, regulación y supervisión efectiva. Esta informalidad no solo erosiona los activos ambientales del país, sino que también introduce riesgos sistémicos para la inversión, la estabilidad social y la reputación internacional del sector extractivo en su conjunto.
Incluso las empresas responsables enfrentan un entorno en el que la debilidad institucional limita la capacidad de control y en el que el deterioro ambiental afecta la confianza y la licencia social. El capital natural del Perú es un activo estratégico. Su pérdida progresiva impacta la competitividad, la productividad y la atracción de inversión. En ese contexto, el liderazgo ESG no puede medirse únicamente por rankings, sino por la capacidad de operar con resiliencia en un entorno frágil.
Hacia 2030, el verdadero diferencial no será quién reporte más, sino quién integre la sostenibilidad en las decisiones de inversión, gobernanza y cadena de valor. La presión del mercado de capitales, la trazabilidad en las cadenas globales y la mayor exigencia de transparencia harán que el ESG deje de ser reputación y pase a ser una variable financiera.
El Ranking Merco 2026 muestra que la empresa formal peruana está dando pasos importantes. El reto país es mayor: fortalecer la institucionalidad, reducir la informalidad y proteger los activos ambientales que sostienen nuestra economía. La sostenibilidad empresarial ya no es solo una agenda ética; es una agenda de competitividad.

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