El BCRP de la infraestructura es impostergable
Escrito por: Justo Enrique Cabrera Villa. Profesor del Instituto de Economía Urbana de ESAN.
Desde que el Estado “descubrió” que existían formas más eficientes de gestionar el buen término de un proyecto a través de los Juegos Panamericanos Lima 2019, entramos en una curva de aprendizaje y aplicación sumamente positiva de nuevas formas de gestión bajo el concepto de colaboración (cooperación entre las partes y de todos los actores involucrados para entregarle valor al cliente y a los usuarios). Es así como, bajo el marco legal de los contratos NEC, simples y ágiles en su conceptualización, se continuó aplicando lo aprendido en los Juegos a través de la ARCC (Autoridad para la Reconstrucción con Cambios), donde fueron más los aciertos que los naturales errores de un proceso que iniciaba.
El primer tropiezo significativo ocurrió con el cambio del equipo que lideraba esta transformación solo por cuestiones políticas, dando lugar a una espiral de errores que pretendió corregirse, seguramente con buena intención, a través de la ANIN (Autoridad Nacional de Infraestructura).
Sin embargo, la ANIN no es la única entidad dedicada a cerrar la brecha de infraestructura, que se estima en 150 mil millones de dólares americanos. Proinversión, actualmente muy fortalecida a través de diversas modalidades de participación público-privada, es otra institución que tiene una importante cartera de proyectos, y entre ambas entidades no hay ninguna relación que genere sinergia, por lo que se duplican esfuerzos y curvas de aprendizaje.
Un primer intento de diseñar una sola entidad pública que gestione todo lo relacionado a la infraestructura lo observamos hace poco tiempo, cuando se pretendió fusionar las funciones de estas dos entidades grandes junto con otras menores para unificar la gobernanza en infraestructura y desarrollarla de una manera más ordenada y eficiente. Sin embargo, la injerencia política, con sus propios intereses desconectados de una visión país a largo plazo, reaccionó inmediatamente de forma negativa, trayendo abajo una iniciativa sumamente interesante.
Esta injerencia es un antecedente que no ayuda a salir triunfadores en el reto de cerrar nuestra brecha de infraestructura, procurando mantener el modelo que beneficia a grupos de interés muy activos con lobbies.
Nuestro país viene liderando muchos campos en la industria de la construcción, no solamente a nivel regional, sino también, en muchos casos, a nivel mundial. Lo afirmo sin temor a equivocarme, especialmente en lo que se refiere a conocimientos de ingeniería y gestión aplicadas; es decir, tenemos los profesionales idóneos con la suficiente madurez y a las nuevas generaciones de profesionales que están demostrando todo su potencial, con el gran aporte distintivo de ser nativos tecnológicos y su ímpetu de estar constantemente actualizados.
Es así que la dinámica actual de la industria no solamente está en condiciones de incorporar una masa crítica de profesionales mayores, sino también jóvenes muy bien preparados, no solo en ingeniería, sino en todas las especialidades involucradas en la construcción, lo que permitiría que en nuestro país podamos dar el salto de calidad que merecemos como nación.
Perú necesita una institución sólida, similar a nuestro reconocido Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), altamente profesionalizada, meritocrática y multidisciplinaria, nacida en la Constitución Política del Estado, con su propia ley orgánica y que integre todas las modalidades posibles de inversión, como asociaciones público-privadas, obras por impuestos y similares, con especial énfasis en la gestión de la operación y mantenimiento, que es clave para garantizar el uso del activo. No podemos seguir perdiendo el tiempo y desperdiciando el enorme talento y conocimiento de nuestros profesionales, además de una inmensa cantidad de dinero.
Esta nueva institución puede, además, liderar y consolidar la función de integración del sistema vital para el crecimiento del PIB del sector construcción, constituido por la academia, la industria y el Estado, cada uno en su rol, pero en estrecha relación, lo que permitiría, por ejemplo, la utilización del nuevo conocimiento generado en la academia, bajo un marco facilitador del Estado, en la industria, permitiendo el progreso de una tecnología nacional aplicada, que luego pueda convertirse en un producto de exportación de bienes o servicios.
Quienes abogan por un Ministerio de Infraestructura deben recordar que muchas veces los ministerios son conducidos por personas sin conocimiento del sector y, peor aún, responden a favores políticos, convirtiéndolos en agencias de empleo de los gobiernos de turno. Así no iremos a ninguna parte.
La actual coyuntura, al estar a puertas de un nuevo gobierno, es el momento propicio para tomar decisiones inteligentes y maduras que permitan cerrar eficientemente nuestra brecha de infraestructura. Luego de doscientos años de República sin resultados, esta decisión de tener un BCRP de la infraestructura es impostergable.

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