Foto 1 | Incentiva tu curiosidad. Cuando viajamos a destinos lejanos, nos incorporamos en un nuevo puesto de trabajo o nos adentramos en sectores o mercados desconocidos, nos volvemos mucho más proclives a experimentar cosas nuevas 
y, por tanto, nuestra mente se abre más. Es decir, se despierta nuestra curiosidad y esta curiosidad es la que nos anima a probar novedades, a superar nuestros límites, a autorretarnos, a descubrir cosas nuevas, a disfrutar de todos los detalles y, por tanto, a estar más alerta. Luego, la rutina del día a día nos introduce de nuevo en los límites autoimpuestos y restringe nuestra capacidad de sorpresa y entusiasmo.
Oblígate, pues, a mantener esa actitud de curiosidad constante. Además de disfrutar más de lo que haces, conseguirás mantener la mente abierta a otras opciones. A nivel de equipo, una forma de mantener el espíritu inquieto de los primeros tiempos es promoviendo el trabajo por proyectos, que se renueven constantemente. Si eso no es posible, una solución es rotar los puestos.
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